19 feb 2020

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MIRADOR

’Els dies que vindran’, uno de los filmes que compite en la 12ª edición de los Premios Gaudí. 

Premios Gaudí 2020: creatividad y semántica

Quim Casas

La extraña (e inexplicable) bipolaridad que sigue rigiendo el cine catalán en cuestiones idiomáticas ha propiciado que dos de los mejores filmes de 2019 con producción catalana, más allá de cuestiones lingüísticas, hayan salido coronados como lo mejor del año. Si los Globos de Oro aceptan la doble categoría de mejor película dramática y cómica, y así salieron triunfadoras hace unas semanas tanto '1917' como 'Érase una vez en… Hollywood' –aunque el filme de Quentin Tarantino tiene tanto de comedia como 'Titanic' de wéstern–, los Gaudí han logrado con su división semántica que 'La hija de un ladrón' (en la que se habla parcialmente catalán, cuando es necesario según el planteamiento del relato) y 'Els dies que vindran' (hablada practicamente toda en catalán) se alcen con los galardones a la mejor película catalana del año.

Ha sido un buen año para el cine catalán. Las precariedades económicas, en cine, acostumbra a incentivar muy buenas ideas.

No está mal, porque de otro modo, sin esa división que no atañe tanto a las capacidades intrínsecas del cine como medio de expresión, sino que tiene relación con una política lingüística absurda en cuestiones cinematográficas, una de las dos habría quedado fuera de los galardones más importantes. No me cansaré de recordar que una película muda –si, muda, de 1924– como 'El último', de F. W. Murnau, no utilizó rótulo alguno para explicar nada de lo que sucedía, y el filme se entendía a la perfección. Si el cine es un lenguaje universal, debatir, repartir, dividir y fragmentar en aras de una lengua, sea la que sea, me parece un menosprecio para las capacidades (únicas) de ese lenguaje estrictamente audiovisual.

Todo esto aún da más juego si tenemos en cuenta que el premio al mejor intérprete masculino ha recaído en Karra Elejalde, actor vasco, por interpretar en un filme de Alejandro Amenábar, 'Mientras dure la guerra', al escritor español –nacido en Bilbao y fallecido en Salamanca– Miguel de Unamuno. Los criterios son los que son, absolutamente maleables y nada claros aunque haya unas reglas establecidas. Pero como se trata de otra fiesta del cine, saludemos, olvidándonos de la lengua en la que hablan, estos premios para la magnífica 'Els dies que vindran', crónica entre el documental y la ficción de un embarazo y de qué manera lo asumen la madre y el padre, y 'La hija de un ladrón', ficción con raíz documental del día a día de una muchacha de clase obrera y sus problemas laborales y afectivos para salir adelante.

Ambas, junto a 'La innocència' y 'El viatge de la Marta', muestran la buena salud artística –otros ya se encargan de cuestionar cada día la buena salud industrial– del cine catalán. Junto a estos títulos aparecen 'Liberté', realizado por el director catalán más exportable del momento en determinados ámbitos, Albert Serra; 'Ojos negros', una película cien por cien catalana pero rodada en un pueblo de Teruel, o 'El hoyo', representación de un cine de género fantástico que pese a triunfar en el festival de Sitges cotiza a la baja en este tipo de galardones. Ha sido un buen año. Las precariedades económicas, en cine, acostumbra a incentivar muy buenas ideas.