11 jul 2020

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TOPONIMIA POP

'Run run', la historia de una canción migrante

La hermosa pieza de Violeta Parra es el relato de un amor fugitivo, pero también el de una migración musical

Lucía Lijtmaer

Violeta Parra.

Violeta Parra.

Es conocida como una de las más hermosas canciones de anhelo amoroso, una historia de búsqueda, de pérdida y de contacto epistolar. En 'Run run se fue pal norte', Violeta Parra narra las idas y vueltas de su tempestuosa relación con Gilbert Favre, el antropólogo francés del que se enamoró y con quien tuvo un amor que tuvo sus altibajos hasta el final.

Eso cuenta la canción: cómo Run run, Gilbert, se va rumbo al norte, a Bolivia, y le escribe cartas “con letras de coral”, mientras ella se queda en el sur, esperándole. Run run, el amor migrante y huido, le va dejando pistas de su ruta, de por dónde pasa: una estación de tren en Santiago, un puente cerca de Vallenar, una piedra en el desierto del Tamarugal y una oficina de correos en Antofagasta. Después, la nada infinita. Después, el carro del olvido, y el amargor del sufrimiento, que Parra compara con el martirio de Cristo: solamente quedan “espinas de Israel”, “el vinagre y la hiel”.

Pero 'Run run se fue pal norte' es, además del relato de un amor fugitivo al que se puede localizar en un mapa concreto, el relato de una migración musical. Como cuenta el musicólogo Juan Pablo González, en 'Migración amorosa y musical en 'Run run se fue pal norte'' , la canción está escrita como un 'rin' chileno, una danza instrumental que puede provenir del 'reel' escocés, una canción de posibles orígenes celtas de la que se tiene constancia desde el siglo XVI y que se bailaba en los juicios a las brujas allá por 1590. El 'reel' fue adoptado en salones aristocráticos ingleses y podría haber viajado hasta Chile durante el siglo XIX, donde se habría folclorizado y transformado en el 'rin'.

Es Violeta Parra quien lo recoge, en uno de sus viajes a Chiloé, ya como danza y música extinta, y lo recupera para esta canción. Parra compone el 'Run run' en un charango, el instrumento que le había regalado el protagonista de la canción. Y el charango, a medida que la canción finaliza, imita el final del trayecto, el final del amor, porque como dice Parra, “más largos son los rieles, más agrio es el después”. La canción migrante deja de ser así una canción extinta y se convierte en una canción inmortal.