07 jun 2020

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CRÍTICA DE LIBROS

'Nuestra parte de la noche': un miedo difuso

Ganadora del Premio Herralde de Novela, Mariana Enríquez entrega una obra estructuralmente compleja donde las fronteras entre lo real y lo irreal se desdibujan

Ricardo Baixeras

Mariana Enríquez, autora de ’Nuestra parte de la noche’

Mariana Enríquez, autora de ’Nuestra parte de la noche’ / SERGI CONESA

John Berger afirma que aquello que nos hace humanos es nuestra capacidad de convivir con nuestros muertos. El romanticismo oscuro, los poetas malditos, el verso dañino de la Dickinson o laspresencias fantasmales que ocupan casa tomada de Cortázar, el 'Aleph' de Borges o los pesados muertos que sostienen el aire detenido de Comala son ejemplos paradigmáticos de todo ello. Es cierto, la escritura de Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) crea su propia senda particularísima, pero pertenece también por derecho propio a esa tradición.

Enriquez ya dio muestras más que suficientes en 'Los peligros de fumar en la cama' y en 'Las cosas que perdimos en el fuego' que su escritura creaba escenas inquietantes con personajes de doble filo, bañándose dos veces en el mismo río, personajes que cruzan la vida rescatando las astillas arenosas una muerte certera. Ahora, alzándose con el Premio Herralde de Novela, entrega un texto de casi 700 páginas para decir que debe –y puede- sostener el pulso narrativo de una historia de largo aliento, un texto estructuralmente complejo, que juega seriamente con el tiempo, con las idas y venidas de una ficción que es, si se quiere, fantasmal porque de lo que se trata es de poder dar cuenta de un miedo que “era difuso” y de una Orden secreta -“un dios salvaje”-, y de un lugar innombrable en el que están padre e hijo, Juan y Gaspar. Dar cuenta de un viaje que atraviesa Argentina y la resquebraja y ve cómo sangra, un viaje a la semilla histórica de la maldad y de las luchas de poder, un recorrido por los desaparecidos por la dictadura militar. Un vieja al centro infernal de las familias.

La muerte y la vida

Entonces un libro en el que las fronteras entre lo real y lo irreal se desdibujan “porque no hay tanta diferencia entre la muerte y la vida.” Y porque el desmoronamiento que atraviesa todo la novela es una lucha denodada por encontrar una grieta, la puerta de salida convertida en el hueco de entrada a la inmortalidad, tema secreto de todo el texto, que se abre con una cita capital inicial de 'La invención de Morel': “Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria: retener vivo todo cuerpo. Solo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia” Y es así que este libro es también un hondo pesar en busca de una conciencia que se quiere inocente porque aspira a traspasar al otro lado del espejo.

Con un caudal imaginativo poderoso, 'Nuestra parte de noche' se erige en una 'summa' de arquetipos que no se pliega a la literatura de género y que se cierra sobre sí misma en una página final que recuerda tanto a la visión periférica y panóptica del aleph borgeano en busca de un tiempo que contiene a la vez su memoria: “Vio un planeta negro sobre el río. Vio a su abuela sin labios y sin nariz. Vio velas en el bosque y a una joven en cuatro patas caminando sobre huesos. Vio a hombres y mujeres corriendo, todos mutilados… Vio un torso pálido en un campo de flores amarillas”. 

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Nuestra parte de noche

Mariana Enríquez 

Anagrama 

680 páginas 

21,75 euros 

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