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'El jovencito Frankenstein': canciones, humor y una espectacular escenografía

El montaje sigue fielmente la comedia original de Mel Brooks aunque el desenlace es ligeramente diferente

Destaca por la divertida escena del monstruo con el invidente y un número al estilo de Broadway

Eduardo de Vicente

El reparto de este musical, al completo.

El reparto de este musical, al completo. / LIGHUEN DESANTO

En 1974, el director Mel Brooks estrenó El jovencito Frankenstein, una divertida parodia del clásico de terror El doctor Frankenstein que, para homenajear al original, fue rodada en blanco y negro. Pese a esta arriesgada decisión fue un éxito internacional por su sucesión de gags que aquí sorprendió bastante en la época por los constantes chistes sexuales ya que estábamos en los últimos días del franquismo. El propio Brooks, animado por la repercusión de la versión musical de otra de sus películas, Los productores, decidió hacer lo mismo con el filme sobre los personajes de Mary Shelley, que se estrenó en Broadway en el 2007 y que ahora ha llegado al Teatre Tívoli donde podrá verse tan solo cinco semanas.


  

Una escenografía cambiante y espectacular

Esta adaptación sigue fielmente la mayor parte del filme aunque registra algunos cambios en el tramo final. Su principal baza es la espectacular escenografía que cambia constantemente y nos traslada a los distintos escenarios de la película. La mayor parte de las bromas ya estaban en su original cinematográfico y las canciones, sin resultar memorables, cumplen su misión. Va de menos a más y arranca con aplausos tibios y escasas risas para ir ganando a medida que va avanzando la trama. Da la impresión de que faltan algunas representaciones (parte del reparto cambia respecto a su estreno en Madrid) para ir cogiendo algo más de ritmo en su primera mitad.

El doctor (derecha) canta y baila con la compañía. / LIGHUEN DESANTO

La función arranca con una divertida advertencia para que la gente apague sus móviles. En el número introductorio (Ya podemos vivir en paz), se proyectan imágenes en blanco y negro en referencia al filme y los aldeanos muestran su satisfacción por el fallecimiento del barón Frankenstein hasta que advierten que aún queda un descendiente. Es un científico que da clases en Nueva York, que se empeña en que le llamen Fronkonstin (Víctor Ullate Roche, con el característico pelo rizado y el bigote de Gene Wilder) que canta y baila con sus estudiantes mientras les enseña los secretos de El cerebro. Recibe la noticia de la herencia y decide partir hacia Transilvania y su egocéntrica novia, Elizabeth (Marta Ribera) acude al puerto para despedirle aunque no le permite contacto físico alguno (No me toques).

Elizabeth no permite que su novio Victor la toque. / LIGHUEN DESANTO

De las primeras carcajadas a las coreografías

De nuevo y por fin los dos juntos es el número que interpretará el protagonista en la estación de tren de Transilvania junto al personaje más esperado, Igor (Jordi Vidal), el divertido jorobado que pretende colaborar con él como ya hizo con sus antepasados. También conocerá a Inga (la sorpresa del último Rent, Anna Herebia), una atractiva rubia que quiere convertirse en su ayudante. Los tres suben para dar Un paseo en carro de heno en el que vuelven a utilizarse las proyecciones para dar la impresión de movimiento. En un lateral aparece la puerta del castillo y, poco después, conoceremos a la ama de llaves (Teresa Vallicrosa) Frau Blücher (¡hiiii! ¡hiiihí!). Sí, como en el filme, cada vez que se pronuncia su nombre, los caballos relinchan. Entraremos en la biblioteca y el doctor intentará hallar el camino secreto al laboratorio mientras intentarán convencerle de que continúe con el Negocio familiar, otro número de baile con sencillas coreografías.

En el viaje en carro se utilizan proyecciones para fingir movimiento. / LIGHUEN DESANTO

La obra empieza a animarse con Vida, en la que el doctor y sus ayudantes prueban el experimento con el cadáver para lo cual se sube en una plataforma que asciende por el aire mientras salen chispas por todas partes. Los vecinos del pueblo se temen lo peor y acuden al castillo en busca de respuestas y toda la compañía danza al ritmo de la divertida Así se baila en Transilvania, que acaba con la huída de la criatura (Albert Gràcia) y cierra el primer acto por todo lo alto.

El doctor asciende en una plataforma durante el experimento. / LIGHUEN DESANTO

Una segunda parte con dos grandes números

El inicio de la segunda parte tiene lugar en el bosque (imaginativamente recreado) con todos en busca del monstruo (El terror anda suelto) mientras Inga y el doctor descubren que su atracción no es solo intelectual (Atiende al corazón). Empiezan los enredos amorosos, las sorpresas y una de las escenas más hilarantes del musical, el encuentro del gigantesco ser con un ciego que quiere ser su amigo (por cierto, curiosidad, en la película este personaje fue interpretado por un primerizo y casi irreconocible Gene Hackman).

El número 'Puttin'on the Ritz' es un homenaje a Broadway. / LIGHUEN DESANTO

El otro gran momento llegará poco después con la presentación del monstruo en sociedad en el que los espectadores nos convertimos, en eso, en el público de un teatro, un número en la más pura tradición de Broadway versionando el clásico de Irving Berlin, Puttin’on the Ritz, con bailarines vestidos de etiqueta con sombrero de copa y bastón, claqué y las imprescindibles escaleras. Es el momento álgido de la obra destinado al lucimiento de toda la compañía.

El peinado de Elizabeth es una referencia a 'La novia de Frankenstein'. / LIGHUEN DESANTO

Varios cambios respecto al original

La trama prosigue con bromas y referencias (el peinado de Elizabeth en el tramo final remite a La novia de Frankenstein) hasta llegar a un desenlace inesperado (con varios elementos que varían respecto al filme) y que dejan al personal satisfecho. Hay que reconocer que resultan algo molestas las referencias al “oso y el madroño”, “Benidorm” o “habla como Valle Inclán”, que te sacan un poco de la obra ya que seguro que no existen en el original pero la sensación general es de haber disfrutado de un entretenimiento simpático y visualmente servido con mucho detalle con escenarios cambiantes muy atractivos.

Dos ejemplares del divertido Transilvanian Post que se recoge a la entrada del teatro.

Una última recomendación, no hay programa de mano sino un original periódico, el Transilvanian Post, que puede recogerse a la entrada y que desvela muchos detalles del montaje con gracia e ironía y en el que también se encuentran simpáticas referencias a otros musicales de la misma empresa como La familia Addams o el recientemente estrenado Ghost. Dos horas y media para cantar y bailar, reír y encariñarse con la creación del doctor Frankenstein, menos monstruosa de lo que creíamos, al menos de cintura para arriba…  


   

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'El jovencito Frankenstein'

Lugar: Teatre Tívoli (Casp, 8).

Horarios: miércoles y jueves (20.30 h.), viernes y sábados (18 y 21.30 h.) y domingo (17.30 horas).

Precio: de 29 a 58 euros.

Más información: www.eljovencitofrankenstein.com