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CRÓNICA DE JAZZ

¿Y el futuro? Quién sabe

Albert Bover y Dani Pérez inauguran en Robadors 23 el Basement Bcn Jazz Fest, un ciclo inspirado en el concepto del futuro

Roger Roca

Concierto de Albert Bover en la sala Robadors 23, en el Basement Bcn Jazz Fest

Concierto de Albert Bover en la sala Robadors 23, en el Basement Bcn Jazz Fest / ROBERT RAMOS

En el 2050 habrá más plástico que peces en los océanos. Una pausa, música lírica. Si la temperatura media de la Tierra sube siete grados centígrados, en ciertas zona latitudes el cuerpo humano se cocerá hasta la muerte. Música tormentosa. El lunes por la noche, en Robadors 23, en el Raval de Barcelona, al público le llueven malas noticias. El pianista Albert Bover improvisa en solitario una música sombría y juguetona mientras su amiga Míriam, arquitecta comprometida con el medio ambiente, lee con voz neutra y desapasionada fragmentos de artículos devastadores sobre cambio climático. "A ver qué pasa entre el texto y la música. No hemos ensayado, esto es jazz auténtico", ha dicho Bover antes de empezar a tocar. Por cada grado más de temperatura el rendimiento de los cultivos cae un 10%. Ahora la música se hace algo más triste, como una elegía.

Es el primer concierto del Basement Bcn Jazz Fest, un modesto festival organizado por los propios músicos que gestionan la pequeña sala del Raval. Y en esta tercera edición el festival está dedicado al concepto de “futuro”. Cada día hasta el viernes, Robadors 23 ofrece dos propuestas de músicos locales, todas inéditas. Los programadores las han elegido por votación y sin saber quién estaba detrás de cada una de las 32 ideas anónimas que les llegaron. Bueno, no es exacto: los conciertos del lunes los han propuesto ellos mismos. “Hay jerarquías”, dice Juan Pablo Balcázar, uno de los programadores del festival.

Música oscura, a ratos muy densa

Y sí, hay jerarquías, porque Albert Bover es uno de los pianistas de jazz más respetados de la ciudad, y a Bover le querían sí o sí. Bover rumía sobre las teclas una música oscura, a ratos muy densa. Al final saca una partitura de algo que suena como un réquiem. El cambio climático, su respuesta a la pregunta sobre “futuro”, no se presta a muchas alegrías. Y hoy, el piano de pared de Robadors 23 tampoco. “Podría estar más afinado”, dice al bajar de la tarima. Nadie se queja. Al contrario. Al pianista Marco Mezquida, que fue alumno suyo y ahora llena auditorios, le ha encantado. Ver jugar a un músico, dice, es lo mejor.

Entre el público, atento y discreto, está también el ilustrador mexicano Pedro Strukelj, que dibuja en su cuaderno la crónica del concierto. Con un trazo inconfundible, a base de líneas continuas que perfilan rostros e instrumentos, Strukelj ha desarrollado una forma única de explicar en imágenes lo que ocurre en los escenarios más efervescentes de Barcelona. A su manera, Strukelj también participa en este Basement Bcn Jazz Fest. Por la tarde, antes del concierto, ha convertido una de las paredes de Robadors 23 en un gran mural repleto de dibujos de los músicos a los que ha visto en directo durante los dos últimos años en esa misma sala. 

Turno para el guitarrista Dani Pérez, otra institución del jazz de la ciudad. En su caso, toma el reto del futuro como una excusa para revisar su pasado y preguntarse hacia dónde va. En Robadors 23, vuelve al tango -nació en Buenos Aires- y confiesa su devoción por 'Alfonsina y el mar', que asoma de repente en una versión delicadísima. También es, o fue, fan de Spinetta, leyenda del rock en Argentina. Toca y canta una canción suya. ¿Es la primera vez que se oye a Dani Pérez cantar en concierto? No tiene voz, pero da igual. Elige también 'The three Marias', una composición “endemoniada” del saxofonista Wayne Shorter, que es uno de sus guías, y la borda.

¿Y el futuro? Quién sabe. En Robadors 23, cada noche hasta el viernes, los músicos de jazz más inquietos de la ciudad se harán la misma pregunta.

Temas: Jazz