18 sep 2020

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CRÓNICA

Todopoderosa Rosalía

La cantante de Sant Esteve Sesrovires deslumbró con su carisma escénico en un concierto que fundió la oscuridad del álbum 'El mal querer' con la efervescencia de sus éxitos latinos

Jordi Bianciotto

Rosalía deslumbra en su primer concierto en Barcelona. / FERRAN SENDRA / VÍDEO: EFE

Después de la discusión infinita y del ruido generado por su obra y su proyección global, nos topamos este sábado con el principio y final de todo: la artista, figura de escenario distinta a todos, cantante que detiene el tiempo con inflexiones que salen de muy adentro e inventora de un estilo musical a la vez vanguardista y popular, 'cool' y con capas de cultura ancestral. Rosalía total, imperativa y con aura mística, aguantando todas las miradas durante la hora y 20 minutos que se extendió este sábado el primero de sus dos conciertos en el Palau Sant Jordi.

Espectáculo sugerente en el terreno plástico, precedido por un 'bailaor' de altos vuelos, el Polito, que preparó el terreno. Cuerpo de baile y palmeros deslizando encuadres inéditos en nombre del arte flamenco, y la silueta de El Guincho, con sus máquinas, en el flanco derecho. Pero en el centro de todo estuvo siempre Rosalía, una artista capaz de hacer de una obra oscura como 'El mal querer' un pelotazo comercial y uno de los referentes más influyentes de la nueva música. Este álbum publicado hace algo más de un año puso, como en el Primavera Sound, la columna vertebral del concierto, si bien esta vez se sumaron al repertorio canciones procedentes de ese reguero de 'singles' que lleva su propia guerra.

Hacia el lado oscuro

Tras el arranque de 'Pienso en tu mirá' con su fondo de órgano de iglesia, inicio del viacrucis emocional de la novia que se enfrenta al lado más oscuro de la vida matrimonial, entraron las tramas electrónicas violentas de 'A palé', una canción de este año que extrema las apuestas sobre el rumbo que tomará Rosalía en adelante. 'A madrugá', la cita con James Blake de 'Barefoot in the park', y 'Que no salga la luna' nos adentraron en un paisaje audiovisual denso, sin las concesiones ordinarias de los grandes espectáculos. Lo suyo podrá ser o no ser flamenco, pop o música urbana, pero hay que ver su poderío como 'cantaora' en esa 'Catalina' que entonó 'a cappella', jugando con las pausas dramáticas ante un Sant Jordi en vilo, como si fuera una artista con 30 años de carrera. 

Después de muchos meses de gira, viniendo ahora de Londres y de París, Rosalía pudo dirigirse al público tanto en catalán como en castellano, asegurando estar "'molt feliç'" de estar en su ciudad. "'Déu meu del cel, tanta gent, quin honor!'", exclamó con esa vocecita candorosa que sabe poner a veces, mientras oteaba el horizonte del Sant Jordi. 

Entre billetes de cien

Rosalía entregada a la liturgia y a la emoción más honda en piezas de complexión minimalista, que integran tramas rítmicas angulosas y polifonías aventuradas. 'De aquí no sales' y el camino que condujo hasta 'Bagdad', insinuando el rezo. Y Rosalía despendolada, la de 'Milionària', su canción en catalán, con su lluvia de "'bitllets de cent'" en las pantallas de vídeo, que conectó con su reverso, "Dios nos libre del dinero". Soltando el nombre de Barcelona aquí y allá, como recordándose a sí misma dónde estaba, tuvo palabras para su profesor de canto en el Taller de Músics, Chiqui de la Línea. Agradecimiento rotundo: "Yo no sabía nada, y él me lo enseñó todo".

Las canciones de mayor fundamento rítmico, en el tramo final, de la mirada a J Balvin de 'Brillo' al festín reguetonero sin complejos de 'Con altura', apuntando a un bis que, consumado el recorrido al álbum con 'A ningún hombre', culminó con la canción con la que empezó todo, o casi. "Barcelona, 'si te la saps', cántala conmigo", invitó en bilingüe antes de regresar al tenso 'tempo' de 'Malamente', con su turbio presagio y su coreografía orgullosamente poligonera desplegada en el Sant Jordi como última escena de un espectáculo que ya ha hecho historia.

LAS RAÍCES: Simpatía por el tabú

Rumba 'taleguera', quinqui o de arrabal. Esta música ha pirrado siempre a Rosalía, como dejó claro, por ejemplo, cuando en la última gala de los Goya osó darle un inédito tratamiento coral a 'Me quedo contigo', de Los Chunguitos. En esta gira incluye nuevos guiños a este imaginario, empezando por ese 'Ni más ni menos', de Los Chichos, que sonó como música ambiental justo antes de que saliera al escenario. Estas cosas nunca son casualidades. 

Luego, a lo largo del concierto, además de cantar a Las Grecas, lanzó un guiño a 'Cositas del ayer', del valenciano Parrita, una canción portadora de un imaginario cultural muy tradicional. Rosalía bebe de estas fuentes que corren por debajo del radar tanto 'mainstream' como alternativo. Muestras de su gusto por la música que apela a sedimentos culturales ocultos, a ese "tabú" que, según dijo hace poco, está también presente en las canciones de Estopa y que en sus manos salta a la esfera ultramoderna.


 

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