10 jul 2020

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talento de la música urbana

Morad, el don nadie de platino: "Si voy a los Grammy, iré en chándal"

El joven artista de L'Hospitalet cierra con un Disco de Platino un vertiginoso año que le sitúa como el gran fenómeno musical del momento

Sus letras sobre sus vivencias crudas, paso por un centro de menores incluido, interpelan a un público que ha encontrado en él por fin a un referente

Ignasi Fortuny

El rapero Morad, en su estudio de L’Hospitalet de Llobregat

El rapero Morad, en su estudio de L’Hospitalet de Llobregat / JORDI COTRINA

Dice el poema de Eduardo Galeano: "Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada; los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre; muriendo la vida, jodidos, rejodidos: que no son, aunque sean".

Morad, un chaval de 20 años de ascendencia marroquí del barrio de La Florida de L'Hospitalet de Llobregat, viene de no ser "nada, nada, nada", dice. Y de eso hace menos de un año, cuando empezó a cantar. Ahora, convertido en la voz de la calle, de la marginalidad, del gueto, de aquellos a los que se mira de lado, de 'los nadie', es el gran fenómeno de la música urbana en España. Un año de vértigo en el que, obvio, han cambiado cosas pero a la vez todo sigue igual. "De lo que más orgullo siento es de que ahora el barrio se ha hecho más abierto. La gente conoce el barrio, de dónde vengo", expone. Y comenta risueño que el trato a él y sus amigos ha cambiado en según qué lugares: "En mi puta vida me han dejado entrar en chándal en ningún lado y ahora me la paso cantando en todos los sitios en chándal. Si vamos a los Grammy, iremos en chándal".

Sin embargo, hay cosas, según cuenta, que no cambian: "La única policía con la que tengo problema es la de aquí. Ahora estoy mucho tiempo fuera, pero cuando estoy aquí, alguno tiene que hacer la gracieta. En las canciones hablo de cómo nos han tratado, es solo música, al fin y al cabo. De momento, no es ilegal cantar lo que yo canto". "Ahora que uno hace las cosas bien, me gano mi pan, no hago nada malo, ¿por qué me tienen que dar peor trato que cuando hacía las cosas mal?", pregunta. 

"De lo que más orgullo siento es de que ahora el barrio se ha hecho más abierto"

Morad

Rapero

Morad, que cimenta su música en letras sobre sus vivencias crudas -paso por un centro de menores incluido- y que suena como la potentísima escena de rap francés de hijos de la inmigración, crece a una velocidad que cuesta controlar. Buen ejemplo de ello es la reciente gira de conciertos que ha hecho por España.

Diseñada con precaución -eran sus primeros directos- para ocho ciudades, han acabado siendo 20 y, en algunos casos, con cambio de sala para ampliar el aforo. En todos lados agotó los billetes (entre 300 y mil entradas, dependiendo de la localidad). "Lo mío es lo más natural que hay ahora, lo más orgánico. Yo estoy sonando porque la gente quiere que suene, no estoy haciendo nada para sonar", expone sustentándose en el millón y medio de oyentes mensuales que tiene en Spotify o los 154.000 suscriptores en Youtube (hace seis meses tenía 37.000). Este viernes actúa en la sala Salamandra, en su ciudad ('sold out' hace semanas). "Es el día que he esperado todo el año". 

Morad y, en primer término, el productor Vato en su estudio, en L'Hospitalet / JOrdi cotrina

Otro ejemplo de su meteórico inicio de carrera es que uno de sus temas, 'A escondidas' (producido por $kyhook), fuera Disco de Oro en el momento de la entrevista y días después se haya convertido ya en Disco de Platino. Morad ha pedido tres copias del galardón: una para su casa, otra para el estudio y una tercera para "el bar de la María". "A día de hoy es el sitio donde mejor estoy, donde más cómodo me siento. Así todo el mundo del barrio que vaya a comer o a tomar algo allí verá uno, dos y, si Dios quiere, la pared llena", ambiciona Morad. Responde María, jefa de "el bar de la María" y vecina del barrio: "Con este gesto demuestra lo humilde que es. Lo que hace, lo hace por los que le rodean. Si tiene que echar un cable a alguien se lo echa. Porque el chaval ha pasado lo suyo también". "Aquí todo el mundo está con él", añade. 

El poder del relato auténtico 

Morad separa a su público en dos: "Los que no lo han vivido y les ha gustado porque piensan que he dicho lo que hay" y "los que lo han vivido". "Yo lo hago mucho por los que lo han vivido, ellos lo sienten de verdad", explica. Se refiere a las muchas caras que se invisibilizan de una realidad poliédrica. Y, más concretamente, a los que como él han pasado por centros de menores. "Mi experiencia fue mala. Veía mucho daño a los chavales, los dejaban mal... Como yo he salido cantante otro podría haber sido otra cosa. Éramos muchos con futuro ahí", expone. Y remata: "Lo pasas mal porque es un tiempo que te hacen estar fuera del sistema, no te puedes adaptar hasta que salgas. Te hacen sentir que ya se ha acabado todo. Y no puedes pensar con 15 años que la vida se ha acabado, que no vas a ser nada". 

Sus canciones han interpelado a un público que ha encontrado en Morad al fin a un referente. Su productor, Vato, lo cree así: "Es lo que necesitaba mucha gente con la música, identificarse. Sobre todo por los ritmos y los contenidos de las letras, que son lo que viven en su día a día". Todo esto lo ha comprobado Pau Llonch, miembro de la cooperativa Versembrant, que hace intervenciones educativas con rap en institutos y Centres Residencials d'Acció Educativa (CRAE), donde se da acogida a menores tutelados: "Es un mensaje y una forma que aún no existían en el mundo de la música urbana. Hay una buena parte de nuestras comunidades que muchas veces no se ha sentido interpelada por razones lingüísticas, de origen, etcétera. Con Morad he constatado que la mayoría se sienten superidentificados, y esto es un mecanismo superpotente para generar valores de orientación en la vida". "Lo novedoso de este fenómeno es que interpela a una gente que hasta ahora no se sentía muy interpelada por la música. Y también que nos hemos dado cuenta y que el que la produce es de aquí", añade Llonch.

"Interpela a una gente que hasta ahora no se sentía muy interpelada por la música"

Pau Llonch

Miembro de la cooperativa Versembrant

Morad es consciente de la fuerza de su música, que recientemente ha dado un par de sopapos al sistema educativo ('Profesores') y al entramado de la justicia juvenil ('Aguantando'): "Ahora veo que tengo mucha más voz y sé que tengo que mandar los mensajes claros, bien hechos, no fuera de lugar, siempre con la misma mentalidad que al principio". Unas canciones que llegan transparentes, auténticas. "Una de sus virtudes es que es real, y eso en un mundo donde la industria es cada vez más importante, el márketing es más importante, se valora muchísimo", opina Llonch. Una industria que el de L'Hospitalet sueña llena de "chavales de la música de la calle".

Morad tiene ahora proyectos grandes, gigantes, entre manos. A principios de años sacará su segundo álbum, empezará a preparar un muy ambicioso tercer disco y después subirá al gran tiovivo de los festivales de música con numerosas fechas ya confirmadas. En casa, a lo grande, pues estará en la próxima edición del Sónar. Sobre las ofertas que recibe de discográficas dice: "A mí nunca, nunca, nunca se me han abierto los ojos por el dinero. Todo lo que enseñan ahora yo ya lo podía haber visto, no me impresiona". La calle es de platino.