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HASTA EL 26 DE OCTUBRE

Una muestra plagada de fetiches conecta la ópera con la sociedad de cada época

La exposición 'Ópera. Pasión, poder y política' muestra la evolución de la lírica y su conexión con el contexto social de cada periodo histórico

Marta Cervera

Una de las salas de la muestra ’Ópera. Pasión, poder y política’.

Una de las salas de la muestra ’Ópera. Pasión, poder y política’. / ELISENDA POPNS

La ópera es mucho más que un arte total que aglutina música, texto y escenografía. Sus estrechos lazos con la política y el poder se explican de forma amena en la exposición 'Ópera. Pasión, poder y política', que CaixaForum acoge a partir de este jueves y hasta el 26 de enero. En ella se experimenta de forma inmersiva, a través de auriculares que, de forma automática, conectan pasajes operísticos con el espacio de la muestra. Gracias a ellos se consigue trasladar al visitante parte de la emoción e intensidad de la ópera. Nada más empezar, tras una breve introducción de Josep Pons, director musical del Liceu que ejerce de narrador, lo primero que se escucha es el bellísimo dúo final ‘Pur ti miro…’,  de 'L’Incoronazione di Poppea', de Claudio Monteverdi, una de las primeras óperas abiertas al público de pago en 1642. Al principio solo la nobleza disfrutaba de la ópera pero durante los carnavales de Venecia se empezó a abrir al público. Objetos de diferentes épocas, partituras, instrumentos originales, esbozos de vestuario, trajes, esculturas y cuadros de cantantes y compositores, así como fotografías y proyecciones conforman la exposición. Entre los casi 300 objetos, procedentes en gran parte del Victoria and Albert Museum de Londres, destacan la partitura manuscrita de la ópera ‘Nabucco’, de Verdi, o el diseño de vestuario que Salvador Dalí realizó para una producción de ‘Salomé’, de Strauss, que llevó a escena Peter Brook.

Un clavicémbalo en el apartado dedicado a Venecia / ELISENDA PONS

"Para los jóvenes es importante entender la base de la ópera y el contexto en el que fueron creadas las óperas para entenderlas", señala Kate Bailey, comisaria de esta exposición realizada con el asesoramiento de Kasper Holten, director de la Royal Opera House de Londres. Todas las salas cuentan con una versión resumida de la pieza con sus principales protagonistas, temas principales y escenas clave. "Lo interesante era mostrar como la ópera conecta con la sociedad, de dónde surge y los debates y reacciones que genera".

Ciudades y compositores

La muestra sigue cronológicamente la historia y evolución de la ópera de manera sintética. Se centra en ocho ciudades y ocho estrenos que marcaron una época, y en sus respectivos compositores. "Fue difícil escogerlos, podían haber sido otros", admite la comisaria. Tras la Venecia de Monteverdi, la exposición se adentra en el Londres que acogió ‘Rinaldo’, de Händel, primera ópera en italiano estrenada en 1711 en la capital inglesa cuando triunfaban los 'castratti'. Y de allí se pasa al furor que causó ‘Le Nozze di Figaro’, de Mozart, en Viena. Influenciado por las ideas de la ilustración, el compositor se aleja de los mitos para poner en escena a personajes reconocibles por el público, una historia de señores y criados donde estos últimos ya no son solo un elemento bufonesco en esta obra que conectó humor y crítica social. Un piano que Mozart utilizó en Praga en 1785 sorprende al visitante en esta sala.

‘Va, pensiero’, el famoso coro de ‘Nabucco’, de Verdi, convertido en himno popular del 'Risorgimento' italiano, demuestra hasta qué punto la ópera y la política pueden ir unidos. El público italiano identificó el lamento de los esclavos hebreos por su tierra perdida con la propia situación bajo dominio de los Habsburgo desde su estreno en La Scala de Milán en 1842. Y en París la protagonista musical es 'Tannhäuser', de Wagner, una pieza que marcó un nuevo rumbo pero dividió al público. En 1861 los amantes de la ópera tradicional salieron horrorizados, como ilustra una portada ‘L’Éclipse’ donde aparece dibujado el compositor martilleando un tímpano. Pero esa música del futuro, esa concepción del arte total que proponía Wagner sí conectó con destacados artistas.

Ver y dejarse ver 

El modernismo musical en Barcelona se refleja en la exposición a través de ‘Pepita Jiménez’, de Albéniz, estrenada en el Liceu en 1896, donde las óperas se realizaban con las luces encendidas. Tan importante era ver como dejarse ver para la burguesía. Acudir a la ópera, tanto en España como en el extranjero, era signo de status social. 

El piano de Isaac Albéniz / ELISENDA PONS

La parte final de la exposición se centra en el polémico estreno en Dresde de ‘Salomé’, una obra de Strauss que muchos consideraron indecente. La relación entre poder y arte acaba en esta exposición con un caso de censura: ‘Lady Macbeth de Mtsensk’, de Shostakovich. Su protagonista burguesa no se ajustaba al modelo de realismo socialista de Stalin. Shostakóvich optó por no componer más ópera.