10 jul 2020

Ir a contenido

CRÓNICA

Herbie Hancock, el hombre del futuro

El teclista combinó clásicos y piezas inéditas en un concierto que invocó tanto imágenes futuristas como raíces africanas

Roger Roca

Herbie Hancock en el Palau de la Música, el sábado.

Herbie Hancock en el Palau de la Música, el sábado. / JORDI COTRINA

En el Palau, antes de que arrancara el concierto estrella del 51º Festival Internacional de Jazz de Barcelona, la música ambiente estaba inusualmente alta. Quizás era para calentar al público antes de la aparición de una de las mayores leyendas del jazz moderno. Quizás para acallar el sonido que pudiera llegar de fuera: minutos antes, a pocos metros del recinto, los antidisturbios cargaban para dispersar a los manifestantes en Via Laietana. Pero si había algún atisbo de tensión en la sala, se desvaneció cuando Hancock entró a escena. Cómo resistirse. A sus casi ochenta años, Hancock irradia entusiasmo. Alegría. Y vida. Se sienta tras el teclado y levanta un mundo entero donde aún hay interrogantes y rincones por explorar. Lleva casi dos décadas sin grabar música nueva pero sigue componiendo, y los primeros pasajes de su recorrido en el Palau eran terreno desconocido para el público. Electricidad, densidad, sonidos que invocan imágenes de un futuro tecnológico y al mismo tiempo, exhiben sus raíces africanas. Lionel Loueke, guitarrista y cantante nacido en Benin que cuando toca parece de Marte, fue su mejor aliado a la hora de conectar lo 'hi-tech' con lo afro. Y por esa mezcla de pasado y futuro le adoran artistas como Flying Lotus o Thundercat, productores que hoy marcan la pauta en la música electrónica y que probablemente darían un dedo por cosas como 'Come running to me', una fiesta del vocoder casi disco de 1978 que Hancock cantó el sábado en el Palau. Cuando se metió de lleno en el pop, con una canción inédita que decía "breathe in, breathe out", -inspira, expira-, el resultado ya era más dudoso. No pasa nada. Hancock sigue siendo 'cool'.

De lo ignoto a lo icónico: entre giros constantes asomaban guiños a algunos de sus clásicos, y al fin, un "¡oh!" de satisfacción absoluta en la platea. Hancock anunció 'Actual Proof', un éxito de su añorada banda de los 70, los Headhunters. Gancho, pegada y vigor. Con una banda que combina veteranos y nuevos fichajes -el batería se estrenaba esa misma noche y la joven flautista Elena Pinderhughes apenas ha dado media docena de conciertos con él-, el pianista consiguió dar nueva vida incluso las piezas más socorridas. Si hay alguien en la tierra que aún pueda hacer sonar frescos los acordes pegadizos de 'Cantaloupe Island', mil veces manoseados por pianistas de toda condición durante más de cincuenta años, ese es Herbie Hancock. Si el 'riff' vacilón de 'Chamaleon', tan fácil en apariencia, conserva todo su poder, es cuando lo toca él. Teclado-guitarra colgada al hombro, sonrisa franca, uno más junto a sus músicos, Hancock se despidió con su propio clásico. Un fin de fiesta a juego con un concierto que fue, ante todo, ameno. Un día escucharemos el disco con música nueva en el que lleva trabajando años. Un día, quizás, nos asombrará de nuevo con esas ideas que se intuyen incluso cuando toca la música más ligera del mundo. En Herbie Hancock aún queda futuro.