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CRÍTICA DE CINE

Crítica de 'El faro', de Robert Eggers: la luz del fin del mundo

La segunda película de Robert Eggers es la nueva muestra de un cine fantástico distinto, telúrico, muy inquietante sin ser asustador, formalmente apasionante

Quim Casas

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El faro ★★★★

Dirección: Robert Eggers

Reparto: Willem Dafoe y Robert Pattinson

Título original:  'The lighthouse'

País: Estados Unidos

Duración: 110 minutos

Año: 2019

Género: Horror

Estreno: 10 de enero del 2020

La historias ambientadas en faros tienen siempre algo de inquietante y arcaico. Un faro es el último punto de la tierra, o la única referencia en una isla, un haz de luz a la que se agarran los marineros para salvar sus vidas cuando el mar manda los navíos hacia los acantilados. Los que viven en ese edificio alto y espigado tienden, generalmente, a perder la razón. Les ha pasado recientemente, en términos cinematográficos, a los protagonistas de 'La luz entre océanos' y 'Keepers, el misterio del faro', y 'La piel fría' era puro relato de terror, y la setentera 'La luz del fin del mundo' mezclaba misterio y aventura.

'El faro', segundo largometraje de Robert Eggers, se suma a esta tendencia. Intuimos que los dos fareros, el experimentado que encarna Willem Dafoe y el inexperto que interpreta Robert Pattinson, acabarán pugnando entre ellos en una espiral de violencia y locura, y que todo será extremadamente físico y atávico: los ropajes de los protagonistas, el maquillaje que encallece sus manos y arruga sus rostros, el sonido de las amenazantes gaviotas –hay una secuencia que no supera ni el Hitchcock de 'Los pájaros'–, los textos sacados de diarios de Herman Melville y, sobre todo, la fotografía en blanco y negro portentosa y de infinita crudeza, como la del cine de los primitivos y el cine fantástico mudo.

Eggers incide en la línea del nuevo 'horror folk' que ya practicó con 'La bruja' y coincide con el de Ari Aster, autor de 'Hereditary' y 'Midsommar'. Nuevos territorios por explorar para un cine fantástico distinto, telúrico, muy inquietante sin ser asustador, formalmente apasionante.