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OTROS ESCENARIOS POSIBLES

Una fonda chilena en el Poblenou

La asociación cultural La Nave de Papel organizó una jornada gastronómica con conciertos y danzas en plena calle para celebrar las fiestas patrias de Chile

Nando Cruz

María Illanes actúa en la jornada de cultura chilena impulsada por la Nave de Papel en el Poblenou.

María Illanes actúa en la jornada de cultura chilena impulsada por la Nave de Papel en el Poblenou. / JORDI COTRINA

Bajando por la calle de Roc Boronat, a la altura de Doctor Trueta, se mezcla el sonido de dos fiestas al aire libre. A la derecha, en la esquina con Ciutat de Granada, el techno severo de un Vermutrònik. A la izquierda, en plena calle, se escucha cantar: "Se ha formado un casamiento / Todo cubierto de negro / Negros novios y padrinos / Negros cuñados y suegros / Y el cura que los casó / Era de los mismos negros". Es la cantautora María Illanes. Interpreta ‘Casamiento de negros’ de Violeta Parra sobre un modesto escenario decorado con plantas, un moai de la Isla de Pascua, una bandera de Chile y una cometa amarilla. 

No puede haber celebración chilena sin canciones de Violeta Parra. Y no puede haber fiesta patria sin cometas, aunque sea a 11.000 kilómetros de Chile, donde es típico hacerlas volar en septiembre. Illanes anuncia que va a cantar ‘Volver a los 17’ y la comunidad chilena al unísono lanza un suspiro de emoción. Algunos están acabando de comer en las mesas de plástico. Otras ya beben sentadas en el bordillo de la acera. Ese luce camiseta de la selección nacional de fútbol con el nombre de Alexis. Esa, un vestido completo con la bandera de su país. A todos les embarga un sentir profundo, en este instante fecundo. Juntos, en un día tan señalado, aunque tan lejos de su añorado Chile.

Tacones y espuelas

Tampoco puede haber fiestas patrias sin fondas, esas casetas de construcción efímera donde se come, bebe y baila. La asociación cultural La Nave de Papel ha montado exactamente eso: una fonda dominical en medio de la calle. Vecinos y turistas que vuelven de la playa se detienen sorprendidos. La comida ha desaparecido y las mesas se van llenando de bebidas. La cantautora terminó y ahora el 'disc-jockey' pincha éxitos de Amar Azul y Tommy Rey mientras el grupo de danzas folclóricas se calza ya sus zapatos de tacón y botas con espuelas. 

"¡Estamos agarrando onda!", exclama el presentador al ver la euforia con que el público se entrega a bailar. "Ya habrá tiempo para la cumbia. Ahora, ¡folclor de la tierra!", maniobra. Y los danzantes de Flor De Mi Tierra son recibidos con vítores y aplausos. Aquí no cabe el enfrentamiento entre tradición y presente. Cualquier expresión cultural suma desde la distancia y la añoranza. Los problemas de sonido deslucen algo la exhibición, pero cuando los danzantes de cuecas bajan para bailar con el público, la fiesta ya es completa. Ahí suena ‘La consentida’, de Los Hermanos Lagos. También suena el himno nacional. Algunos lo cantan  con la mano en el pecho. Es Chile en el Poblenou.

La barra funciona a buen ritmo. Hay empanadas, pastel de choclo y, por supuestísimo, pisco chileno. Lo que viene a continuación es más folclor tradicional, pero hace medio siglo fue lo más moderno. Sergio Villarroel interpreta clásicos de la nueva ola chilena con la única ayuda de un micrófono y los ritmos pregrabados. Son rocanroles y baladas de ídolos chilenos como Buddy Richard, Los Ramblers, Los Ángeles Negros, Los Red Juniors, Los Iracundos… Una abuela que hace un rato sujetaba a su nieto en brazos se lanza a bailar el twist. Ningún paseante puede evitar sonreír al pasar: turistas en bicing, abuelas con andador, alevines con uniforme deportivo...

Violeta ausente

"Qué lejos está mi Chile, lejos mi media mitad / Qué lejos mis ocho hermanos, mi comadre y mi mamá", suspiraba Violeta Parra en ‘Violeta ausente’, canción que compuso en el exilio. Quien la rescata hoy es el cantautor Mario Farias. Luego dedica ‘Qué alegres son las obreras’, de Víctor Jara, a las mujeres trabajadoras de Poblenou. Conforme su selección se vaya dispersando por Cuba y Venezuela, el público también se dispersará. Dos niños se han tumbado sobre la línea discontinua de esta calle que hace un rato era una pista de baile rocanrolera y pronto estará abarrotada de una comunidad ávida de cumbia.

"¡Viva los Piscoleros!", grita alguien. Ahí están. Es otra de tantas bandas de músicos chilenos afincada en Barcelona. Se formaron hace solo un año y ya están agitando los pequeños locales de la ciudad con sus cumbias a medio camino entre Perú y Argentina. No caben más botellas y latas en las mesas. Las sillas, en cambio, están vacías. Todos han saltado a bailar viejos éxitos de Gilda, Los Huayra y Ráfaga que los cinco Piscoleros enlazan con disciplinada habilidad. La calle está caliente: chilenos, locales y turistas bailan una versión del ‘Desesperada’ de Marta Sánchez en esta fiesta patria chilena en las antípodas.

"Desesperada porque ya no sé / Dónde está mi sueño ni porqué se fue / No tengo a dónde ir sin ti / Solo puedo repetir: desesperada / Pero tengo que seguir, queda mucha vida por vivir", proclaman todos en esta feliz calle de Poblenou. Seguirán cantando y bailando hasta medianoche en su gozosa fonda chilena en el exilio.