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CLAVES DE UN DIRECTOR

Bong Joon-ho: una olla exprés de frustración y rabia social

El cineasta susrcoreano tiene debilidad por los marginados del sistema, que los rechaza hasta hacerlos invisibles

Beatriz Martínez

Bong Joon-ho.

Bong Joon-ho.

Desde que comenzó su carrera con ‘Barking dogs never bites’ (2000) hasta su consagración definitiva con ‘Parásitos’, Bong Joon-ho ha utilizado sus películas para elaborar un discurso metafórico desde dos perspectivas diferentes: exorcizar los fantasmas del pasado histórico de su país, Corea del Sur, y realizar un incisivo y nada complaciente análisis del mundo en el que vivimos a través de la crítica social y política.

‘Parásitos’ recoge el testigo de películas como ‘Rompenieves’ en la que se establecía un sistema de castas a lo largo de los vagones de una locomotora cuya parte delantera era ocupada por los privilegiados, los poderosos y opresores, mientras que en la cola se hacinaba la masa pobre.

En ‘Parásitos’, una familia muy humilde sobrevive como puede hasta que se le presenta la oportunidad de ir ocupando progresivamente los puestos de servicio de una mansión de diseño a través del engaño y la picaresca. Los desheredados reclaman un lugar dentro de una sociedad que sigue mirándolos por encima del hombro, con desprecio y paternalismo.

Bong Joon-ho siempre ha tenido predilección por los seres marginados dentro del sistema que los rechaza hasta convertirlos en invisibles. Personajes desprotegidos y aplastados por toda una estructura jerárquica inamovible imposible de resquebrajar. Por eso, sus historias se convierten en una olla exprés siempre a punto de explotar en las que se refleja la frustración, la impotencia y la rabia del ciudadano medio y su necesidad de plantarle cara a la discriminación y las injusticias. 

Por esa razón el director juega con los espacios para representar esa otredad, esa cara oculta que no se quiere mostrar en la superficie, tan perfecta como hipócrita. Así, los subterráneos, las alcantarillas, los túneles (presentes como figura alegórica en ‘Memories of murder’, ‘Rompenieves’ o ‘The host’), se convierten en el hábitat natural de sus criaturas y en símbolo de su situación estigmatizada. En ‘Parásitos’, la familia protagonista vive en un semisótano, condicionando que su mirada sea de abajo hacia arriba, ya que desde su perspectiva solo llegan a ver una parte de lo que ocurre en el exterior. En la casa de la familia pudiente también encontramos una escalera que nos conduce a un búnker que nos conecta con el horror del aislamiento y la penuria.

Ambigüedad y complejidad moral

“Ahí abajo se esconde algo terrible”, decían en ‘The host’. Y es que lo monstruoso termina por convertirse en un elemento cotidiano para evidenciar las carencias tanto íntimas como colectivas. Al fin y al cabo, se trata de una cuestión de supervivencia. Por eso el director nunca juzga a sus personajes, siempre los muestra con sus luces y sus sombras a través de la ambigüedad y complejidad moral. Es un maestro a la hora de poner de manifiesto que las apariencias siempre engañan, de plasmar el derrumbe de los valores, de extraer las miserias del ser humano y de plantear cuestiones escurridizas.

‘Parásitos’ es una película importante no solo por el virtuosismo que desprenden sus imágenes, por la capacidad imaginativa de su narración, por su portentosa mezcla de géneros. También es importante en este momento porque pone de manifiesto la hipocresía en la que nos encontramos instalados y el odio que genera el sentimiento de exclusión y desarraigo.