03 jun 2020

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LA MUERTE DE SCOTT LAFARO

El luto de Bill Evans

El escritor galés Owen Martell explora un episodio oscuro de la vida del pianista de jazz en una novela sobre la pérdida, las relaciones familiares y el papel de la música en nuestras vidas

Roger Roca

Owen Martell, en Barcelona, el pasado noviembre.

Owen Martell, en Barcelona, el pasado noviembre. / JORDI COTRINA

La historia es bien conocida por los aficionados al jazz. La madrugada del 6 de julio de 1961 el contrabajista Scott LaFaro murió en un accidente de tráfico en Nueva York. Tenía 25 años, mucha ambición y un talento descomunal. Diez días antes del accidente, con el Bill Evans Trio, grabó el que se convertiría en un clásico, el disco en directo 'Sunday at the Village Vanguard'. Hasta dónde habría llegado el joven contrabajista no lo sabe nadie, pero hay algo en lo que están de acuerdo historiadores, familia y allegados: para el pianista Bill Evans, líder del trío, la muerte de su compañero LaFaro fue devastadora. Tanto, que por un tiempo, Evans desapareció completamente de escena. De ese tiempo de silencio no se sabe nada. El pianista retomó su carrera meses después, pero la pérdida del amigo con el que estaba transformando el lenguaje del trío de jazz fue uno de los golpes más duros, uno de muchos, que jalonaron su vida.

"La historia de Bill Evans está muy documentada, pero en sus biografías no hay nada sobre esos meses de silencio. Un capítulo se cierra con la muerte de LaFaro y en el siguiente, Bill Evans ya está tocando otra vez. Y a mí, que me interesa su psicología, o quizás sería mejor decir su psicopatología, me pareció que hacía falta rellenar ese vacío", dice el escritor galés Owen Martell sobre su novela 'Intervalo' (Entre Ambos / Edicions 1984). 'Intervalo' no es una biografía ni un ensayo, sino una obra de ficción que toma este episodio inexplicado de la vida de Bill Evans como pretexto para explorar la pérdida, el duelo y las relaciones familiares. Un amigo le descubrió la música de Evans. "Cuanto más leía sobre él, más me fascinaba el contraste entre quien parecía ser y lo que hizo como músico. Un hombre con un aspecto absolutamente respetable que hacía una música que parecía de otro mundo, y que al mismo tiempo era un adicto a la heroína".

Martell entra en la intimidad de la familia Evans dando voz consecutivamente a cada uno de los protagonistas: primero a Harry, hermano mayor de Bill Evans y pianista aficionado. Luego a la madre, Mary, un ama de casa resignada a un matrimonio fallido y que fue la primera profesora de piano Bill y Harry. Después al padre, un hombre de origen galés con problemas de alcoholismo. Y por último, al propio Bill Evans. Todos buscan cuál es su papel en el duelo. Y en el proceso, Martell indaga en la psicología de cada uno de los personajes. En primer plano está la dificultad de tratar con alguien tan inestable y reservado como Bill Evans, y de fondo, un rosario de frustraciones personales: un matrimonio infeliz, una jubilación que sabe a derrota, un hermano que no encuentra su lugar en el mundo...

Martell insiste en que la novela, que transcurre entre Nueva York y la casa de Florida donde viven retirados los padres de Evans, no es un libro sobre la música del pianista. De hecho, apenas hay jazz en 'Intervalo', como si el duelo fuera también tiempo de silencio. "Entiendo que haya gente que después de leerla diga que no ha aprendido nada sobre Scott LaFaro o Bill Evans. Por supuesto, porque no es eso. En mi defensa, puedo decir que hacia el final vemos a Bill Evans acercarse de nuevo al piano y tocar unas notas mientras piensa en qué papel tiene la música en el recuerdo de su amigo. Porque lo que me interesaba era preguntarme en qué medida la música nos ayuda a hacer nuestras vidas mejores, o más tolerables", dice Martell. ¿Llegó a alguna conclusión definitiva? "El día que eso ocurra -dice Martell, que se declara melómano empedernido- dejaré de escuchar música. Y no quiero ni imaginarlo".

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