06 jun 2020

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MUSICA CLÁSICA

La OBC, en clave moderna

El conjunto catalán arrancó su temporada con un estreno absoluto

Pablo Meléndez-Haddad

La OBC, en clave moderna

La temporada de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) se inauguró el viernes por todo lo alto –y patrocinada por El Periódico de Catalunya–, con el estreno de un encargo que marca carácter al conjunto, el del siglo XXI. Se trata de 'Human brother, para soprano y orquesta', de Ferran Cruixent, un estreno absoluto que en media hora condensa el lenguaje de su autor en el que se mezcla la escritura convencional con la inteligencia artificial, ya que contiene frases y melodías generadas por ordenador. Su fuente de inspiración es el texto 'Prayer for the human brother' del propio compositor, que la define en un discurso previo a la audición como “una oda a la física cuántica. Todo colapsa en una sola realidad. Una plegaria para el hermano humano”.

Con Kazushi Ono en el podio, la OBC, motivada e implicada, hizo suya la propuesta de Cruixent con energía y dedicación, contando con la soprano Ilona Krzywicka como solista, quien dominó sin problemas una partitura que pedía una voz más dramática, viéndose, además, obligada a cantar con amplificación ante la desbordante masa sonora. Junto con delicadas vocalizaciones la solista proclama su mensaje sobre una base sonora siempre cambiante y novedosa, con olas de ímpetu mezcladas con paisajes sonoros atmosféricos.

La moderna espiritualidad de la obra calzó bien con el monumental 'Requiem alemán' de Brahms que llegó en la segunda parte en el que se unieron a la soprano el connotado barítono Dietrich Henschel, de canto tan efectivo como oxidado, y un Orfeó Català muy bien equilibrado, matizado y flexible, con las cuerdas agudas a punto. La OBC estaba en su salsa, con un Ono que optó por pasajes de profunda ternura más que por acentos fúnebres, una opción que siempre gusta aunque la plegaria de difuntos se transforme en espectáculo. Se vieron las costuras en el fugado del tercer movimiento, en el que la concertación estuvo al límite, mientras que Ilona Krzywicka pudo desplegar, ya sin micro, su canto elegante y de timbre aterciopelado.