Ir a contenido

CRÍTICA DE CINE

La oveja Shaun. La película: Granjaguedón

Una obra lo suficientemente enérgica para encandilar al público infantil y dotada del ingenio necesario para convencer al adulto

Nando Salvà

item

La oveja Shaun. La película: granjaguedón ★★★★

Dirección: Will Becher y Richard Phelan

Título original:  'A Shaun the Sheep Movie: Farmageddon'

País: Estados Unidos

Duración: 86 minutos

Año: 2019

Género: comedia / animación

Estreno: 31 de octubre del 2019

Tras debutar como presencia secundaria en uno de los cortometrajes de Wallace y Gromit, la oveja Shaun logró que la productora británica Aardman la erigiera en personaje protagonista de sus propias historias, primero en una teleserie que se prolongó a lo largo de 150 episodios entre 2007 y 2016 y después en el celebrado largometraje del que Granjaguedón funciona a modo de continuación, y todo eso sin necesidad de poner una palabra inteligible en su boca. 

Si en 'La oveja Shaun: La película' (2015) el ovino -digno heredero de Buster Keaton y Charles Chaplin- y sus camaradas rescataron a su dueño de la gran ciudad, esta trepidante secuela se adentra en el territorio de la ciencia-ficción a través de una incesante sucesión de referencias cinematográficas. Su título es una alusión a 'Armageddon' (1998) y su premisa es prácticamente idéntica a la de 'E.T. El extraterrestre' (1982), y por su metraje desfilan hilarantes citas a 'Men in Black', 'Star Wars', 'Señales' (2002) y 'Alien, el octavo pasajero' (1979). En una escena aparece un garaje llamado HG Wheels; en otra, una tostada parecida al monolito de '2001, una odisea del espacio' (1968). 

La ausencia total de diálogos conlleva una propuesta narrativa relativamente simple, y sostenida por un flujo constante de gags visuales, balidos, chirridos y elocuentes expresiones faciales. Los directores Will Becher y Richard Phelan nos ofrecen un surtido de certeros golpes de 'slapstick', impecablemente coreografiados y sincronizados entre sí, pero mientras tanto también nos dejan tiempo para explorar cada plano en busca de chistes ocultos o bien para asimilar un -más bien simplón- mensaje en pos de la inclusión y el mestizaje cultural. El resultado es una obra lo suficientemente enérgica para encandilar al público infantil y dotada del ingenio necesario para convencer al adulto.