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CRÓNICA

Manel, en fase pletórica en el Poble Espanyol

El cuarteto barcelonés arrolló con su nuevo repertorio, asentado en 'Per la bona gent' y abierto a texturas electrónicas y ritmos bailables

Jordi Bianciotto

Concierto de Manel en el Poble Espanyol, dentro del Cruïlla de Tardor

Concierto de Manel en el Poble Espanyol, dentro del Cruïlla de Tardor / FERRAN SENDRA

La evolución de Manel no es solo una cuestión de estética sonora, sino del modo de estar en la música, en el escenario y ante el público. Algún día se estudiará ese tránsito del cuarteto barcelonés de los teatros y la educación folk a los recintos revueltos, con multitudes danzando su sibilina mezcla de ritmos invasivos y lírica con doble fondo, como este sábado en el Poble Espanyol.

Del Manel de hace una década queda la voluntad de contar historias, ahora acaso más complejas, y los vestigios de una memoria melódica, y no siempre. En el bonito invernadero levantado por el Cruïlla de Tardor (3.000 entradas agotadas hace dos meses), vimos al grupo en una etapa avanzada de su mutación, haciendo honor a su nueva canción ‘Canvi de paradigma’ y encendiendo al público con canciones de factura imprevisible: de la electrónica sofocante de ‘Formigues’, vía Jacint Verdaguer, proa de la noche, al tropicalismo con ‘autotune’ de ‘Els entusiasmats’, y de ahí a un canto todavía canónico, ‘Aquí tens el meu braç’.

La noche más encendida

Fue el concierto de Manel con mayor conexión con el público que podamos recordar en Barcelona, con un Guillem Gisbert alejado de aquella rigidez escolástica de otros tiempos, que en ‘Teresa Rampell’ llegó a poner el pie de micro al revés, enfocando a la audiencia, al constatar que se había apropiado de la canción. De esta y de todas, porque aquello fue un festival. Ese repertorio renovado, con ocho canciones de ‘Per la bona gent’ y cinco de ‘Jo competeixo’ (2016), se asentó en la consistencia rítmica a través de la electro-cumbia de ‘La serotonina’ (Roger Padilla, colando dibujos de guitarra con guiños surf) y de ‘Cançó del dubte’, e integró ‘Captatio benevolentiae’, única cita al primer álbum, a costa de inyectarle electrónica.

Otro aspecto llamativo fue su manera de establecer un poderoso punto de inflexión en una intrincada canción de ocho minutos como es ‘Jo competeixo’, con todo un recital de modos expresivos a cargo de Gisbert. A partir de ahí, guitarras casi metaleras en ‘Les cosines’ apuntando el camino a ‘Boy band’, puro pop, y la catedral ultramoderna de ‘Per la bona gent’, con sus fracturas internas, su interrogante filosófico y la voz de Maria del Mar Bonet (y el guitarreo flamenco de Paco Cepero) interpelando con toda su pureza a una audiencia venida del futuro. Goteo de bises culminado por un ‘Sabotatge’ arrollador y la venenosa melancolía de ‘Amb un ram de clamídies’, última enseña de esta nueva edad de Manel. ¿Fase pop, electrónica, urbana...? Llamémosle pletórica.