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CRÓNICA DE DANZA

Un Jesucristo crucificado con cinta adhesiva

Los Ballets Canadiens de Montréal muestran su versatilidad y juventud en el Liceu en un programa compuesto por dos piezas bien distintas

Valèria Gaillard

Momento de la representación del ’Stabat Mater’ a cargo de los Ballets Canadiens de Montréal

Momento de la representación del ’Stabat Mater’ a cargo de los Ballets Canadiens de Montréal

Una de cal y otra de arena. Los Ballets Canadiens de Montréal dirigidos por Ivan Cavallari abrieron este sábado la nueva temporada del Gran Teatre del Liceu con un programa compuesto por dos piezas bien distintas: una de cuño moderno, el 'Stabat Mater' de Pergolesi, creado por el joven bailarín y coreógrafo rumano Edward Clug, y otra neoclásica, la '7ª Sinfonía' de Beethoven.

Con la Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu bajo la batuta de una –cosa poco habitual– directora, Dina Gilbert, y las voces de la soprano Kimy McLaren y la mezzo Maude Brunet brotando desde el foso, el 'Stabat Mater' desarrolla una sugerente reflexión de género. Divididos en dos bloques, hombres y mujeres representan el vía crucis personal de María en un entorno impersonal y minimalista. Esta Pietà se convierte aquí en una madre muda y difuminada. Anulada. La escritura coreográfica, de una gran plasticidad, contrasta con la floritura de la música barroca y regala momentos intensos, como por ejemplo cuando Jesucristo se envuelve el mismo con cinta adhesiva a un bloque/cruz y se queda colgando de él. Otro pasaje muestra las mujeres en un desfile de moda, meros cuerpos que se ofrecen con ojos inexpresivos y, poco después, son el sustento de hombres que desfallecen y caen. ¿Llegará la mujer a deshacerse algún día de la mirada masculina?

Representación de la '7ª Sinfonía' de Beethoven a cargo de los Ballets Canadiens de Montréal

Beethoven llegó en la segunda parte en un estallido de luminosidad y orden. Con toda la solemnidad propia de sus sinfonías. La pieza, firmada por el prolífico coreógrafo alemán Uwe Scholz, cuyos obras integran el repertorio de compañías por todo el mundo, puso a prueba la técnica de los bailarines con una coreografía coral, endiablada de giros y saltos bajo un decorado geométrico de luces. Esta dificultad puso en evidencia la juventud del cuerpo de baile de los Grands Ballets, fundados el 1957 y centrados tradicionalmente en el repertorio del siglo XX.

La '7ª Sinfonía' es lo más neoclásico que se podrá ver esta temporada en el Liceu. Los otros dos únicos espectáculos de danza programados son la 'Giselle' contemporánea de Akram Khan y el flamenco de María Pagés ('De Scheherazade a Yo, Carmen').

Temas: Ballet Liceu