10 abr 2020

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CRÓNICA DE CONCIERTO

Vampire Weekend, mucho más allá del 'afroindie'

El célebre grupo neoyorquino presentó el expansivo 'Father of the bride' en su primer directo barcelonés en casi una década

Juan Manuel Freire

Ezra Koenig, en el concierto de Vampire Weekend en Razzmatazz

Ezra Koenig, en el concierto de Vampire Weekend en Razzmatazz / FERRAN SENDRA

El tiempo realmente vuela y hacía casi una década del anterior directo de Vampire Weekend en Barcelona: fue en Razzmatazz en noviembre del 2010, solo unos meses después de haber pasado por la sala Penélope del Poble Espanyol. En el tiempo transcurrido desde entonces, el célebre grupo pop neoyorquino ha perdido a uno de sus miembros fundadores (el multiinstrumentista Rostam Batmanglij, ahora artista a su nombre) y ganado amplitud de miras y versatilidad.

La banda liderada por Ezra Koenig volvió el domingo a Razzmatazz, nueve años después, para presentar 'Father of the bride', un (doble) disco en el que mezclan sus características guitarras afro con aún más cosas que en el ya sorprendente 'Modern vampires of the city' del 2013. Hay 'samples' de cánticos melanesios y ambient japonés, duetos country, funk-rock de pulso flamenco… Todo ello cohesionado por el carisma vocal de Koenig, también un letrista ingenioso y cultivado.

El rico sonido de 'Father of the bride' no sufre en su traslación al directo. A Koenig y sus viejos colegas Chris Baio (bajo) y Chris Thomson (batería) se suman cuatro músicos de gira: el guitarrista Brian Robert Jones, la multiinstrumentista Greta Morgan (alias Springtime Carnivore), el teclista Will Canzoneri y un segundo batería, Will Canzoneri. En el arranque con 'Flower moon', quedó claro que esa alineación aumentada podía dar los mejores dividendos artísticos: cada miembro contribuyó con sutileza a un groove de magnética deriva disco-pop. 

Por desgracia, la pericia se convirtió en innecesario virtuosismo durante otras partes del concierto. La breve 'Sunflower' sonó en una versión alternativa ('Stoneflower') con aires de suite progresiva, solo de guitarra y final exploratorio incluidos. '2021' pasó de miniatura a monolito y, ya en el bis, la espaciosa balada 'Big blue' se quedó sin hueco por llenar.

Pero fueron deslices aislados en una actuación, en general, vibrante e intensa, sucesión casi insolente de hits idiosincrásicos, a veces bastante punk (gran triada 'Diane Young', 'Cousins' y 'A-punk'), a veces ligeramente Madchester ('Harmony Hall'), a veces maravillosamente taciturnos ('Jerusalem, New York, Berlin', estropeado por el rumor de charlas).

En el curioso bis hubo tiempo para peticiones; entre ellas, curiosamente, sus versiones de temas de Bruce Springsteen y Dusty Springfield. También pagaron una deuda y recuperaron 'Giving up the gun', single de 'Contra' que no llegaron a tocar en noviembre del 2010; ese concierto acabó abruptamente, en apariencia por problemas de asma de Koenig. Si entonces tocaron una hora raspada, el domingo casi llegaron a las dos horas y media.