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CRÓNICA

Eels, oxidado esplendor en Razzmatazz

El grupo de Mark Oliver Everett se mostró en forma con su mezcla de aridez rockera, intimismo turbio y versiones de Prince o Brian Wilson

Jordi Bianciotto

Un momento de la presentación de Eels en Razzmatazz.

Un momento de la presentación de Eels en Razzmatazz. / FERRAN NADEU

La maquinaria de Eels se ha puesto de nuevo en marcha aun sin disponer de material compositivo fresco, y solo 14 meses después de su paso por Barts, concierto que casi pasó inadvertido en la superpoblada agenda de conciertos de un mes de julio, se mostró fresca y resolutiva este viernes en Razzmatazz. Sesión de rock con todas las letras, llevando las viejas lecciones de The Who o los Stones al presente con un estilo abrupto y sensible.

Hace ya más de una década que el caballero Mark Oliver Everett hizo las paces con sus fantasmas, o algo así, en aquel libro de memorias llamado 'Cosas que los nietos deberían saber', inventario de sus tragedias familiares con ánimo depurador. Y el año pasado, 'The deconstruction' ahondó en su lado más melódico y delicado. Pero, en directo, Eels no se ciñen a su último disco y en Razzmatazz hubo de todo: acidez rockera y recesos de melancolía, y todos los colores de la electricidad guitarrera cara a cara con versiones de amplio espectro, de 'Raspberry beret' (Prince), a un 'Love and mercy' (Brian Wilson) que aplicó a nuestro espíritu como si fueran unas tiritas.

Baladas intranquilas

Con su actual banda ha encontrado Everett un vehículo para modular ese rock que puede moverse desde el orgulloso primitivismo ('Prizefighter') a un dinámico power pop ('Today is the day', una de las únicas tres citas al último disco) a través de caminos con perfume de vudú: 'Dog faced boy', agitando las maracas como un poseído. Disfrutable debilidad por los medios tiempos desvalidos y las baladas que hurgan en puntos débiles, como en 'I need some sleep' (o 'I need some siesta', como retituló el bromista Everett), o las elucubraciones sobre el apasionante mundo de la pareja de 'That look you give that guy' o 'I’m going to stop pretending that I didn’t break your heart'.

Eels en todo su oxidado esplendor, dejando para el final cartas vivaces como el 'groove' de 'Fresh feeling' y el trayecto pop de 'Mr. E’s beautiful blues'. Y  despidiéndose apelando a los Beatles con 'The end', espasmo último portador de un mensaje para llevarnos al rincón de pensar y que Eels parecen hacer suyo en su relación con el público: "Al final, el amor que recibes equivale al amor que das".