21 feb 2020

Ir a contenido

CRÓNICA

Lagartija Nick, belleza entre las ruinas en Apolo

El grupo granadino recorrió su último álbum, 'Los cielos cabizbajos', inspirado en las ciudades bombardeadas en conflictos bélicos, en un concierto de alta intensidad con la ayuda del coro ARSinNOVA y el 'ensemble' del Liceu

Jordi Bianciotto

Un momento del concierto del grupo Lagartija Nick en la Sala Apolo. 

Un momento del concierto del grupo Lagartija Nick en la Sala Apolo.  / FERRAN SENDRA

Trabajando con un material tan sensible como es la denuncia de las guerras y los bombardeos de la población civil, es fácil que el concepto acabe siendo más grande que las canciones, pero Lagartija Nick ha encontrado el modo de hacerlo en el punto justo de sentimiento y gravedad. ‘Los cielos cabizbajos’, su última obra, invita a un paseo por los escenarios del horror valiéndose de un material despierto, que esquiva tentaciones efectistas y despliega un lenguaje sonoro sustancioso, con furia eléctrica dosificada y un halo de pureza espiritual.

Es el disco que Antonio Arias y compañía ha confeccionado a partir de las maquetas y bocetos que dejó el malogrado Jesús, hermano del líder, fallecido en el 2015 a los 52 años. Una obra encaminada a exorcizar el dolor y el mal causados a veces por la inteligencia, con expresiones como ‘Nagasaki’, canción que, siguiendo el guion del álbum, abrió este sábado la sesión de Apolo con sus ángeles cantores (el coro de cámara ARSinNova) y las cuerdas del ‘ensemble’ del Centre Superior de Música del Liceu. Pieza que se fundió con la “sombra de la noche” encarnada por ‘Buenos días Hiroshima’, acogiéndose a un rock temperado, con sutiles brotes de electrónica y la aportación externa del piano vertical de David Montañés.

Bailando con fantasmas

Sonido sobrio, con capas y sedimentos, al servicio de piezas que transformaban el duelo en denuncia airada (‘Accion reacción’), meditación sobre las religiones (‘Europa Ío’) y danza de fantasmas con giros macabros (‘Gernika 2019’). Lagartija Nick, o Sargantana Nick, como se permitió bromear Arias en medio de tanta desolación, en formato expandido y recalando en cada una de las estaciones del álbum, con pequeños cambios de orden, y una pieza inédita, ‘Dresden’, que el grupo interpretó por primera vez y que interpretó el coro a solas.

Canciones que se bastaban y sobraban para sostener el concierto, en el que no hubo lugar para citas a otros discos ni para bises. Fueron trece piezas que nos llevaron hasta el receso de calma de ‘Ola equivocada’, con el parlamento de Che Guevara de intenciones justicieras, y de ahí a la evocación de “los Romeo y Julieta de Sarajevo”, el ‘crescendo’ a golpe de ‘Intrusos’ y la purificación de ‘Somalia’, estirada con una coda instrumental que hizo emerger la belleza balsámica entre la atrocidad. “Jesús dejó su corazón en estas canciones para abrírselo a vosotros”, indicó Antonio Arias, recordándonos a quién debíamos la inspiración primera de este viaje plasmado en el, quizá, disco más sobrecogedor del 2019.