13 ago 2020

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CRÓNICA

Greta Van Fleet, un desconcertante espejo de Led Zeppelin

El grupo de Michigan desplegó su musculoso hard rock heredero de Robert Plant y compañía en un Sant Jordi Club con las entradas agotadas

Jordi Bianciotto

Josh Kiszka, en el concierto de Greta Van Fleet en el Sant Jordi Club

Josh Kiszka, en el concierto de Greta Van Fleet en el Sant Jordi Club / FERRAN SENDRA

Robert Plant dijo de ellos que “suenan como ‘Led Zeppelin I’” (el primer álbum de la banda, de 1969), y ‘The Guardian’ les describió de un modo insuperable: “una banda de tributo que escribe sus propias canciones”. Y bien, Greta Van Fleet parece demostrar que invocar las esencias del rock más clásico en el año 2019 tiene sentido e interpela no solo a un público maduro sino también a los veinteañeros.

Envuelto en esa aura de fenómeno extraño, el cuarteto de Michigan debutó este martes en Barcelona con entradas agotadas y expectativas redobladas después del aplazamiento del concierto que debían ofrecer el febrero. El grupo anda todavía corto de repertorio (un álbum y un par de epés), pero tuvimos suficiente para ver en Greta Van Fleet a un caso único de artista que fija su identidad a partir del culto extremo a una obra ajena. Una desconcertante manera de ser original.

Nietos de Plant y Page

Su peculiaridad es que toman como modelo casi único a una banda, Led Zeppelin, desde los aullidos selváticos de Josh Kiszka (cruzados con la textura de berrido de un Bon Scott) hasta la misma complexión de las canciones. Rock musculoso asentado en un sonido de guitarra muy reconocible (suministrado por un fan de Jimmy Page como es Jake, otro de los tres hermanos Kiszka) y que desprende canciones que dan el pego, como ‘Highway tune’ y ‘Edge of darkness’.

En el Sant Jordi Club no salimos de nuestro asombro, ya que, del mismo modo que Led Zeppelin no solo tocaba hard rock, sino que hizo incursiones en el folk y en composiciones de corte emocional o épico, Greta Van Fleet toma nota también de esos otros perfiles. Hubo guitarras acústicas en la secuencia floral de ‘The music is you’, de John Denver, y ‘You’re the one’, y acto seguido llegó el momento de ‘No quarter’, perdón, de ‘Age of man’, con teclados y trayecto sinfonizante. En cierta inflexión dramática de ‘Black flag exposition’, a Josh Kiszka solo le faltó añadir “and she’s buying a stairway to heaven”, y el generoso solo de guitarra nos llevó a aquellas sesiones de sábado por la tarde en el Cine Spring abrumados por la película ‘The song remains the same’. En el bis, otra imagen ‘retro’: ‘The weight’, de The Band, acompañada de la fogosa telonera, Yola.

Quizá todo eso sea nuevo para un público joven que sospechaba que no había vida más allá del pop, el r’n’b y el hip-hop, pero habrá que ver qué recorrido puede tener un grupo tan excéntrico. De momento ha anunciado que en su segundo disco piensa evolucionar. ¿De ‘Led Zeppelin I’ a ‘Led Zeppelin II’, quizá?