Ir a contenido

OTROS ESCENARIOS POSIBLES

El soldado de los 'meridianos'

El cantautor Cesk Freixas actuó en el cruce de Meridiana con Fabra i Puig donde cada noche desde hace cinco semanas se corta al tráfico en protesta por la sentencia del 'procés'

Nando Cruz

Un momento de la actuación de Cesk Freixas en el corte de Meridiana con Fabra i Puig

Un momento de la actuación de Cesk Freixas en el corte de Meridiana con Fabra i Puig / FERRAN NADEU

Un joven lee un libro sentado en el bordillo de la avenida de la Meridiana sin miedo a ser atropellado. En la calzada, una niña ha escrito con tiza: “Llibertat presos polítics”. Dos amigas conversan en la terraza de la cafetería Vivari que hace esquina con Fabra i Puig  hasta que oyen un cántico lejano y se suman al coro sin dudarlo: “Catalunya antifeixista!”. Más de 200 personas han cortado el tráfico como vienen haciendo desde hace 33 días en protesta por la sentencia del 'procés'. El ambiente es entre festivo y rutinario. Unos niños juegan a fútbol en esta autovía urbana hoy limpia de coches. “¡Entrepans solidaris!”, oferta una señora.

Aunque no lo parezca, en breves instantes habrá un concierto aquí mismo. El martes el cantautor Cesk Freixas se dirigió a través de tuiter al colectivo que impulsa esta movilización: “Divendres seré a Barcelona i podria venir a fer un concert al tall que feu des de fa desenes de nits. Si us sembla una bona idea, allà em tindreu!”. Era un humilde ofrecimiento que, por supuesto, ha sido aceptado tal como demuestra el anuncio de su actuación a través del grupo de telegram ‘Meridiana Resisteix’ para hoy a las nueve de la noche. Sin embargo, a tres minutos de las nueve nada indica que el concierto vaya a celebrarse. Dos adolescentes han visto negocio y venden lotería para el viaje de fin de curso.

Farola, cable y micrófono

Dan las nueve y, como por arte de magia, aparecen dos altavoces, una mesa de sonido y un micrófono. Alguien ha tirado un cable desde un cuadro eléctrico que hay junto a la farola. Todo está preparado ya. También Cesk Freixas, bien protegido del frío con una capucha. Le basta su guitarra acústica y un atril que sostenga el iPad con las letras. Aunque la primera se la sabe de sobra: es una versión rumbera de ‘Al vent’, de Raimon. Quién le iba a decir cuando inauguró en enero la 24ª edición del festival Barnasants que antes de acabar este año estaría actuando en plena Meridiana ante más de 500 espectadores.

Los manifestantes, hasta ahora dispersos a lo largo y ancho de este cruce, se acercan e improvisan un anfiteatro callejero a su alrededor. Los más cercanos, sentados en el suelo; y el resto, de pie. Pero lo primero que hace el cantautor del Penedès es sacudirse todo protagonismo y entregárselo al público destacando la constancia del vecindario de la Meridiana y reivindicando el valor de todos los gestos que se organizan lejos del centro, en las periferias.

Freixas se encomienda al cancionero universal: a ‘Redemption song’, de Bob Marley, al ‘A desalambrar’ que cantaba Víctor Jara y a ‘Què volen aquesta gent?’, de Maria del Mar Bonet, de nuevo a ritmo rumbero. Entre versión y versión, Cesk invita a los asistentes al Congrés de L’Habitatge que se celebra en la Fabra i Coats y a manifestarse contra la Llei Aragonès. Los cánticos reclamando la independencia de Catalunya y la libertad de los presos marcarán el tono de la velada, pero las reivindicaciones son muchas y muy transversales.

Hospital de campaña

Cuando suena ‘L’estaca’ muchos espectadores sacan el móvil y ondean la linterna mientras cantan los versos de Llach. Cuesta creer que esto esté ocurriendo en plena Meridiana. Algunos, de hecho, han olvidado hace media hora dónde están. La música puede ser una palanca para el activismo, y, también, un instante de reposo dentro de un contexto de protesta. Ahora mismo, el concierto de Cesk Freixas es como el hospital de campaña en plena contienda. “Los cantautores tenemos fama de ser unos plastas que dormimos a la gente, así que cuando queráis me voy”, suelta. “Soy un soldado a las órdenes de los ‘meridianos’”, proclama. Pero aquí nadie tiene prisa. Hoy la policía no va a cargar.

Tras la ‘Cançó de les balances’ que recitaba Ovidi Montllor, el cantautor anuncia ‘Diumenge’, inspirada en los hechos del 1 de octubre y cuyo estribillo tiene todas las de ganar: “No oblidarem mai, no oblidarem mai”, coinciden todos los presentes. Una chica la canta y baila con extraños gestos que… ¡la está interpretando en lenguaje de signos para sordomudos! Se llama Aina y también se sabe ‘La petita rambla de Poble Sec’, así que avanza tímidamente entre el público sentado y se une a Cesk para interpretarla en un insólito y emotivo dúo.  No, no estaba preparado, como todo lo que ocurrirá a partir de ahora.

Tras algunos títulos propios más, Cesk ofrece su guitarra acústica por si alguien quiere cantar. No hará falta insistir. Un joven con la cara tapada se marca una aguda versión de La Pegatina adaptada al contexto de las protestas 'millennials'. Un dúo de Sant Andreu, Ginestà, interpreta otra canción que habla de “treballar els caps de setmanes i no veure't els feiners”. El público grita “Josep! Josep!” y el tal Josep agarra la guitarra e interpreta un ‘Que tinguem sort’ que transforma la Meridiana en un mar de linternas de móviles. Un vecino coge a su perro en brazos para que pueda ver la iluminada estampa. Otra vecina, Alexia, se basta con dos estrofas indepes, un sonajero y su chorro de voz para triunfar.

Agitar, aglutinar o aplacar

El momento más cómico llega cuando dos chicas anuncian que cantarán una de Lluís Llach: ‘Boig per tu’. Sí, es la de Sau, la misma que los manifestantes del aeropuerto del Prat corearon contra la policía, pero que hoy la policía se ha ahorrado porque está a más de 200 metros de distancia. En momentos así, resurgen las dudas sobre el cometido de los conciertos en contextos de protesta política. La música tiene capacidad de agitar masas y de aplacarlas. Puede aglutinar fuerzas o visibilizar contradicciones. Puede 'esmolar eines' o lamer heridas. Estos días ha habido conciertos en distintos enclaves. En la AP-7, Lluís Llach y Lágrimas de Sangre desde posiciones generacionales y musicales bien distantes. En la acampada de plaza Universitat, los vascos Berri Txarrak y las madrileñas IRA mostrando su valiente sintonía con las movilizaciones desde fuera de Catalunya. Cada cual, aportando distintos biorritmos a las protestas.

La de hoy no ha sido una acción de sabotaje o de enfrentamiento directo, sino una celebración de la perseverancia: un té caliente en una noche fría. Lo más duro que se escuchará hoy será un manifiesto del CDR de Nou Barris criticando la insuficiente reacción para evitar la deportación de Ayoub, un manifestante marroquí; una derrota que debiera obligar a todo el colectivo a revisar “el racismo impregnado, también, en los movimientos políticos y sociales”, dicen. Lo segundo más severo, los arreones de drum’n’bass del grupo Pendulum que suenan enlatados mientras los diables hacen danzar su pirotecnia festiva. Estamos a ocho grados y dos señoras combaten el frío bailando con escaso disimulo. La luna, en cuarto menguante, asoma al final de Fabra i Puig. Mañana los ‘meridianos’ volverán a cortar el tráfico. “Tots som Meridiana”, grita alguien.