30 mar 2020

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CRÍTICA DE CINE

'El lago del ganso salvaje': fascinante viaje a lo oscuro

La cuarta película del director chino Diao Yinan posee momentos en los que de ser solo una obra extraordinaria para convertirse en una del todo memorable

Nando Salvà

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El lago del ganso salvaje ★★★★★

Dirección: Diao Yinan

Reparto: Ana Asensio, Natasha Romanova, Nicholas Tucci, Larry Fessenden

Título original:  'Nan fang chen zhan de ju hui'

Países: China / Francia

Duración: 113 minutos

Año: 2019

Género: Cine negro

Estreno: 24 de enero del 2020

Sería demasiado fácil etiquetar la cuarta película del chino Diao Yinan como una mera relectura de las convenciones del 'film noir' aunque, a decir verdad, es cierto que esa revisión genérica es uno de sus objetivos y que lo cumple extremadamente bien. 'El lago del ganso salvaje' acompaña a un gánster que se ve convertido en presa tanto de quienes tratan de meterlo entre rejas como de quienes tratan de canjearlo vivo o muerto por una recompensa, y que en su huida se alía con una misteriosa prostituta; y de la mano de la pareja nos adentra en un mundo en el que todos engañan y en el que siempre parece haber un par de ojos vigilando, y que permanece envuelto de una densa bruma de violencia-a veces sugerida y a veces mostrada con todo detalle- y del tipo de fatalismo que provoca la certeza de que ninguno de los personajes acabará esta historia indemne. En el proceso, Yinan nos ofrece una deslumbrante colección de dinámicos movimientos de cámara, increíbles coreografías de lucha -incluida una en la que el arma asesina es un paraguas-y el tipo de secuencias de acción que harían a John Woo morirse de la envidia.

Pero, decimos, 'El lago del ganso salvaje' es mucho más que eso. En primer lugar, porque usa los códigos del cine criminal para ofrecerretratar la sociedad china con una implacabilidad -en pocas palabras, como un lugar azotado por la brutalidad, la corrupción generalizada y la incompetencia institucional- que los censores de aquel país no le habrían permitido a un drama realista. Y en segundo lugar, sobre todo, porque lo que más parece interesarle a Yinan es combinar los neones, y las sombras, y los colores, y los cuerpos y los objetos para crear una geografía urbana absolutamente arrebatadora, engullida en una oscuridad matizada por destellos de luz.

Lo logra especialmente en escenas como la de una persecución en moto iluminada por el rastro de los faros, o la de un baile colectivo al aire libre en el que lo que más destaca son las luces LED en las suelas de los zapatos de unos policías de incógnito, o en la de un tiroteo en un zoo en el que los fogonazos de los disparos hacen que los ojos asustados de las fieras brillen en la noche. Es en esos momentos que 'El lago del ganso salvaje' pasa de ser solo una película extraordinaria para convertirse en una del todo memorable.