14 jul 2020

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SEVILLA, SIGLO XVI

El mito de La Garduña, la primera mafia del mundo, revive en 'La Peste'

Los académicos niegan la existencia de la legendaria sociedad criminal ligada a la Inquisición que la serie española ha vuelto a poner de actualidad

Mauricio Bernal

Un fotograma de la segunda temporada de ’La Peste’.

Un fotograma de la segunda temporada de ’La Peste’. / JULIO VERGNE

De La Garduña se ha dicho que fue la sociedad criminal más longeva de Europa. Que era una hermandad secreta. Que fue creada en Toledo en 1412 y que conoció su época de mayor prosperidad en la Sevilla del siglo XVI, esa ciudad convertida en la capital de Occidente por su privilegiada condición de puerto de enlace con las Américas. Se ha dicho que llegó a tener tentáculos en Argentina, Perú, México y Brasil. Se ha dicho, incluso, que las tres principales organizaciones criminales de Italia, la Camorra, la Cosa Nostra y la Ndrangheta fueron creadas por tres hermanos garduñeros que naufragaron en el siglo XV frente a las costas de la isla de Favignana: Osso, Mastrosso y Carcagnosso. Ha sido durante siglos tema de conversación, tema de libros serios y menos serios y de artículos de prensa, y vuelve a serlo ahora que una serie de televisión española la ha devuelto a la actualidad. Es difícil escapar a su poder de fascinación.

Su relación con la Santa Inquisición, su estructura gremial, su Gran Maestre, sus 'punteadores' y 'floreadores' han seducido a la imaginación popular durante siglos

'La mano de La Garduña' es el subtítulo de la segunda temporada de 'La Peste', la serie de Movistar+ ambientada en la Sevilla convulsa y vibrante de finales del siglo XVI. La peste era bubónica –o negra– en la primera temporada; en la segunda es la sociedad –o hermandad– secreta y criminal. "El descontento social crece y cristaliza en el nacimiento de La Garduña, el crimen organizado, que ha tomado el control de la ciudad", se lee en la web del canal. Aquí está de nuevo, la magnética Garduña, prolongando su relato más allá de los albores del siglo XXI, y aquí está de nuevo la pregunta que la ha importunado desde siempre: ¿existió en verdad la susodicha sociedad? Es tal el amor por el detalle en los pilares que sostienen el relato –la existencia de un Libro Mayor, de una lista de principios rectores, de una jerarquía piramidal cuyo cénit era el Gran Maestre– que es difícil dudar. Sin embargo, quienes han estudiado el tema sostienen que es una gran ficción. Una grande y maravillosa ficción, pero una ficción.

'Fake news'

"No hay ninguna constatación de tipo documental de su existencia, y más bien las hay de todo lo contrario", dice Juan José Iglesias, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Sevilla. "Se supone que tenía una implantación enorme, pero lo cierto es que no hay un solo documento que avale su existencia. Todo está muy bien construido, pero no hay documentos". El escritor León Arsenal y el profesor de Historia Antigua de la Universidad de San Pablo Hipólito Sanchiz se tomaron el trabajo de buscar esos improbables documentos para el capítulo dedicado a La Garduña de su libro 'Historia de las sociedades secretas españolas' (Sepha), y llegaron a la misma conclusión: "Es una muestra de lo que antes se llamaban paparruchas y ahora se llaman 'fake news'", dice Arsenal. "No solo es una leyenda", dice Sanchiz. "Es un mito fabricado y cocinado convenientemente en una época en que era habitual cocinar esos mitos. Para mí es el equivalente español del Código Da Vinci".

"Es una muestra de lo que antes llamaban paparruchas y ahora se llaman 'fake news'", dice León Arsenal, coautor de 'Historia de las sociedades secretas españolas'

Antes de desmontar el mito, hay que conocer el mito. La Garduña, según el relato que ha perdurado hasta nuestros días, era una sociedad criminal clandestina que actuaba según sus propios intereses pero también "como brazo irregular de la Santa Inquisición", según el libro de Arsenal y Sanchiz. La alianza les proporcionaba impunidad en lo que tocaba a sus actividades delictivas: robos, secuestros y asesinatos. El ya citado Gran Maestre presidía un directorio secreto –la cúpula de la organización– cuyas identidades solo conocía él. "Este hermano mayor solía residir en Toledo y se señala que por lo normal era hombre de alcurnia", reza el volumen. La clase obrera de la Garduña se dividía entre 'punteadores' (asesinos), 'floreadores' (ladrones), 'soplones' (informantes), 'chivatos' (aprendices y ayudantes de los 'punteadores') y 'sirenas', el ala femenina de la sociedad, "que tenían como misión atraer a los lugares propicios a las víctimas señaladas". Todo estaba perfectamente organizado.

Buen ojo, buen oído, poca lengua

La mayor parte de los nueve principios rectores –los estatutos– se referían a la forma de operar de la organización, pero el artículo primero era de orden más general. Decía: "Pueden pertenecer a la Hermandad de La Garduña todos los hombres que posean las siguientes cualidades: buen ojo, buen oído, buenas piernas, poca lengua". Como conviene a una sociedad criminal. La Garduña, según la leyenda, operó impunemente durante siglos hasta 1822, cuando el entonces Gran Maestre Francisco Cortina y 16 cofrades fueron ejecutados en Sevilla. Todo documento que probara la existencia de la sociedad –y, casi por extensión, de su criminal relación con la Santa Inquisición– fue quemado. De ahí que hoy en día no se encuentre nada.

El mito se cimentó en un libro publicado en 1845 por Víctor de Fereal, 'Misterios de la Inquisición española y otras sociedades secretas'

Hay más, pero esto es lo esencial.

Probablemente tan fascinante como el mito en sí es la historia de cómo nació, se asentó y se volvió perdurable. Tanto el catedrático Iglesias como Arsenal y Sanchiz apuntan a la novela de un tal Víctor de Fereal, 'Misterios de la Inquisición española y otras sociedades secretas', publicada en 1845 –"una novela que responde a un gusto muy de la época por las narraciones truculentas sobre las atrocidades, reales o supuestas, de la Inquisición", escriben Arsenal y Sanchiz– como el origen de todo. "Es un 'thriller' esotérico, el típico folletín de malos muy malos y buenos muy buenos", dice Sanchiz. "Y el caso es que todos los libros que hablan de La Garduña remiten a esta obra", explica. "Se repitió la historia de un autor a otro de forma absolutamente acrítica", añade Arsenal, "y poco a poco se fue dando por cierta su existencia".

Un pie de página

El libro de Fereal –un seudónimo– contiene una anotación a pie de página de un Manuel de Cuendías donde explica que él mismo detuvo al Gran Maestre Cortina y entregó la documentación incautada a las autoridades de Sevilla. Y eso es todo. Un libro y un pie de página son el único fundamento de un mito que ha traspasado las fronteras temporales y espaciales y ha llegado intacto –poderoso y seductor– hasta nuestros días. Lo cual, en estos tiempos de noticias falsas y verdades a medias, tampoco debería extrañar tanto.

"La principal razón de que haya perdurado tanto es que conecta con una verdad, y es que la Sevilla del siglo XVI tenía unos bajos fondos notables", dice el catedrático de la Universidad de Sevilla Juan José Iglesias

"Creo que la principal razón por la que ha perdurado es porque conecta con una verdad, y es que la Sevilla del siglo XVI tenía un hampa y unos bajos fondos notables –dice Iglesias–. De principio a fin de siglo pasa de 40.000 a 150.000 habitantes, se llena de gente de todas las procedencias y da lugar a unos contrastes muy agudos entre ricos y pobres. Eso quedó retratado en la literatura. Y luego está, por supuesto, esa capacidad que tienen las construcciones fabulosas para seducir el imaginario colectivo". Iglesias cree que ha sido fundamental en la propagación del mito de La Garduña su conexión supuesta con la Santa Inquisición, pues exuda algo que siempre ha tenido su sucio encanto: el morbo.

Un 75% de ficción

 El creador y guionista de 'La Peste', Rafael Cobos, apunta en una dirección similar a la del catedrático cuando afirma que la Garduña "es un fenómeno literario con un trasunto real". "Aunque La Garduña con nombre y apellidos no existió -dice-, es difícil de creer que no haya habido organizaciones criminales en la Sevilla de aquella época". Cobos explica que en la serie hay "un 75% de ficción" en lo que toca a la sociedad criminal, y que del mito literario adoptó elementos como "la estructura gremial y la relación con la Iglesia". Sobre la posibilidad de que 'La Peste' sirva como perpetuador de esto que muchos tienen por verdad, reconoce: "A veces las cosas solo tienen que salir en televisión para que la gente se las crea. Por otra parte, es inevitable que el rigor de la primera temporada se contagie a la segunda".

Como todo mito, el de La Garduña está hecho de versiones, y aunque algunos apuntan al año de 1412 como el de su nacimiento, otros (por ejemplo Arsenal y Sanchiz) van más atrás, hasta el siglo VIII, cuando la llegada de los musulmanes a la Península. La Garduña, explican, habría nacido como herramienta contra la invasión. Por tanto, a los 'garduñeros' se les inculcaba que su origen era semidivino: descendían de los elegidos por Dios para limpiar a España de infieles.

Un mito magnífico. Pero mito, al fin y al cabo.

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