Ir a contenido

CRÓNICA

'Réquiem' hipnótico de Maria Rovira

Los bailarines de Crea Dance Company y la música de Mozart en directo trasladaron al público a otra dimensión en el Centre Cultural Terrassa

Maria Rovira convierte la música de Mozart en una danza de almas en el Centre Cultural Terrassa

Marta Cervera

Los intérpretes de Crea Dance Company en un momento de la coreografía de Maria Rovira inspirada en el célebre ’Réquiem’ de Mozart.

Los intérpretes de Crea Dance Company en un momento de la coreografía de Maria Rovira inspirada en el célebre ’Réquiem’ de Mozart. / JOSEP GUINDO

Maria Rovira, coreógrafa experimentada y sabia, le ha cogido el gusto a las grandes obras sinfónico corales. El año pasado triunfó con una aclamada versión de danza contemporánea  de 'Carmina Burana' con Crea Dance Company. Este último fin de semana ha estrenado el 'Réquiem' de Mozart con una magnífica acogida en el Centre Cultural Terrassa. Estar a la altura de una música tan bella como melancólica y profunda no es fácil pero los impresionantes bailarines de Rovira hicieron vibrar al público con un despliegue de técnica, virtuosismo, fluidez y conexión tanto entre ellos como con la música.

La pieza se inició con el sonido de unas respiraciones profundas que se apagan con la partitura interpretada en directo por una afinada Simfònica del Vallès, las voces de la Coral Cantiga, el Cor Montserrat y un buen conjunto de solistas: Mireia Tarragó (soprano), Marta Cordomí (contralto), Jorge Juan Morata (tenor) y German de la Riva (bajo).

Rovira saca el máximo partido de intérpretres que lucen tanto en conjunto como individualmente     

El haber superado un grave problema de salud hace unos años impregnó la visión de Rovira de la misa de difuntos de Mozart. Su 'Réquiem' no es triste sino luminoso. Transporta a otra dimensión con movimientos orgánicos a veces, geométricos otras, que beben tanto de la danza contemporánea como de las tradiciones africana y oriental.  Cuidada al detalle, la obra empezó con un cuerpo inerte en el suelo que es transportado a otro mundo y acaba con esos espíritus devolviéndolo a su origen. Tiene algo de budista.

Tanto en los solos como en compenetrados dúos y en ejercicios corales de gran precisión Rovira sacó el máximo partido de sus intérpretes capaces de hipnotizar al público. La idea de comunidad se reflejaba en fabulosos gestos de esos brazos, inspirados en las cadenas de ADN, en una bella escena coral donde formaron un todo fluido y cambiante mientras sonaba el 'Lacrimosa'. Tan impresionante fue ese pasaje como los saltos y piruetas de Javier Monier Jr y Keyvin  Martínez -quien interpretó a Carlos Acosta de joven en la película 'Yuri'- y los equilibrios de Úrsula Mercado en determinados momentos.   

Magia

Los músicos dirigidos por Josep Prats debieron concentrarse en la obra póstuma de Mozart para no dejarse llevar por los impresionantes e ingrávidos movimientos de la decena de bailarines que entraban y salían de escena enlazando las transiciones como por arte de magia. La espiritualidad de la música conectó con una danza aérea que incluyó complejas construcciones humanas.

Como ya hiciera en 'Carmina Burana', Rovira colocó el escenario en el centro permitiendo apreciar el trabajo de bailarines y músicos de manera frontal a una parte del público y sentirse envueltos por la música a quienes se sentaban de espaldas a la orquesta y el coro. Toda una experiencia.

Otro éxito para Crea Dance Foundation, iniciativa cultural privada promovida por Tian de Pasqual, Lourdes de Pasqual y Marta Antich sin la cual no existiría la compañía que dirige Rovira. 

Temas: Críticas Danza