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RESCATE CINEMATOGRÁFICO

Cuando Björk fue una bruja de 21 años

La cantante islandesa debutó en el cine con 'Cuando fuimos brujas' en 1987, un filme casi invisible que ahora renace de sus cenizas

Quim Casas

Björk, en un fotograma de ’Cuando fuimos brujas’.

Björk, en un fotograma de ’Cuando fuimos brujas’.

Björk Guomundsdóttir, conocida solo como Björk, tenía apenas 21 años cuando fue escogida para interpretar a uno de los cuatro personajes principales de 'Cuando fuimos brujas', película estadounidense filmada en Islandia que ha permanecido invisible desde entonces.

A Björk nadie la conocía internacionalmente. El primer álbum de su banda alternativa, Sukurmolarnir, no apareció hasta 1988 y ya con el nombre anglosajón de The Sugarcubes. El grupo se había formado a principios de 1986, así que Björk ya tenía una relativa experiencia escénica cuando dio el paso a la pantalla cinematográfica. Es más, en 1977, con... ¡solo 12 años! había publicado un primer disco de folk-pop a su nombre.

Pero en 1986, año en que se inició la producción de 'Cuando fuimos brujas', evidentemente no era el icono musical y de vanguardia en que se convertiría una década después. El filme resurge ahora de sus cenizas sustentado en ese redescubrimiento: una Björk de rostro pecoso y aniñado y expresión frágil, encarnando a la hermana de una bruja en una película tan atípica como fascinante. Cuando el filme vio la luz en 1991en el Festival de Sundance, Björk ya empezaba a encarrilar su carrera en solitario: 'Debut', título que anula la existencia de aquella primera experiencia de 1977, apareció en 1993.

Pureza e ingenuidad

La directora estadounidense Nietzchka Keene vio algo en ella que sería fundamental: una cierta pureza e ingenuidad. Y eso le va como anillo al dedo al personaje que interpreta, el de Margit, la hermana pequeña de Katla, una joven con poderes especiales. La historia acontece en la edad media y las dos hermanas huyen de su tierra natal después de que la madre sea quemada por brujería.

Pero Katla tiene sus habilidades escondidas y, mediante un hechizo, consigue embrujar y embriagar de amor a Jóhann, un hombre que vive con su hijo pequeño, Jónas. Se establece entonces una singular relación a tres bandas. Jónas odia a Katla. A su vez, Jónas y Margit se hacen íntimos amigos. Y a pesar del embrujo, Jóhann recela de Katla cada vez que la ve hablando con su hijo.

La película está filmada en un blanco y negro que remite a una determinada poética de dos grandes cineastas escandinavos, Ingmar Bergman y Carl Theodor Dreyer, ligada también a la fantasía, la brujería y lo sobrenatural: 'El séptimo sello', 'El manantial de la doncella' o 'Dies Irae'.

Como si se hubiera influenciado por los parajes islandeses, por su bruma, sus espirales de azufre y piedras retorcidas, y fascinado por los rostros vírgenes de Björk o ambiguos (Bryndis Petra Bragadóttir, la actriz que interpreta a su hermana, de escasa trayectoria en cine), Keene filma y relata empapada de los ambientes y escenarios que retrata.

Pugna entre el raciocinio y lo sobrenatural

La directora dio clases de dirección y montaje en la universidad de Wisconsin hasta su muerte, en el 2004. No había rodado nada relevante hasta 'Cuando fuimos brujas', que parte de un cuento de los hermanos Grimm cuyo título original, 'The juniper tree' ('El enebro'), hace también referencia a un poema de Tomas S. Eliot, 'Miércoles de ceniza', centrado precisamente en la conversión hacia Dios de alguien que no ha tenido fe.

Los personajes de 'Cuando fuimos brujas' no avanzan hacia Dios ni hacia el diablo, pero definen bien la pugna entre el raciocinio y lo sobrenatural: los hechizos inexplicables de Katla o la aparición de la madre muerta que contempla en silencio a sus hijas.

El filme se rodó en 1987, Keene lo montó en 1989 y un año después empezó su despliegue por festivales independientes, aunque quedó sin distribución comercial. El centro cinematográfico de Wisconsin lo ha restaurado en 4K y llega ahora a las salas españolas tras proyectarse en el festival de Sitges.

Björk se encaramó poco después a la fama y, además de los videoclips en los que la dirigieron Jean-Baptiste Mondino, Michel Gondry o Spike Jonze, tuvo su particular momento de esplendor cinematográfico en 'Bailar en la oscuridad' (2000), la película de Lars von Trier en la que encarnó a una joven inmigrante checa que se está quedado ciega y tiene predilección por los musicales de Hollywood. Viendo su inocencia en este filme es imposible no pensar en la que ofreció en 'Cuando fuimos brujas', un debut fulgurante aletargado por el tiempo.