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ENTREVISTA

Neus Ballús: "El cine social suele ser muy deprimente, y yo no lo soy en absoluto"

La directora catalana ha estrenado 'El viaje de Marta'

Beatriz Martínez

Neus Ballús.

Neus Ballús.

Después de abordar los límites entre la ficción y el documental en ‘La plaga’, Neus Ballús (Mollet del Vallès, 1980) da un paso más allá con su nueva película, ‘El viaje de Marta’, que, desde un punto de vista más narrativo, pero sin abandonar su mirada observacional, nos enfrenta a las contradicciones de una joven que pasa las vacaciones con su familia en un 'resort' de Senegal. Una película de aprendizaje sustentada sobre el choque tanto generacional como cultural y en la que se ponen de manifiesto los prejuicios con los que el Primer Mundo mira hacia África.

¿Por qué decidió utilizar la perspectiva de una chica adolescente para contar la historia?

Yo me hice la pregunta: ¿qué me ha formado como adulta?, ¿qué ha contribuido a ser como soy? Y sí que recordaba una serie de viajes que hice a esa edad en los que me di cuenta de algunas cosas importantes, como que, por el hecho de haber nacido donde había nacido, eso condicionaba mis relaciones personales. Ese fue el punto de partida, por eso la edad era importante. Y el hecho de que sea una mujer es evidente que lleva implícito mi punto de vista. En cualquier caso, la perspectiva de género no se reduce a tener protagonistas femeninas, se trata de algo más transversal.

La adolescencia es un momento interesante ya que se trata de una etapa de cambio, no solo porque en ella se conforma la personalidad, sino porque también se cuestionan los valores. Todo eso aparece implícito en la película, así como la rebeldía propia de esa edad.

Así es. Además, para una chica en un país como Senegal parece que todo sea peligroso. Las prohibiciones y los miedos son mucho más extremos en el caso de las mujeres. Los padres tienen más miedo a dejarnos solas a nosotras que a nuestros hermanos, eso sigue pasando. Es inconsciente, pero siempre hemos sido más vulnerables a nivel físico. Y esto acaba condicionando nuestras experiencias. En el caso de Marta, es una chica que no tiene miedo.

¿Senegal fue uno de esos países que le marcó durante sus viajes de juventud?

Yo había viajado mucho por Latinoamérica. Siempre he sido muy curiosa a la hora de conocer gente, de ver cómo vive, qué piensa, cuáles son sus dificultades y cuáles son los puntos en común para llegar a entendernos, porque hay problemas que son universales. Pero esto me fue imposible llevarlo a la práctica en Senegal. No pude establecer relaciones personales porque había una barrera muy grande entre ser blanco o negro, ser rico o pobre. Ese malestar quedó ahí y un día me di cuenta de que tenía que darle salida, que era importante explicar todo esto. Porque, al fin y al cabo, esa falta de comunicación, esos prejuicios, están presentes en nuestra vida diaria.

¿Se trata de una cuestión de no entender al otro?

Deberíamos asumir que somos diferentes y, a partir de eso, establecer un marco de honestidad. Hablemos abiertamente de lo que nos sucede. Yo creo que lo que ocurre a nivel micro de relaciones, termina reflejándose en lo macro, y esa es la base de muchos de los conflictos que tenemos ahora. No entender al otro, no querer bajar del burro, los intereses cruzados…

Supongo que se refiere al conflicto en Catalunya. ¿Cómo ve usted la situación?

Yo estoy muy desconcertada por el rumbo que ha tomado todo. A mí me gusta ver las cosas en general con una cierta perspectiva. Hay gente que analiza las cuestiones desde la urgencia, y yo soy de tiempos largos. Pero pensando en la edad temprana de la protagonista de mi película, me pongo en la piel de esos jóvenes y pienso que todos hemos pasado por una etapa de rebeldía más o menos bestia dependiendo de las circunstancias históricas que nos han tocado vivir. Y entiendo el enfado. No lo defiendo, pero hay algo visceral en esa edad. Toda la juventud debería pasar por una etapa antisistema, de cuestionarse las cosas, desde la familia y los estudios hasta las instituciones. Y eso está bien.

¿Cree que esa juventud airada ha servido de revulsivo?

Las cosas tienen que moverse hacia adelante, hay que forzar un diálogo. Lo que no se puede tapar es un descontento tan grande de una gran parte de la población, y menos con represión policial.

En la película, la protagonista se enfrenta a su padre, hay una parte de rebeldía generacional muy importante.

Tiene que ver con todo esto que hablábamos. Solamente por ser tu padre, vas a estar en contra de todo lo que diga, forma parte de ese momento. Lo que Marta descubrirá a lo largo de la película, es que no es tan diferente como cree de su padre. Y habrá una refundación de esa relación que marcará la etapa adulta. Asume que son diferentes, pero también hay un vínculo afectivo que va más allá.

Aunque estemos en el terreno de la ficción, su mirada es documental. Supongo que quería alejarse lo máximo posible de la imagen del turista.

Creo que todos hacemos cosas moralmente cuestionables cuando viajamos, cuando estamos aquí también. Todo el rato estamos tomando decisiones que son en cierta manera políticas, pero muchas veces lo hacemos de manera inconsciente. Y mi idea con la película es que se haga de forma consciente. Que nos demos cuenta de lo que estamos haciendo mal, porque algo estamos haciendo mal, si no, las cosas no irían como van.

Su cine aborda los aspectos sociales desde un punto de vista diferente, ¿qué cree que es lo que más la identifica?

El cine social suele ser muy deprimente, y yo no lo soy en absoluto. Aunque veo con preocupación ciertas realidades, y por eso las destaco, me gusta aportar como cineasta algo de luz. ¿Qué tengo que decir yo? ¿Que el mundo es una mierda? ¿Que no hay nada bueno en él? No quiero. La situación está muy mal, pero aún podemos decidir.