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ENTREVISTA AL AUTOR DE 'CRÍMENES'

Von Schirach: "El castigo más duro es el que nos autoimponemos"

El escritor alemán y nieto de criminal nazi cierra con 'Castigo' su acerado tríptico de relatos inspirados en sus 25 años de carrera como abogado penalista

Anna Abella

El escritor alemán Ferdinand von Schirach, en Barcelona, este otoño.  

El escritor alemán Ferdinand von Schirach, en Barcelona, este otoño.   / LAURA GUERRERO

En el trágico y último de los 12 relatos de ‘Castigo’ (Salamandra) se intuye que el letrado protagonista es en realidad su autor, Ferdinand von Schirach (Múnich, 1964), cuya fama como escritor -publica en 30 países- le llevó a abandonar una no menos exitosa carrera de 25 años como abogado penalista. En el cuento se reencuentra con un amigo de la infancia, destrozado porque tras una discusión con su esposa esta fue asesinada. Se sentía culpable sin serlo. “Fue una historia clave para mí. Normalmente consideramos que el castigo es algo que falla un juez tras un juicio y, una vez cumplida la pena, la deuda con la sociedad queda saldada y el contador se pone a cero. Pero en realidad el castigo más duro es el que nos imponemos a nosotros mismos. Todos cargamos con cosas que no podemos perdonarnos y nos autocastigamos, no hay redención. Es el castigo más profundo”, afirma el escritor, cuyo amigo se suicidó.

“Todos hemos cometido errores y cargamos con culpas. Dudo de la gente que dice que lo ha hecho todo bien. Yo llevo una culpa, pero no voy a confesar algo que no diría ni a mi abogado. No puedo cambiar nada, así que no tendría sentido contarlo”, asume Von Schirach, un as en bucear en las profundidades del comportamiento humano.

Los títulos de sus libros son tan concisos y acerados como los relatos que los habitan. Tras ‘Crímenes’ (Premio Kleist) y ‘Culpa’, ‘Castigo’ cierra el tríptico inspirado en casos de su carrera judicial, convertidos ya en serie. También firma ‘Terror’, obra de teatro representada en más de 20 países. Si uno no conociera los temas que trata en ellos sería muy fácil atribuir esa constelación de sustantivos al estigma familiar que le acompaña. Tenía 12 años cuando supo que su abuelo fue el jefe de las Juventudes Hitlerianas Baldur von Schirach (1907-1974), condenado en los juicios de Núremberg a 20 años de prisión, que cumplió en Spandau.

"El castigo más duro es el que nos imponemos a nosotros mismos. Todos cargamos con cosas que no podemos perdonarnos y nos autocastigamos"

Ya en el 2011, señalaba en una entrevista en este diario que “la culpa no se hereda, pero la responsabilidad, sí”, y seguía preguntándose por qué su abuelo eligió seguir a Hitler libremente. “No fue casualidad que en el caso de los crímenes del nacionalsocialismo, como los de mi abuelo, uno estuviera del lado de los perpetradores, porque fue un exterminio industrializado de personas”. No fue tampoco casualidad que el exabogado abordara en su primera novela, ‘El caso Collini’, el papel de la justicia alemana ante un antiguo criminal nazi. “No se castigó a suficientes nazis tras la guerra -reitera ahora-. Pero luego, en Alemania Occidental se trabajó en la culpa de la sociedad y aún hoy se está llevando a juicio a criminales nazis”.  

Confesar siendo inocente

Plantea constantemente Von Schirach dilemas sin entrar en juicios morales. “Como abogado defensor no puedo tener una opinión moral sobre lo que hizo mi cliente”, avisa, y admite que un asesino le confesó un crimen que, por el secreto profesional, no pudo revelar. “Pero hay quien confiesa crímenes que no ha cometido. Como el caso de un estudiante enamorado de una mujer maltratada por su esposo, que mató al marido con una estatua. Ella confesó el crimen para proteger al amante. Aunque también hay muchísima gente loca que en casos mediáticos se autoinculpa ante la policía”, añade.

Nunca cogió casos de abuso o maltrato a niños, confirma. “No solo por razones éticas sino porque no soy capaz de ver si un niño miente. También rechacé crímenes ligados a la ultraderecha, por motivos políticos y por la historia de mi familia, y los de timadores, porque tienden a intentar engañar a los abogados”. 

Sexo y crimen

No faltan en ‘Castigo’ casos, no tan extraños como puede parecer, afirma, como el de un hombre que se vengó de quienes ultrajaron a su muñeca sexual  -“hay gente que las ama como si fueran personas y eso se tiene en cuenta en el juicio. Para ellos es un apego real”-, o de prácticas sexuales como el lograr placer con la estrangulación que acaban mal. “El actor David Carradine murió así en un hotel de Bangkok. Conocí a unas personas a las que les gustaba tener sexo disfrazados de animales. Yo no juzgo ni entro en los dormitorios de la gente. Aunque hace unos años vi el caso de un hombre que fue asesinado y canibalizado con su consentimiento. Es triste querer acabar así tu vida”, concluye.

Temas: Nazismo Libros