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CRÓNICA DE CONCIERTO

Ron Carter, autoridad del jazz

El contrabajista, 82 años, elegante, firme, leyenda, solo toca. Esa es su elocuencia. Y toque lo que toque, es todo suyo

Roger Roca

Ron Carter, en la sala Barts de Barcelona, el domingo.

Ron Carter, en la sala Barts de Barcelona, el domingo. / LORENZO DUASO

No se oyó, porque no quiso ni coger el micro. Y porque además, Ron Carter habla como en un susurro. Pero dio para leerle los labios. "I play", "yo toco", dijo el contrabajista, disculpándose por no tomar la palabra cuando el domingo en la sala BARTS los organizadores del 51º Voll-Damm Festival de Jazz Internacional de Barcelona le entregaron la medalla de oro del certamen, antes del concierto de su cuarteto Foursight. Lo dijo -"yo toco"- acompañándose de un gesto, como si agarrara un contrabajo imaginario. Ron Carter, 82 años, elegante, firme, leyenda del jazz, toca. Esa es su elocuencia. Y toque lo que toque, es todo suyo. Porque lo ha escrito él, como las memorables piezas propias que sonaron en BARTS. O no lo ha escrito, pero estaba allí cuando nacían esas músicas que han hecho historia, como las joyas del Miles Davis Quintet que invocó con absoluta autoridad. O porque el sonido y el pulso de Ron Carter están tan entrelazados con lo que entendemos por jazz moderno, que parece que nadie mejor que él para dar sentido a un clásico como la balada 'My funny Valentine', maravillosamente reconstruida a medias con su pianista Renee Rosnes.

Más, incluso: Ron Carter es la voz, la autoridad, también cuando se aleja del caudal principal del jazz para recorrer otras músicas. Tras una pieza propia, 'Mr Bow Tie', y un viaje por el mundo Miles Davis, el cuarteto se apagó y dejó a Ron Carter solo tocando una melodía folk que se transformó en una sonata de Bach para violonchelo. ¿Y no era eso un atisbo de rock and roll? Y de ahí vuelta a Bach, y el cuarteto que se enciende otra vez para deshacer el camino pasando por de nuevo por Miles Davis y acabando en el principio del viaje, en el 'groove' de 'Mr Bow Tie', todo perfectamente estructurado, y al mismo tiempo todo tan abierto. "Gracias por venir a ver cómo cuatro personas nos lo pasamos bien", dijo. Y gracias, dijo también, por asistir "a un experimento", una especie de suite en el que las voces del cuarteto entraban y salían como en una sinfonía, solo que lo que decían en cada momento respiraba libertad. Y con toda la naturalidad del mundo, después de ese vuelo largo, Carter bajó a tierra y eligió piezas con 'groove', más ligeras, de las que mandan a la gente a casa con una sonrisa, y el clásico 'You and the night and the music'. Y tras casi dos horas, aún concedió un bis reclamado por el público con insistencia y una paciencia que pocas veces se ven en una sala de conciertos. "Esto es jazz puro", decía una espectadora a la salida del concierto. Y de alguna manera tenía razón: el jazz puro, por suerte, no existe. El jazz son muchas cosas. Pero muchas de esas cosas son Ron Carter.