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REFERENTE DE LAS LETRAS CATALANAS

Muere Isabel-Clara Simó, comprometida defensora de la literatura catalana

La autora, de 76 años, que sufría una enfermedad degenerativa, recibió el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes en el 2017

Anna Abella

Isabel-Clara Simó.

Isabel-Clara Simó. / RICARD CUGAT

Mujer temperamental, franca, valiente y con mucho carácter, defensora de los derechos y libertades de las mujeres y los niños y con un tenaz compromiso por “la independencia de los Països Catalans”, este lunes ha muerto a los 76 años, en su casa de Barcelona, Isabel-Clara Simó (Alcoi, 1943), firme abanderada e indiscutible referente de las letras catalanas desde que siendo una joven universitaria en pleno franquismo Joan Fuster le hizo descubrir que aquella lengua, la de Ausiàs March, que ella solo utilizaba oralmente, pertenecía a una cultura milenaria. “Y entonces, por primera vez escribí un cuento en la lengua en que pensaba y sentía. Me cayeron unos lagrimones que no podéis ni imaginar”, recordaba la veterana escritora, decana de la Institució de les Lletres Catalanes (ILC), cuando hace un par de años era distinguida con el 49º Premi d'Honor de les Lletres Catalanes. El funeral será este jueves, a las 12 horas, en el tanatorio de Les Corts de Barcelona.

Quien se consideraba a sí misma una persona “vitalista”, Isabel-Clara Simó se resistió hasta el final a dejarse doblegar por la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que se le diagnosticó hace unos años, una enfermedad degenerativa a la que, decía, había “decidido plantarle cara” sin dejar de escribir porque de no hacerlo se sentiría “muerta”. Y, prolífica y multipremiada autora de casi 60 obras a lo largo de su vida -las dos últimas las publicó el año pasado (‘Prime time. Irreverències’, en Gregal y 'La sarbatana', en Crims.cat)- había terminado la que ahora será su novela póstuma, ‘El teu gust’, que se publicará en marzo y sobre la que seguía intercambiando correos electrónicos con su editor de Bromera, Gonçal López-Pampló.      

Primero de numerosos premios

Con solo 12 años, y gracias a la gran biblioteca de su padre maestro, ya había leído a Herman Hesse y conocía bien a Pío Baroja y William Faulkner cuando llegó a la Universitat de València y entró en el círculo de Joan Fuster. Estudió Filosofía y Periodismo y de 1972 a 1983 dirigió el semanario 'Canigó' -fundado por su marido, el periodista Xavier Dalfó, con quien se estableció definitivamente en Barcelona-, desde donde luchó por la recuperación de la lengua y cultura catalanas. Fue en 1979 cuando con su primer libro de relatos, 'És quan miro que hi veig clar' ganó el premio Víctor Català, primero de muchos galardones, entre los que destacan el Sant Jordi (‘La salvatge’, 1993), el de la Crítica Serra d’Or (‘Històries perverses'), el de la Crítica dels Escriptors Valencians (‘El profesor de música’, 1998), el Trajectòria de la Setmana del Llibre en Català (2013), el Jaume Fuster (2013) o el Joanot Martorell (‘Amor meva’, 2010). 

La novela dominó entre la numerosa obra de Simó pero también cultivó la poesía (su torpeza con los versos en sus inicios la llevaron a definirse como “poetastra”), el teatro ('Cómplices', 'La visita'), el ensayo (como el homenaje a Montserrat Roig 'Si em necessites, xiula' o 'Sobre el nacionalisme'), el género negro (el festival Tiana Negra ya tenía previsto el próximo viernes rendirle homenaje), el juvenil, los guiones televisivos (serie ‘La granja’) y radiofónicos y el articulismo (en medios como 'Serra d'Or', 'El Temps', ‘Avui', 'Diari de Barcelona' y 'El País').

Literatura para pensar y sentir

Fue profesora de instituto y de la Facultat de Traducció e Interpretació de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). También doctorada en Filología Románica, fue nombrada en 1996 delegada del libro del Departament de Cultura de la Generalitat y formó parte de la ILC, institución de la que sería nombrada decana en el 2016 y que el pasado junio le rendía un homenaje. Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya (1999) y miembro de la Associació d'Escriptors en Llengua Catalana (AELC), defendía que con su escritura buscaba “crear novelas de ideas y crear atmósferas”. "La literatura es arte y el arte no sirve para nada, no es útil. La literatura es un instrumento de pensar, de sentir y de cultura”, opinaba hace un par de años quien lamentaba que la literatura catalana se hubiera profesionalizado e industrializado mucho y se hubiera potenciado lo comercial frente a la calidad. 

Compromiso con la independencia de Catalunya

Con la misma pasión con que defendió la lengua catalana la autora de Júlia (1983), mostró un firme compromiso con la lucha por “la independencia de los Països Catalans” por su situación "provincial, colonizada, arrodillada" y se consideraba una “independentista con muchas ganas de dejar de serlo” aunque puntualizaba: "El independentismo, a diferencia del feminismo o de ser de izquierdas, no es una ideología; yo no odio a España, quiero que seamos buenos vecinos, me gusta la pluralidad y la mezcla". De su postura pública surgieron en los últimos años títulos como ‘Cartes d’independència a la vora d'una tassa de te’ (2011), junto a la también fallecida Patricia Gabancho, o ‘Adéu Boadella’ (2008), clara crítica al actor por su postura contraria a la independencia. 

"Que lloren las palabras"

De las reacciones que ha generado su muerte, entre otras las del ‘president’ Quim Torra, la alcaldesa Ada Colau y Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural, destacan las de colegas de profesión como Núria Cadenes, que escribió en Twitter “Que lloren las palabras”, y la de Joan-Lluís Lluís: “Era un volcán que creía que nada, nunca, conseguiría apagar”.  

Simó, cuando recibió el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, confesó haberse sentido “rechazada y no querida” y lamentó que se la hubiera tratado siempre con “cierta displicencia y hasta rechazado por ser mujer y, además mayor, por escribir para las ‘tietes’ o historias de amor para mujeres”. Y, arropada por la popularidad entre sus lectores, esgrimió carácter: “cada bofetada me ha servido para impulsarme”.