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HOMENAJE

Un oro para Claudio López Lamadrid

El Ayuntamiento de Barcelona entrega la medalla al mérito cultural al editor, a título póstumo

Elena Hevia

Ángeles González-Sinde, este martes en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona.

Ángeles González-Sinde, este martes en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. / MAITE CRUZ

La concesión de la medalla de oro al mérito cultural del Ayuntamiento de Barcelona le llegó este martes a Claudio López Lamadrid a título póstumo el día en que hubiera cumplido 60 años y a poco menos de un año, fue el 11 de enero, de su repentina muerte. El que fue el grupo con el que cimentó su prestigio de gran editor, Penguim Random House, acudió al completo al acto en el Saló de Cent, con Núria Cabutí a la cabeza, pero también se vio a algunos autores  (Manuel Vilas, en Barcelona como galardonado consorte,  o el excéntrico Bob Pop) y editores barceloneses (Daniel Fernández). Los hijos de Lamadrid, Jacobo y Jimena, recogieron la medalla de la manos del teniente de alcalde de Cultura, Joan Subirats, en sustitución de la alcaldesa Ada Colau, ausente por la investidura de Pedro Sánchez.

Fue su pareja, Ángeles González-Sinde y su amigo del alma, el crítico Ignacio Echevarría, junto a la escritora Elvira Navarro, quienes trajeron un evocación poco convencional –tal y como era él- de su figura en un acto emotivo que mostró al profesional con más premios Nobel en su catálogo, preocupado por tender puentes hacia América Latina a partir de una estructura en red y no radial desde Barcelona, descubridor para España de los nombres más importantes de la nueva narrativa norteamericana y de los alevines de las letras españolas gracias a sellos como Caballo de Troya, que él reinventó en los últimos años.  Navarro le retrató en  su vocación de editor de siempre volcado en el autor y en los textos, pero lejos de ser un intelectual encerrado en su oficina (fascinantemente caótica):  “Comprendió bien los importantes cambios que estaban ocurriendo en el sector con la aparición de internet y las redes sociales”. Las fotos que colgaba en Instagram con sus autores son todo un género que lo retrataba doblemente.

¿Le habría gustado?

El amigo desde la primera juventud, Echevarría, se preguntó qué hubiera pensado Lamadrid en el caso improbable de que el Ayuntamiento hubiera decidido ofrecerle esta medalla en vida, a despecho de su juventud y los agravios comparativos (Herralde con sus 80 bien cumplidos la tuvo el pasado año). Mucho se temió que en esa tesitura el editor pusiera en práctica su “refinado arte para desaparecer” en situaciones que le incomodaban o directamente le aburrían. “Creo que finalmente se lo hubiera pasado bomba decidiendo donde se sentaría cada uno utilizando un malévolo sistema de prioridades y distinciones que pasado un rato se hubiera saltado con un acogedor que venga quien quiera”.  La pantalla desde el fondo del Saló trajo la voz del añorado editor, a quien “le correspondió desarrollar su trabajo en un ámbito completamente transfigurado por la creciente concentración editorial y la tecnología digital”, en un audiovisual creado por Leopoldo Pomés, hijo. 

El momento más emocionante de la velada fue sin duda el de las palabras de González Sinde que se mantuvo entera hasta prácticamente el final leyendo el texto que este lunes aparecía en la sección de Opinión de este diario, 'Retrato parcial de Claudio', en el que dio fe de sus ya legendarias contradicciones: “Inconstante y a la vez leal, temperamental y contenido, podía ser duro y a la vez cedía fácilmente. Acumulaba metros y metros de libros pero no tenía apego a ninguno”.

Temas: Libros