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MERCÈ GALÁCTICA

Comelade se despide de los escenarios con un concierto majestuoso frente a la catedral

El pianista rosellonés contó con la Cobla Sant Jordi e invitados como Pau Riba, Gerard Quintana y Enric Casasses

Jordi Bianciotto

Pascal Comelade, aplicado al piano y con uno de sus pianos ’de juguete’ al lado, este domingo en la avendia de la Catedral, en Barcelona.

Pascal Comelade, aplicado al piano y con uno de sus pianos ’de juguete’ al lado, este domingo en la avendia de la Catedral, en Barcelona. / ELISENDA PONS

El acento galáctico siempre da un plus de nobleza a la Mercè, y este domingo fue uno de los altos miembros de la cofradía, Pascal Comelade, quien lo puso graciosamente en un concierto de generosos contornos en la avenida de la Catedral. Espectáculo que resultó un poco pasado por agua, pero esa clase de inclemencias terrenales nunca podrán tumbar a un artista que, como explicó su amigo Sisa a través de un mensaje grabado, vino a este mundo "en un pequeño valle del Pirineo" y fue a parar al lado francés a causa de "una tormenta eléctrica".

La turbulencia va con él, en fin, desde la cuna, y en la Mercè, engorrosa lluvia fina aparte, se hizo concierto: majestuoso y con su prescriptivo punto chirriante, como corresponde a la tradición de la Bel Canto Orquestra. Un hilo histórico que, como señaló el presentador de la noche, el poeta Xavier Theros, pudimos degustar en Barcelona por última vez, puesto que se trataba, así lo anunció, de su "despedida de los escenarios". Noche de gala en la que Max fue ilustrando el repertorio con sus dibujos de señores árabes con un solo ojo y una tarántula en la cabeza.

Valses y pasodobles

En un flanco, Pep Pascual, parapetado en un ‘set’ de metales, micro-percusiones y hasta una tetera, oficiando las pompas con un solo de trompeta de aires fronterizos. En el otro, un bigotudo Xavier Aresté transformado en ‘guitar hero’ disonante. Los once integrantes de la Cobla Sant Jordi tomando posiciones, y el señor pianista adentrándose en territorio de pasodoble con ‘L’argot del soroll’.

El mundo de Comelade, con su punto de fuga cósmico y su localismo radical, surrealista pero enraizado en la cultura popular, pasando de un vals angelical a la sardana y de ahí a la travesura punk, y haciendo buenas migas con el verbo colosal de Enric Casasses, "el inefable maestro del triángulo cósmico", como lo introdujo Theros. Poesía voraz en ‘La manera més salvatge’ y la cita a Papasseit de ‘Sense el ressò del dring’, y Pau Riba como invitado en el recitado de ‘Ha passat un àngel’, con una Cobla Sant Jordi en retirada. Sí, Comelade es un tipo con suerte, porque ha podido codearse con aquellos músicos que idolatraba de adolescente, cuando bajaba a Barcelona para empaparse de la vida ‘laietana’.

Simpatía por Dalí

Gerard Quintana protagonizó una secuencia agitadora con el recitado ‘in crescendo’ de ‘El poema de les cosetes’, que Dalí dedicó a Sebastià Gasch, uno de los numerosos guiños de Comelade al vanguardismo histórico. Y en otro extremo, Ivette Nadal fue todo delicadeza en la ‘stoniana’ (Marianne Faithfull mediante) ‘Compassa el mar’, bella y un poco triste. Todo ello, camino de un desenlace en el que la Cobla volvió a reclamar el poder en ‘El bolero del raval’ y la ‘Sardana delsdesamparats’, cumbre última de este Pascal Comelade que quiso decir adiós con las mejores compañías.

Temas: Música