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MUERTE DE UN MITO

Camilo Sesto: "Te vas pero te quedas"

El cantante fue uno de esos artistas en los que es difícil discernir si era superior en su faceta de intérprete o en la de creador

Luis Troquel

Camilo Sesto, en una imagen del 2016.

Camilo Sesto, en una imagen del 2016. / Europa Press

"Te vas amor, pero te quedas porque formas parte de mí", cantaba Camilo Sesto en la canción que durante mucho tiempo más le identificaría: 'Algo de mí'. Ni que decir tiene que ese 'te vas pero te quedas' hoy se rememorará como una oración entre muchos de los muchísimos fans que mantenía; pese a lo escasa que ha sido su actividad musical en las tres, casi cuatro últimas décadas.

Sin embargo, en los años 70 Camilo lo fue todo. Desde 'Algo de mí' en 1971 hasta 'Perdóname' en 1980 fue un sin cesar de rutilantes e inolvidables éxitos. Durante toda esa década ningún otro artista español era más que él. A lo sumo, rival. Grande entre los grandes. Y a la vez, encarnaba una poliédrica figura sin parangón entonces aquí: excelso cantante, compositor tanto de casi todas sus canciones como de las de otros artistas, productor, valedor de nuevos talentos, animal escénico y rostro angelical.

Vocalista mayúsculo

Y todavía menos artistas hay en los que es más difícil discernir si es superior en su faceta de intérprete o en la de creador. Vocalista mayúsculo no solo de su propio repertorio, como demostraría en 'Jesucristo Superstar'. ¡Qué lástima que los abogados de Lloyd Webber secuestraran en plena presentación su posterior grabación de 'El fantasma de la ópera'!

Alcoyano universal. Venerado en casi todos los países de habla hispana y, en infinidad de ocasiones, bochornosamente mal tratado por los medios de comunicación españoles. Uno siempre pensaba que más pronto que tarde se haría justicia. Y al igual que le puede ocurrir hoy al otrora controvertido Raphael, gozaría del favor unánime en vida. Respetado como colosal figura, por encima del bien y del mal. La muerte se ha adelantado y ahora sí que, por fin, nadie le discutirá dicho estatus ni se lo tomará a chufla. Como también sucediera con Michael Jackson o Juan Gabriel.

"Algo de mí se va muriendo", rezaba el encendido estribillo de la canción que le catapultó. Y al final ha sido cierto: únicamente ha muerto algo de él. Porque su arte es eterno.