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CRÓNICA

Verbena pop extralarga en la Mercè

La primera noche de la fiesta de Barcelona en el Bogatell acogió arrolladores pases de La Casa Azul y Dorian, y la escena de consagración popular de Oques Grasses, el grupo mestizo-pachanguero de la temporada

Jordi Bianciotto

La Casa Azul, durante su actuación en las últimas fiestas de la Mercè.

La Casa Azul, durante su actuación en las últimas fiestas de la Mercè. / FERRAN SENDRA

Quizá la música urbana sea el nuevo pop, pero, oigan, sin avasallar: el pop a la ortodoxa manera, electrónico pero con sus armonías, sus estribillos no pensados para el perreo y hasta con alguna que otra guitarra siguen arrastrando multitudes, como pudimos observar este viernes en la primera de las noches de la Mercè en la playa de Bogatell. Sesión extralarga por etapas, con la invitación a un mundo feliz de La Casa Azul congeniando sin apuros con otro cancionero amigo de los sintetizadores, el de Dorian, y un epílogo oficiado por el grupo verbenero de la temporada, Oques Grasses.

Guille Milkyway se ha visto últimamente con ánimos y presupuesto para convertir por fin La Casa Azul en un grupo con músicos de carne y hueso, y aunque puede ser raro escuchar ‘Superguay’, ese hito, con un batería que suda aporreando los parches en lugar de aquellos guapísimos figurines del videoclip, la ampliación instrumental aportó grosor, matices y juego escénico. Sus canciones aspiran y coquetean con el perfecto estribillo pop, como las de Pet Shop Boys o Abba, danzando en equilibrio entre la euforia y la melancolía, y en el escenario ‘Mediterràniament’, levantado como cada año por Estrella Damm, entraron vestidas para matar con ‘El final del amor eterno’ y ‘Los chicos hoy saltarán a la pista’.

Con ambición eurovisiva

Guille será un peliculero y un sentimental, pero hay que tener un corazón de melón para no sentir ni un pellizco en el alma cuando nos suministra esas canciones sibilinas que elabora en su madriguera con el único objeto de atrapar a las víctimas del pop. Y que, sin ningún escrúpulo, manejan referentes culturales tan sensibles como Karen Carpenter, Dusty Springfield o Astrud Gilberto, inspiradoras del temazo ‘Esta noche solo cantan para mí’. Con canciones como esta, y ‘La revolución sexual’, la candidata a Eurovisión que no llegó a ser, consumó un pase triunfal que dejó a la concurrencia a punto de caramelo para Dorian.

Noche de ‘keytars’, el teclado típico de los 80 que se toca colgado como una guitarra, y que Belly, de Dorian, lució en algunas canciones, como antes Milkyway. Este grupo barcelonés que triunfa en México vive un buen momento con ‘Justicia universal’, el disco que apuntaló su sesión jugando con fibras sintéticas y líneas de guitarra y bajo un poco a lo New Order pero con un resultón estilo propio. Textos con cierta épica sentimental y un mensaje político en la pieza que da título al álbum, que mezcla el cambio climático con los paraísos fiscales.

Relevo de público

Pero Dorian es un hatajo de veteranos, 15 años les contemplan, y cuentan con ‘hits’ que la afición espera: sobre todo ‘La tormenta de arena’, con su subidón místico, más grandioso todavía con la inmensidad del Bogatell a sus pies. Espacio que sufrió un interesante relevo de público con Oques Grasses, imán de fans adolescentes, generación Canet Rock, que tomaron las primeras filas tan pronto Josep Montero comenzó a entonar ‘Serem ocells’.

Tres semanas después de congestionar Figueres en el Acústica, nueva escena de poderío popular para este grupo de nombre deliberadamente ridículo y que, sin dejar de bailar, cuela insondables textos filosóficos en canciones como ‘Bancals’: “la pau dels cargols és la nova religió”, cantó Montero, el elfo y el poeta, con su guitarrita, invitando a la introspección contra el ruido del mundo, un pintoresco mensaje cuando tocas encantado de la vida ante una multitud de miles de personas en las fiestas de la ciudad.