28 may 2020

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INICIOS

Los orígenes yeyés de Camilo Sesto

El fallecido cantante estuvo en Los Daysons y Los Botines antes de convertirse en una supernova de la canción melódica en la década de 1970

El Periódico

El cantante Camilo Sesto

El cantante Camilo Sesto

La carrera de Camilo Blanes Cortés, más tarde Camilo Sexto y para la eternidad Camilo Sesto, hunde sus raíces en la era de los conjuntos, ya saben, la réplica española, por no decir celtíbera, a la revolución pop de la década de 1960.

Antes de descubrir en los años 70 el filón de la canción melódica y de tener a su servicio el glorioso sistema de estudios de grabación español de esa época, que permitía meter en la misma canción estupendos arreglos 'funky', 'niagaras' de cuerdas y coros femeninos a los que no había Ulises que se resistiera, la casa era grande y el resultado también; antes de eso Camilo fue uno de los jóvenes alucinados por el impacto de los Beatles y compañía. Como Tino Casal, sin ir más lejos, que pasaría una travesía del desierto larga, larga, larga entre sus inicios yeyés con Los Archiduques y su apoteosis como reina bruja del pop español de los 80.

  

Camilo lo intentó primero y sin pena ni gloria con Los Daysons, para pasar pronto a ser el vocalista de Los Botines (magnífico nombre de grupo, por cierto). Con esta banda radicada en Madrid le fue mejor, en buena medida debido a la alianza existente entre industria discográfica y cinematográfica. Podemos reír tanto como queramos, pero el hecho es que había una industria cinematográfica y una industria discográfica. A Los Botines podemos verlos en 'Hamelín', película de 1967 dirigida por Luis María Delgado, y la verdad es que no están nada mal, y en la exitosa 'Los chicos del PREU', también de 1967 y dirigida por Pedro Lazaga.

  

Lo siguiente que se supo de Camilo Sesto es que era una supernova de la canción melódica a lomos del álbum 'Algo de mí', de 1971. No tenía detrás a Hispavox, seguramente la discográfica con las mejores producciones (¡ese 'Torrelaguna sound'), pero le bastó y le sobró con Ariola, que tampoco era moco de pavo.     

   

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