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REFLEJOS LITERARIOS DE UN DESMADRE

Barcelona como escenario imperfecto: la invasión turística en la literatura

Ensayos y ficciones se hacen eco del agobio ciudadano por los efectos del turismo masivo

Lucía Lijtmaer

Pol Rodellar, autor de ’Carrer Parlament’.

Pol Rodellar, autor de ’Carrer Parlament’. / RICARD CUGAT

Barcelona como escenario. Barcelona como ficción. Barcelona, por qué no, como novela total se ha narrado tantas veces que ha acabado creyéndose su propio relato. Y después de todo eso, está también Barcelona como puerto, como diseño, como chiringuito de playa, como crema solar. Barcelona como marca a explotar. Barcelona como marca explotada.

¿Qué decir de la ciudad y su turistificación que no se haya dicho ya? Las últimas décadas de monocultivo turístico nos han dado ensayos muy relevantes y distópicos sobre Barcelona como ciudad en venta -cabe destacar el iniciático 'La ciudad mentirosa', de Manuel Delgado-, pero menos ficción relevante que plasme la huella del turismo contemporáneo.

Por supuesto está el ciudadano que avanza, por una ciudad que a ratos no reconoce, perdido, como un extraterrestre mimético en 'Sin noticias de Gurb', de Eduardo Mendoza, quizás el primer gran éxito sobre la Barcelona preolímpica que se adora a sí misma, triunfante, derrochona, y todavía algo inconsciente de lo que está por venir.

Como urbe portuaria, de pasado marinero y con la larga sombra de Manuel Vázquez Montalbán y su Carvalho asomando por las esquinas, la novela de detectives se ha convertido el trasunto perfecto para bosquejar los efectos del turismo, especialmente después del despropósito del Forum de les Cultures del 2004. No en vano, la novela negra contemporánea permite perfilar el reverso tenebroso a tanto discurso positivista, plano e institucional de la 'millor ciutat del món'. Carlos Zanón, en 'Problemas de identidad', recupera a un Carvalho contemporáneoque, como todos, transita una ciudad devastada por el turismo, la subida de los alquileres, la pobreza. Carvalho es aquí el detective cercano al ocaso pero también el barcelonés desencantado, descastado, popular.

Otros detectives se asoman a esta Barcelona que ha dejado de ser un lugar de juegos para transformarse en otra cosa. De la estela detectivesca surgió también la Wendolin Kramer de Laura Fernández en el 2011, en la que la autora dio rienda suelta al eje central de sus novelas: la imaginación salva de la mediocridad. En este caso, Wendolin monta un despacho de detectives en su habitación del piso familiar en el centro de la ciudad para desafiar una realidad que no está a la altura. Entre las últimas novedades está 'No cerramos en agosto', de Eduard Palomaresdonde un detective becario debe sortear patinetes y bicings, pero también precariedad y desaliento, especulación inmobiliaria y desahucios.

El santo grial: la ciudad habitable

Esta es la voz que predomina también en la reciente crónica de Pol Rodellar, 'Carrer Parlament', una primera persona que podríamos entender como un 'viejoven' que recorre las calles de la ciudad en pleno proceso de gentrificación, buscando el santo grial perdido: una ciudad habitable. Rodeado de tostadas de aguacate y vermuterías falsamente añejas, el narrador intenta asumir el paso del tiempo de su propio cuerpo -y de todo lo que le rodea- sin querer mentirse. Si la ciudad hace trampas, ¿qué hacemos sus habitantes? ¿Nos decimos la verdad o fingimos seguirle la corriente al discurso oficial? La propuesta de Rodellar, macarra y elegíaca, trae ecos de otras versiones primigenias, como 'Odio Barcelona', allá por 2008, cuando el lema de "la millor botiga del món" aún era aceptable en comunicación institucional.

Si Barcelona ha vivido entre esas dos grandes fechas -la olímpica en 1992 y la faraónica en el 2004-, su literatura posterior ha adquirido un aire posapocalíptico al contarla. Pocas ciudades han tenido una narración institucional tan brutal como Barcelona, tan encantada de conocerse, tan pedagógica en su relato, tan orgullosa por defecto. Algo de eso hay en el trasfondo de 'Lectura fácil', de Cristina Morales, cuyos personajes habitan una ciudad mestiza, charnega, de instituciones públicas fagocitadoras, 'bledes' y buenistas con discursos emancipadores que ocultan retóricamente el poder que lo aplasta todo. Incluso la idea de Barcelona.

Temas: Libros