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DESMITIFICACIÓN

A palos con la movida madrileña

Tras décadas de consenso, algunas voces agrietan el relato glorificador de aquella escena, cuestionando su aportación musical y denunciando un apoyo mediático y político desmedido

Nando Cruz

El rapero El Coleta, en el 2018.

El rapero El Coleta, en el 2018. / ELISENDA PONS

La movida madrileña genera un consenso insólito. Alabada en su día como el soplo de aire fresco que necesitaba España y consagrada por la inercia historicista y recurrentes arreones nostálgicos, parece que no quedan más libros que publicar, discos que reeditar o exposiciones que inaugurar. Pero siempre hay una más. Mientras, en dirección contraria a esa eterna fascinación, aparecen voces que cuestionan la calidad artística y las consecuencias de aquella juerga.

El periodista Víctor Lenore publicó en el 2018 el ensayo ‘Espectros de la movida. Por qué odiar los años 80’, donde califica la movida madrileña con adjetivos como frívola, clasista, neoliberal y ególatra. “Lo mejor que dio la movida fue una inyección de frivolidad después de cuarenta años muy solemnes. Hacia falta esa alegría, hedonismo y diversión”, reconoce. Pero bajo tanta fiesta, latían otros valores que hoy critica: “Lo peor es que fue una juerga elitista, narcisista y excluyente basada en el consumo y la exhibición de estatus. El PSOE supo ver que aquello era lo suyo y por eso lo promocionó a fondo”.

Obviamente, el suyo no es el primer ensayo que cuestiona la movida. Él mismo señala ‘Dejar de pensar’ (1986) y ‘Volver a pensar’ (1989), “panfletos muy cáusticos de Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria”, profesores de Filosofía y guionistas de ‘La Bola de Cristal’, “un programa con un pie en la movida y otro en el marxismo”. Apunta también ‘El mono del desencanto. Una crítica cultural de la transición española’, ensayo de la investigadora cultural Teresa M. Vilarós cuya teoría es que “la movida no fue el champán que descorchamos tras la muerte de Franco, sino la única metadona disponible cuando nos quitaron esa heroína que fue la expectativa de un cambio social”.

Patricia Godes, periodista musical que vivió la movida en primera fila, afirma que entonces solo había dos voces críticas: la del periodista heavy Mariscal Romero y la suya. “Él decía que eran unos protegidos del PSOE y unos niños de papá y yo, que los grupos eran tan malos que te tenías que tomar dos aspirinas del dolor de cabeza que te daba verlos”, resume. Una de las excusas de los grupos era eso de ‘no sabemos tocar, pero tenemos ideas’, recuerda. “¿Qué ideas tenían?”, se pregunta hoy. “Salvaría a los Pegamoides porque había una coherencia entre el punk y la cultura populachera de anuncios de televisión y horteradas españolas, pero todos los demás copiaban tarde y mal”.

Una pata de la transición 

El rapero madrileño El Coleta publicó en el 2015 ‘MOVida madrileña’. “No era un disco contra la movida, sino un antihomenaje”, matiza. “Hay muchísimas canciones buenas en la movida, pero está muy mitificada porque es una de las patas de la post-transición que sirvió para refrendar que España tuvo una transición y que éramos modernos”. Godes ni siquiera ensalza el balance musical: “Salió media docena de canciones muy buenas, pero si escuchas Los 40 Principales cuatro años también et sale media docena de canciones muy buenas”.

Ramsés Gallego, nombre real de El Coleta, nació en 1980 y no vivió la movida, pero su conciencia crítica le hizo ver que “la movida es una música oficialista que, aunque naciese como algo libre, fue engullida por el gobierno”. Y desarrolla su tesis: “Obús, Burning, Los Chichos y Los Chunguitos tenían más éxito entre las clases populares, pero no era eso lo que se quería vender como marca España. Los Chichos hablaban de delincuencia y de una España yonqui, pero el gobierno preferían canciones que hablasen de que ‘quiero ser un bote de colón’. La movida fue una burbuja creada por los medios, que dieron más importancia a unos artistas que acabaron siendo marionetas del PSOE”.

Lenore resalta el conformismo de la movida echando mano de la hemeroteca cuando Pedro Almodóvar declaraba: “Lo nuestro fue un movimiento político: militábamos en la frivolidad”. E insiste en el clasismo, “la mayoría de veces inconsciente”, de esa escena. A esto último Patricia Godes pone una objeción: “En Rock-Ola se suspendía la lucha de clases. Había personas de todas las clases, aunque solo cupiesen 600”. E insiste en que “casi todos los músicos eran hijos de gente del arte y la cultura: humoristas, cineastas, libreros, poetas, pintores, guionistas, periodistas, fotógrafos... Y a periodistas como Carlos Tena les interesó porque eran los hijos de sus amigos progres”, añade.

Sin oposición generacional

Los motivos del consenso tan favorable que generó la movida son difíciles de explicar, aunque Godes apunta una tesis: la movida deslumbró tanto a la juventud como a “esa gente de 30 y 40 años que había crecido en el oscurantismo franquista y quería decir que ya había llegado la transición”. Sin oposición generacional, la movida tuvo el terreno allanado. Lo que no se explica Godes es que el consenso haya resistido tres décadas. Tal vez ayude el escaso interés del periodismo musical en cuestionar cánones asentados. Aunque para Lenore, lo preocupante es que los valores de la movida pervivan “encarnados en estrellas prosistema como C Tangana, Los Javis, Mario Vaquerizo y otros más, cuya principal función es machacar los valores neoliberales con un toque hedonista”.

La vicealcaldesa de Madrid Begoña Villacís anda entusiasmadísima con su proyecto del Museo de la Movida, pues tiene el apoyo de todos los partidos del ayuntamiento; una prueba más del consenso que genera la nostalgia de la movida en todos los flancos parlamentarios. Un banco patrocina esta exposición de Fotocolectània, lo cual reafirma que aquel decorado hedonista no generó entonces ni ahora conflicto en los poderes económicos. ¿Sería imaginable hoy una retrospectiva fotográfica de La Polla Records o de Los Chichos patrocinada por un banco? “Tal y como es el capitalismo, podrían hacer una de Los Chichos y quedarse tan anchos”, intuye El Coleta, mientras suelta entusiasmado que este fin de semana cumplirá un sueño: ser fotografiado por Miguel Trillo.