Ir a contenido

ENTREVISTA

Depedro: "La música infantil ha sido muy condescendiente"

Jairo Zavala publica 'Érase una vez', un disco que ve provisto de una "función familiar" y que presenta en Razzmatazz

Jordi Bianciotto

El cantante y músico Depedro.

El cantante y músico Depedro. / RICARD CUGAT

Tener hijos ha llevado a Jairo Zavala, Depedro, a idear un disco en el que se dirige a los niños tratando de evitar los clichés que cree propios de la música infantil común. En ‘Érase una vez’ desarrolla su noción de pop con influjos del folclore latinoamericano y la colaboración de su amigo Joey Burns (Calexico). Lo muestra este viernes en Razzmatazz, sesión que abrirá la guatemalteca Gaby Moreno.

¿Un disco infantil, o más bien familiar?

Tengo muy testada su función familiar, porque estas canciones han ido formándose en casa a lo largo de 15 años, que es la edad del mayor de mis tres hijos. Quiero pensar que es un disco dedicado a la infancia, no para niños exclusivamente. Algunas canciones son venganzas contra mis hijos, como aquella en la que pregunto “¿cuál es tu palabra favorita?”.

“No, no, no...”

Exacto, ahí canta mi hijo pequeño conmigo y sus hermanos y mi mujer hacen coros. Y hay protesta también en temas como “Quiero descansar”, que vienen de frases que me han dicho mis hijos en algún momento.

¿La idea es decir que todos tenemos un niño dentro?

La finalidad de este disco es el disco en sí. Creo que es el disco que me hubiera gustado escuchar alrededor de la experiencia de tener familia. Yo soy del 73 y crecí con ‘Los payasos de la tele’, que eran músicos excelentes, y las canciones de María Elena Walsh que cantaba Rosa León. Musicalmente no me enganché a nada más de la música infantil, porque creo que lo que había era muy condescendiente. No tengo nada en contra de eso, pero Parchís me sonaba un poco a plástico. El contenido musical era lo de menos, allí era el fenómeno.

En cuanto al lenguaje musical que utiliza, ¿qué consecuencias tiene pensar canciones en esa clave familiar?

Yo trato al niño con el mismo respeto que al adulto y musicalmente lo he dado todo. He utilizado ciertas referencias rítmicas: en ‘El niño triste’, que se basa en ritmos peruanos de festejo. He hecho un poco de investigación. La cumbia amazónica, por ejemplo. Sigo igual que siempre. ¿Por qué un niño no va a entender a Stravinski? Hay que darle la oportunidad. Quizá lo entiende mejor que tú y se emociona. No hemos de ser condescendientes, ni hablarles en plan “ñi-ñi-ñi”, porque a lo mejor entienden que esa es la forma correcta de hablar.

Incorpora ingredientes folclóricos, pero, ¿sigue siendo un artista pop?

Me gusta mucho la melodía, y vestirla con ritmos de folclore, entendidos como parte de la identidad cultural de los pueblos y de la humanidad. Son una fuente inagotable de inspiración, y ahí seguiré rascando porque me llena el corazón y la mochila de muchísimas cosas.

Debe de conocer a Kevin Johansen. ¿Se siente un poco cerca de lo que él hace?

Pues me encantaría que estuviera cerca, porque él es un maestro. Toqué con él y con Drexler este verano, y le voy a ver ahora, porque iré a Argentina y toco en su bar, ‘La Tangente’, de Buenos Aires.

En una de las canciones del disco, ‘Deal’, participa Joey Burns, de Calexico. Una relación que viene de lejos.

Llevamos diez juntos y hemos grabado diez discos. ¡No está mal! No ha bajado un ápice su maestría y su generosidad conmigo y con mucha gente. Es un ‘maestrazo’, a la par que amigo. Esta en el disco porque su inglés es mejor que el mío y tiene un acento muy bonito que pega bien con esta canción, que concebí en esa lengua. ‘Deal’ tiene un punto de Americana, del sureste, y Joey es un maestro ahí.

La conexión con Calexico comenzó con Amparo Sánchez en los tiempos de Amparanoia.

Sí, Amparo y yo hicimos el bolero “Don’t leave me now” y ellos hicieron una versión. Fuimos a Bruselas y conocimos a Joey y allí empezó el idilio. Hace más de 10 años. Yo con Amparo tuve un grupo, antes de Amparanoia, que se llamaba Ampáranos del Blues.

Y a través de Calexico ha conocido a Gaby Moreno, la cantautora guatemalteca afincada en Los Ángeles que abre su concierto en Razzmatazz. Acaba de publicar un disco espectacular, ‘¡Spangled!’, a medias con Van Dyke Parks.

En la música siempre buscamos el diálogo y siempre hemos invitado a artistas en todas las giras. Gaby abrió nuestros conciertos durante un año y nos hicimos muy amigos. Tiene una gran capacidad de registros musicales y una generosidad tremenda. Cantaba con nosotros, hacía percusiones..., y nosotros la acompañábamos en algunos temas. Estoy orgulloso de que haya llevado a cabo ese proyecto con Van Dyke Parks, un disco buenísimo y encima con el lujo de tener en él a gente como Jackson Browne o Ry Cooder.

Las giras de Depedro han dado la vuelta al mundo.

He actuado mucho por Estados Unidos, que un país es un continente. Pero debido al éxito que he ido teniendo en España mi afán de dominación mundial me ha bajado un poco. He tocado en Australia cuatro o cinco veces, y en Nueva Zelanda, Corea del Sur, toda Europa, Latinoamérica... Y en el Reino Unido. Pero yo me tengo que traer cosas en la maleta de tipo artístico, y aunque del mundo anglosajón he aprendido mucho, ahora me apetece más irme quince días a Mali a tocar con Toumani Diabaté o a Colombia a aprender de los Cumbia All Stars. Lo que más me interesa es seguir creciendo como músico.

Tras más de diez años de trayectoria como Depedro, ¿tiene la sensación de que ha costado que su discurso se entienda y cale?

Mi camino ha sido muy lento, pero no lo he sufrido. Yo he ido toda mi vida por carreteras secundarias, y eso está bien: te da tiempo de disfrutar del paisaje e ir asimilando lo que pasa. Lo más triste del éxito inmediato es que ya está, ya has llegado. ¿Y el camino? El camino es la vida.

Y llega a Razzmatazz, la sala más grande en la que ha actuado en Barcelona.

Llegamos en un momento muy dulce, con la banda muy engrasada. Y ahora estoy trabajando en un espectáculo en torno al disco para más adelante que no será un concierto al uso, que será un poco teatralizado e interactivo. Quizá para matinales en un teatro o auditorio. Algo que sea diferente, ameno y estimulante. No puedo decir mucho más: estoy trabajando en el guion.