CRÓNICA

La Polla Records, bromas muy serias en el Sant Jordi

El grupo alavés ofreció un arrollador recorrido por su colección de hitos punk políticos y satíricos en ocasión de su 40º aniversario

Evaristo Páramos, cantante de La Polla Records, el viernes en el Palau Sant Jordi.

Evaristo Páramos, cantante de La Polla Records, el viernes en el Palau Sant Jordi. / FERRAN SENDRA

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Jordi Bianciotto

Como si lo hubieran calculado en una mesa de laboratorio, La Polla Records han dado en el clavo con su regreso y se han encontrado el panorama social lo bastante excitado para que lo suyo se reciba como maná caído del cielo. ¿Cuanto peor, mejor, para el grupo alavés? Son buenos tiempos para esas canciones que arremeten contra políticos, banqueros, sacerdotes, militares, burgueses, yanquis y ‘hippies’ a golpe de punk satírico.

Las entradas para el concierto de este sábado en el Palau Sant Jordi volaron con rapidez, mientras que las del viernes, fecha añadida con posterioridad, no llegaron a agotarse. Telón negro, pues, en la grada frontal de la sala, reduciendo la capacidad. Nada grave: hablamos de cerca de 30.000 personas saludando en Barcelona este regreso exprés de Evaristo y compañía. Que contaron con un viejo colega, El Drogas, muy puesto en situación: citas a Barricada, de la antimonárquica ‘Come elefantes’ ("vamos a desahuciar a la Casa Real") a ‘En blanco y negro’, y la versión de ‘Aprieta el gatillo’, de Cicatriz.

Más que un telonero

El Drogas no fue un simple telonero, ya que activó los resortes de la memoria y estableció un contexto, como brindando una alfombra roja a los protagonistas de la noche. La imagen, en las pantallas, de una cruz en llamas precedió a Evaristo y compañía, anticristos prestos a entrar al trapo con la clásica ‘Salve’. Texto con vestigios de traumas escolares: "Realmente tíos, nunca he visto / religión que pretenda tanto / salvarnos a hostias". Guitarras 'punkarras' con dientes de sierra, un Sumé que cantaba cada estrofa para sus adentros y el baile pogo imperando locamente en la pista.

Y bien, en adelante, otras 43 canciones pasadas por las armas sin apenas pausas; una hora y 50 minutos de tralla sonora y conceptual: en modo sarcástico (‘Nuestra alegre juventud’) y recordando que ya en 1984 ellos hacían canciones (como ‘Delincuencia’) donde los banqueros eran "unos ladrones" y los políticos, "estafadores". Humor de kalimotxo en la cafre ‘Chica yeyé’ ("que se masturba con el pie", y en la que el protagonista se ve, en el futuro, calvo, con deudas, borracho y asesinado en un hospital de la Seguridad Social) y enmiendas totales al sistema (‘Come mierda’). Evaristo no solo cantó; también soltó un ostentoso eructo. "Huy, perdón, pensaba que estaba solo".

Con menos bromas

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Tras una pausa amenizada irónicamente con el tontorrón hito sesentero ‘Stupid cupid’, de Connie Francis, el grupo reapareció elevando un poco la apuesta. ‘Europa’, del álbum ‘Negro’ (1992), apuntaló un bloque con menos bromas, más grave y de textura menos saltarina, y con más piezas procedentes de su etapa tardía.

Aunque el concierto se estiró luego con generosas tandas de bises (‘Carne para la picadora’, ‘Toda la puta vida igual’, ‘Odio a los partidos’...), la última esencia de La Polla Records estuvo justo antes, en particular la desoladora ‘Ellos dicen mierda’, con toda esa letanía que ya en su versión discográfica se cantaba a coro ("mogollón de gente vive tristemente / y van a morir democráticamente") y que prendió en el Sant Jordi como una misa profana, y un ‘No somos nada’ más desafiante que nihilista, conectando con la historia: "Somos los nietos de los que perdieron la guerra civil / ¿Quieres identificarnos? Tienes un problema". Cánticos que hablaron del legado de La Polla Records como un material menos frívolo o llanamente efectista de lo que a veces pueda haber aparentado, que conecta con una conciencia colectiva honda y reserva destellos de peligro.