03 jun 2020

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ENTREVISTA

Clara Peya: "Veo poco compromiso en la música"

La creadora barcelonesa publica 'Analogia de l'amort', un disco de piano que interpretará en directo una sola vez en la sala Utopia 126

Jordi Bianciotto

Clara Peya, fotografiada en Barcelona

Clara Peya, fotografiada en Barcelona / MANU MITRU

El pasado verano, Clara Peya decidió bajarse del mundo, dejar el móvil en modo avión y marchar a una casa de la montaña, en el Moianès, a regenerarse. Del vínculo que creó allí con un piano de pared nace ‘Analogia de l’amort’, álbum casi enteramente instrumental que interpretará en directo una sola vez, "naciendo y muriendo el mismo día", este viernes en la sala Utopia 126, de Poble Nou.

Un disco que nadie se esperaba, ni siquiera usted.
Pues no, pero ha sido una necesidad. Refleja el resumen de este año bastante difícil para mí, en el que he necesitado hacer una ruptura.

Ha recibido reconocimientos, entre ellos el Premi Nacional de Cultura.
He sentido mucho reconocimiento y también mucha vulnerabilidad. El premio, y el trabajo con Les Impuxibles en torno al diagnóstico y el estigma, poniéndome en primera persona, como objeto del diagnóstico. Ha sido algo ‘heavy’. Necesité estar tres meses sin hacer entrevistas, mirando el teléfono solo dos veces al día, alejándome de las redes... He estado mucho en la montaña. Me ha costado, pero lo que realmente cuesta es encontrarte contigo misma. Pero esta sociedad consumista y capitalista no nos lo permite. Entonces, ¿qué pasa cuando estás en un lugar donde no hay nada aparte de mucha montaña, trato humano y actividades distintas a las habituales, como andar 14 kilómetros por el bosque recogiendo plásticos?

¿Dónde se encontró con eso?
En la Fundació La Plana, un lugar donde se hacen residencias artísticas, talleres, cursos... Trabajo personal. Un sitio muy bonito donde te cuidan muy bien y comes que flipas. A mí me ha sanado.

La música de este disco, ¿viene de allí?
Sí, la compuse toda allí, pero es el eco, el resumen, de todo este año. Se titula ‘Analogia de l’amort’, de amor y de muerte, entendiendo que es lo mismo, como la luz y la oscuridad, y que si no abrazamos la oscuridad no nos podemos relacionar desde la luz. Sin abrazar la oscuridad, la luz no existe. Habla un poco de los contrarios, por eso todos los títulos son compuestos, y de resignificar las cosas.

Lo de hablar es un decir, porque el álbum es casi enteramente instrumental.
El tema que lo abre, ‘Instru-mental’, se titula así más por ‘mental’, por instrumento de la mente. Todos estos títulos, ‘Sobre-viure’, ‘Con-fusió’..., tienen que ver con cómo nos relacionamos con otras personas y con nosotras mismas.

En esa casa de la montaña habría un piano.
Sí, de pared. Pero en el disco hay dos sonidos distintos, el de un piano de pared y el de otro de cola, que tiene la sordina puesta y así se oye el sonido de los martillos, el retorno de la tecla, los pedales, la respiración... Me gusta esa sonoridad que han practicado mucho los nórdicos.

¿La música contemporánea es un punto de anclaje de este disco?
Yo he escuchado muchos estilos diferentes y tengo un ‘potpurri’ en la cabeza. El lirismo clásico se oye en las melodías de canciones como ‘So-córrer’ o ‘Re-tallar’, mientras que ‘Con-fusió’ es más contemporánea y ‘Disculpa’ podría ser una armonía ‘bachiana’ o un segundo movimiento de Mozart.

¿Erik Satie?
Claro, y tanto, y Debussy, pero me pasa una cosa: creo que muchas veces no somos conscientes de la realidad vital del compositor en aquel momento, que eran personas muy avanzadas, rebeldes incluso, y luego al convertirse estas piezas en clásicas se convierten objeto de culto.

Se convierten en un canon cuando ellos eran anticanónicos.
Nadie los había analizado. Y los románticos escuchaban a los clásicos, y los impresionistas a los románticos..., pero es muy importante que tengamos la libertad de ser quienes somos como resultado de todo lo que hemos escuchado. Sin ese imaginario no existiríamos. Cuando me dicen que lo que hago es muy moderno, pienso que eso es ahora: dentro de 100 años será música clásica. Eso es importante, porque si no, la música acaba siendo elitista, intelectual, para minorías, y no tiene porqué.

¿Le asusta no llegar a la gente si se pone un poco experimental?
No me asusta, creo que este disco es escuchable, aunque sea cero comercial. Si pensase en la comercialidad no haría lo que hago. Pero yo todo lo que está hecho desde la parte intelectual lo recibo como aburrido, porque soy una persona de acción, y de cuerpo, y de sentimiento.

En ‘Re-üll’ oímos su voz. ¿Se dirige a alguien?
Hay una persona concreta, pero puede dirigirse a todo aquel al que se le rompe un sueño. Utilizo el concepto de los ángeles que no tienen alas: no pueden volar ni pueden ser representados como ángeles. Me he inventado el verbo ‘desangelar’ como sinónimo de silenciar un espacio de música, y ‘angelar’, llenarlo. Tiene que ver con querer volar y no poder. Tú tenías alas, pero la vida te ha dejado sin ellas.

"Yo siento que pasan los años y que cada día soy un poco más libre, y sabia, y fuerte, pero un poco menos feliz. Y no pasa nada, porque lo gano en serenidad"

¿Se ha sentido así, con las alas cortadas?
Sí, me he quedado sin alas para siempre, pero puedo correr y hacer otras cosas. Yo siento que pasan los años y que cada día soy un poco más libre, y sabia, y fuerte, pero un poco menos feliz. Y no pasa nada, porque lo gano en serenidad. La ilusión ya no la tendré como antes, igual que enamorarte. Por eso eres más libre, pero menos feliz.

Sentir eso también da gratificación.
Sí, lo que me gustaría es poder estar de otra manera, pero el mundo no lo permite, porque es salvaje, y es imposible con todo lo que pasa poder sentir la felicidad. Para mí, eso comportaría estar un poco desubicada.

¿Qué efectos le gustaría que causara ese disco en el oyente?
Me gustaría que se escuchara de arriba a abajo, no ahora un tema y más tarde otro, sino todo seguido, y con dedicación exclusiva. Dándole un espacio de 40 minutos, una vez en la vida, y ya está. El orden de las canciones tiene una lógica en el tiempo y en el espacio.

¿Por qué lo tocará solo una vez ante el público?
Porque para mí es un ritual, el cierre de este año. Aceptando las cosas buenas que ha tenido, las que no me han gustado, y luego soltar ese año. Si siguiera haciendo bolos con esto me estaría llevando el año conmigo, y quiero soltarlo y hacerle un pequeño homenaje a todo lo que ha sido. Para mí, el sentido es hacer un cierre emocional el día 7 de diciembre

¿Puede ser egoísta hacer las cosas por sus intereses emocionales?
No, no. Yo no me debo a mi público. Tampoco a una industria. Yo me planteé esta idea, y si alguien la quiere secundar, guay, y si no, no pasa nada. Tengo un nivel de compromiso con el arte bastante desarrollado y no me parece egoísta. Me parece más egoísta hablar de cosas banales y hacerlo 50 veces. Pero no sé, pensaré sobre esta pregunta, me la llevaré a casa. Supongo que creo que no tengo un público tan fiel que ahora se quede con ganas de más conciertos. Me cuesta mucho pensar que a alguien le sepa tan mal no haber podido venir.

"Soy una hormiga y esto ha ha sido de curro diario. Muy distinto es lo de Rosalía, que le ha venido de golpe, y a otra escala"

Después de muchos años de trabajo, en los últimos tiempos ha alcanzado una dimensión pública que no tenía. ¿Le cuesta gestionarla?
Creo que no, llevo nueve discos y 27 espectáculos. No ha sido algo repentino. Soy una hormiga y esto ha ido viniendo poco a poco, aunque el último año ha crecido exponencialmente. Pero esto ha sido de curro diario. Muy distinto es lo de Rosalía, que le ha venido de golpe, y a otra escala. Máximo respeto por ella: me encanta, me parece increíble, pero aquello sí que tiene que ser difícil. Yo sigo con mi vida absolutamente normal.

Es una artista con una imagen fuerte y contornos ideológicos definidos. ¿Piensa si una parte de su público llega a usted por ese carril y no por la música?
Sí, y no me importa. Yo intento no hacer música para músicos, ni arte para artistas. A mí me ha pasado leer una entrevista con alguien, que me interese y entonces preguntarme qué hace. Da igual por dónde te acerques. La cuestión es que si te quedas ahí es que hay algo que te ha interesado.

¿La posición en la música y en la vida son una misma cosa?
Para mí sí, porque yo lo vinculo y no existe una cosa sin la otra, y el arte es el reflejo de lo que somos. Por eso para mí es importante qué discurso tiene la gente y cómo se relaciona o se moja en la vida. A veces veo que no hay un compromiso o una vinculación con algo real. Hay muchas maneras de comprometerse, y en la música y el arte veo poco compromiso en general. Ayer fui al Lliure a ver ‘Paisajes para no colorear’, y para mí el 80% del teatro debería ir en esa línea: de visibilización, de queja...

¿No basta con que el arte sea bonito?
Estoy resignificando lo que es bonito y lo que no. Y a propósito de mi disco ‘Estómac’, yo encuentro más bonita una víscera ensangrentada que un corazón rojo.

¿Le echaría para atrás que la vieran como un símbolo?
Me da igual. Ni quiero ni dejo de querer. Ya me gusta ser referente, pero no me gustaría tanto que la gente imitase lo que hago, porque creo que lo que yo predico es que cada uno sea como es y que encuentre su forma de expresarse.

Este disco no estaba previsto. ¿Va a seguir con ese ritmo de álbum anual?
No veo que vaya a rebajar el ritmo, aunque ahora tengo previsto un disco con cuarteto para publicar en noviembre del 2020 y el siguiente no me lo dejarán sacar antes y tendrá que esperar al 2022. Pero en el 2021 a lo mejor hago otro disco de piano solo. Sí, a lo mejor lo hago así, combinar: los discos a piano son más fáciles y con menos costes. Pero no lo puedo asegurar.