23 oct 2020

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CRÓNICA

Quique González, trinchera de canciones en el Palau

El cantautor madrileño ofreció su perfil más intimista en el repertorio de 'Las palabras vividas', el disco que comparte con el poeta Luis García Montero

Jordi Bianciotto

Quique González, en su actuación en el Palau de la Música

Quique González, en su actuación en el Palau de la Música / FERRAN SENDRA

El mundo de Quique González se funde con el del poeta granadino Luis García Montero en el álbum ‘Las palabras vividas’ y de ello resulta un repertorio con más protagonismo de los textos y los estados anímicos que se derivan, al tiempo que las instrumentaciones profundizan en la textura acústica con nuevos matices. Así, el madrileño ofreció un concierto muy recogido, buscando la gratificación lejos de la excitación rockera, este miércoles en el Palau, dentro del Festival Mil·lenni.

La canción que abre el disco, ‘La nave de los locos’, primera la noche, nos hizo saber donde estábamos: en el reducto de los espíritus “vulnerables de amor y de ilusiones”; un lugar en el que la consigna es “resistir”, cantó González como aviso de lo que estaba por venir. Repertorio-trinchera, pues, para refugiarnos del viento del mundo entre notas con sabor a madera. Ahí destacaron la mandolina, la zanfoña y el violín de Diego Galaz, el verso más libre de una formación de sexteto, con guitarras acústicas y españolas, contrabajo, batería y un órgano acogedor a cargo de Alejandro ‘Boli’ Climent, músico más conocido como bajista de Fito & Fitipaldis.

Bailes compartidos

‘Las palabras vividas’ nos hablaron de resistencia vital y de sensaciones compartidas, lo cual puede servir para explicar la posición del artista ante quienes le escuchen. Quedó claro en ‘Canción con orquesta’, una pieza, explicó González, que “habla de cuando comenzamos a bailar solos y acabamos bailando todos juntos, y de nuestra fascinación por el mundo del espectáculo”. Así, buscando una confluencia con las expectativas emocionales del público, que mantuvo atento a cada palabra y cada coma, fluyeron de un modo minucioso piezas como ‘El pasajero’ o ‘Mi todavía’, esta enfocada a la alta misión de “actualizar los amores de larga duración”.

Sonaron ocho de las diez canciones del nuevo disco, cruzadas con pequeñas selecciones que miraban hacia atrás, de ‘Su día libre’ a ‘Orquideas’ y a la “poco tocada”, recordó, ‘Lo voy a derribar’, apuntando a un tramo final en el que cayeron piezas deseadas como ‘La casa de mis padres’, esa ‘Dallas-Memphis’ con sabores fronterizos y un ‘Salitre’ que trajo el momento más expansivo. Clímax para una sesión de extrema contención instrumental que evitó a la vez la linealidad, y que no pasó por alto el tema que fue “el origen del proyecto”, ‘Aunque tú no lo sepas’, inspirado en el poema de García Montero y que González compuso hace más de 20 años para Enrique Urquijo. Recordatorio de que ciertas misiones se toman a veces su tiempo en cristalizar.