07 jul 2020

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CRÓNICA DE ÓPERA

Esperpento, 'procés' y monarquía

El Oracles Theatre estrena la ópera bufa con trasfondo político 'Històries d'una reina embogida'

Pablo Meléndez-Haddad

Un momento de la representación de ’Històries d’una reina embogida’ en el Oracles Theatre

Un momento de la representación de ’Històries d’una reina embogida’ en el Oracles Theatre / PABLO MELÉNDEZ-HADDAD

Crear una ópera es una tarea colosal porque la complejidad de este género músico-teatral implica tantas aristas que hacen de esta tarea una empresa quijotesca por su envergadura y viabilidad económica. Ante tanta sequía florecen óperas de cámara que permiten a creadores e intérpretes canalizar su vocación. Ejemplo de ello son estas ‘Històries d'una reina embogida’ con música y libreto de Agustí Charles, un monodrama (en realidad, una ‘impro-ópera’ bufa) para un solo cantante y dos músicos-actores.

La obra, de trama surrealista y con un libreto que habla de los delirios de su protagonista y del deseo del autor de describir la sociedad imaginada, se ambienta en una Barcelona del futuro en la que el 'procés' vive incólume en la mente de la triste protagonista, una exreina de España relegada al cautiverio tanto por las insidias e intrigas de su propia familia como por clamor republicano.

Valiéndose de la un piano, de un ‘ePad Wood’ –un multi-instrumento de percusión– y de varios programas informáticos que distorsionaban tanto la voz de la cantante como los instrumentos, Charles construye un universo sonoro muy acorde con las alucinaciones de la Reina, consiguiendo, con una amplificación tan evolvente como discreta, una atmósfera óptima. Y si la trama era disparatada, el libreto lo era más todavía, con frases inconexas que, paradójicamente, conectaban unas escenas que iban describiendo los sentimientos y las alucinaciones de la protagonista enmarcadas en un futuro que arrancaba sonrisas al ser un reflejo esperpéntico de la actualidad. La fantasiosa creatividad del libreto, en todo caso, más que mover a la risa –pretendía ser bufo– en muchos momentos tendía también al desasosiego.

El experimento funcionó al contar con una entregada y concentrada intérprete como es la mezzosoprano Marta Fiol, que supo integrar la locura de su personaje a su canto y a sus poder expresivo, acompañada de una brillante Lluïsa Espigolé al piano y a la percusión –en su disfraz de monja embarazada–, y con el propio compositor ataviado con un hábito de sacerdote de alto rango desde la mesa de mezclas. Cómplice del éxito fue la propia sala del Oracles Theatre, en el que la interacción con el público fue también fundamental.

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