22 feb 2020

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CUENTA ATRÁS DE LOS PREMIOS GOYA 2020

Mauro Herce, el fotógrafo del fuego gallego

El operador catalán opta al Goya a mejor fotografía por su sensitivo e hipnótico trabajo en 'Lo que arde', de Oliver Laxe

Beatriz Martínez

Mauro Herce, fotografiado en su casa de Barcelona

Mauro Herce, fotografiado en su casa de Barcelona / RICARD CUGAT

Mauro Herce (Barcelona, 1976) es el responsable de dos de las imágenes más impactantes y hermosas del año cinematográfico, que se incluyen en ‘Lo que arde’, de Oliver Laxe, por la que está nominado al Goya y por la que ha ganado el Gaudí. Su trabajo como director de fotografía resulta extremadamente sensitivo e hipnótico, contribuyendo a crear una experiencia profunda en el espectador. Es uno de los directores de fotografía de referencia del ‘Nuevo Cine Gallego’, pero también ha demostrado su potencia expresiva como director en ‘Dead slow ahead’.

Para él, el cine es una herramienta de pensamiento sobre uno mismo y sobre la relación con la vida y su representación. Estudió Ingeniería y Bellas Artes y pensó que el cine podía aunar ambas cosas, su perfil más técnico con el más artístico. Así que se fue a la Escuela de Cuba y allí empezó a crear una red de trabajo con compañeros que tenían intereses similares y querían modificar las reglas del cine convencional. "Apostamos por una forma de trabajo horizontal, donde todos nos involucramos en el proceso creativo, todos opinamos y colaboramos al margen de quien dirigiera. La idea reside en la voluntad de hacer las cosas un poco diferentes desde el principio, quizás porque estábamos intentando encontrar nuestro propio método para conseguir un resultado específico al margen del proceso clásico", cuenta Herce.

En la escuela se encontró con gente de todos los lugares del mundo y formaron su particular "familia de cine". Así que después de terminar su formación, estuvo rodando por buena parte del mundo, participando junto a sus compañeros en sus primeras aventuras cinematográficas. Eso propició que algunos directores como Oliver Laxe, Eloy Enciso o Alberto Gracia simpatizaran con esa manera de hacer las cosas. Herce piensa que ya no se puede igualar el cine narrativo que hacían los grandes directores de la época clásica de Hollywood, porque ahora todo va mucho más deprisa. "Se filma menos y en muy poco tiempo", comenta. "Por eso queremos aproximarnos desde otros lugares, con un pequeño equipo, filmando mucho y reflexionando sobre lo que hemos hecho. Justo al revés de como se suele hacer. Es la única manera de hacer algo vivo y de verdad".

A Herce no le importa arriesgar para conseguir esa autenticidad. Por eso durante dos veranos estuvo pendiente, junto al equipo de Laxe, para poder filmar los incendios que hubiera en Galicia. Hizo un curso de bomberos y cuando había una alerta se integraba en una de las brigadas con su cámara al hombro. "Era muy difícil porque lo que ilumina los planos es el propio fuego, te tienes que acercar a la cabeza, porque es donde se ve mejor y las llamas avanzan muy rápido. Añade el calor, el humo, el cansancio, correr por el campo sin saber dónde estás. Pero fue excitante porque tuvimos espacio para componer y experimentar".

No suele ser habitual que películas como ‘Lo que arde’ se cuelen en los Goya, a pesar del reconocimiento que obtienen en el extranjero. Para Herce es una buena noticia ya que ayuda a derribar barreras que en realidad no existen. "A mí no me gusta mucho cuando se habla del 'otro cine español' y se intenta establecer una diferencia. Hay películas con más dinero que otras, películas mejores y peores. Hay gente en la industria que está haciendo cosas muy genuinas e interesantes y también en el cine de autor hay tomaduras de pelo".

Está claro que ‘Lo que arde’ ha logrado derribar buena parte de esas barreras. Es la gran favorita de la prensa especializada y ha superado los 75.000 espectadores, convirtiéndose en la película gallega más vista de la historia. "Puede que la gente se esté cansando de las mismas fórmulas de siempre". Las imágenes que filma Herce nos introducen en un espacio a medio camino entre lo real y lo imaginario, lo hipnótico y lo fantasmagórico, como ocurre también en ‘Longa noite’, de Eloy Enciso. Por eso al director de fotografía no le gusta especialmente las plataformas de ‘streaming. "La escala de una imagen, el poder, la capacidad para comunicar y emocionar resultan fundamentales. El ‘streaming’ mata un poco las películas y al cine como experiencia colectiva".