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CRÓNICA DE ÓPERA

Violencia machista en el Liceu

Aclamada la cinematográfica versión de 'Cavalleria rusticana' y 'Pagliacci' de Michieletto

Pablo Meléndez-Haddad

Roberto Alagna y Elena Pankratova, en un momento de la representación de ’Cavallria rusticana / Pagliacci’ en el Liceu

Roberto Alagna y Elena Pankratova, en un momento de la representación de ’Cavallria rusticana / Pagliacci’ en el Liceu / A. BOFILL

La vida y el teatro son dos realidades que se tocan y que en este montaje se rozan más todavía, como un juego de espejos, con la violencia machista como nefasta energía que mueve los hilos de la trama de las dos óperas que conformaban el programa. Por eso el Liceu anunció su condena antes de que se levantara el telón para presentar una puesta en escena realista y cercana de Damiano Michieletto. Su trabajo se caracteriza por una estética contemporánea y descontextualizada de la ambientación original para trasladar la acción a tiempos modernos, convenciendo por su detallismo. Así se refleja en esta propuesta de ‘Cavalleria rusticana’ (Cav) de Mascagni 'Pagliacci' (Pag) de Leoncavallo, cumbres del ‘verismo’.

Premiada con el Laurence Olivier en Londres en el 2016, la producción de Michieletto coge a los personajes de ambas obras y las pone en el mismo pueblo del sur de Italia. Poco importa si se está en Sicilia (Cav) o Calabria (Pag) o si es Pascua (Cav) o ‘Ferragosto’ (Pag), porque lo que se muestra son personajes latinos universales que beben del cine realista italiano. De hecho el ‘flashback’ de Cav tiene mucho de cine.

El caso es que todo cuadra casi como por arte de magia, con mucho trabajo de movimiento escénico y de actuación, con una genial escenografía y un entregado Cor del Liceu, muy convincente. Y como la idea es que los personajes de las dos óperas se mezclen, jugó en contra que los intérpretes de Turiddu y Alfio (Cav) sean también Canio y Tonio (Pag). Por suerte se contaba con grandes cantantes: Roberto Alagna estuvo soberbio como Turiddu y Canio, trágico y lírico, expresivo y emocionante, mientras que Gabriele Viviani aportaba energía y una voz de generoso caudal como Alfio y Tonio. La Santuzza de Elena Pankratova sumó una voz hermosa y siempre conmovedora, aunque rayando sus límites. Fantástica la vital Mamma Lucia de Elena Zilio, y en su punto la Lola de Mercedes Gancedo.

En ‘Pagliacci’, más compleja desde el punto de vista escénico y cuyo segundo acto es una representación teatral, al espectacular Canio de Alagna –fue ovacionado– se sumó su esposa en la vida real, Aleksandra Kurzak, como una poderosa, madura y bien dibujada Nedda, mientras que no se entendió que se contratara al inaudible Duncan Rock como Silvio, notoriamente incómodo. Completó el reparto el siempre a punto Vicenç Esteve como Beppe.

La Simfònica del Liceu contó con la guía de Henrik Nánási. Su tarea no era fácil, ya que el ‘verismo’ implica una orquesta explosiva y sin clemencia, junto a las constantes intervenciones del coro. Todo lo manejó con eficacia y los cantantes se vieron cómodos casi siempre, aunque los populares momentos instrumentales, como el Intermezzo de Cavalleria, esta vez no sonaron a gloria.

Temas: Ópera Liceu