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Lucy Liu y Uma Thurman, en ’Kill Bill Vol. 1’.

ANÁLISIS

Las mujeres en el cine de Tarantino: rebeldes contra el patriarcado

Sus heroínas son mujeres empoderadas, con las ideas muy claras y dueñas de su propio destino

Beatriz Martínez

Es el momento de linchar a Quentin Tarantino. O al menos, eso parece si tenemos en cuenta los ataques desde diferentes medios que se han ido sucediendo desde que se presentó en Cannes su novena película, 'Érase una vez en… Hollywood'.

En la era MeToo Tarantino parece haberse convertido en el blanco perfecto para ser el nuevo chivo expiatorio de cierto puritanismo que se ampara en el feminismo para convertirse en una espiral represora.

Aquellos que se encargan de defenestrar al director en ningún momento mencionan sus aportaciones a la hora de configurar una figura femenina autosuficiente, que no necesita a los hombres porque es independiente, inteligente y poderosa. 

Su tercera película tenía nombre de mujer, 'Jackie Brown'. Fue un punto de inflexión en su filmografía. A partir de ese momento, sus heroínas puede que fueran igual de canallas que los hombres, pero estaban revestidas de una dignidad que ellos nunca tendrían. Estaban hartas de decir que 'sí' a todo, de ser utilizadas, y era el momento de vengarse de todo eso, porque la venganza femenina en el cine de Tarantino es un símbolo de rebelión contra el yugo patriarcal.

En 'Kill Bill Vol. 1', además de contar la historia de Beatrix Kiddo (Uma Thurman), aparecía O-Ren Ishii (Lucy Liu), una mujer que después de ver cómo masacraban a su familia lograba erigirse en jefa suprema de la yakuza, la única mujer en un mundo de hombres, capaz de acabar con la tradición sumisa de la mujer japonesa a golpe de katana. Algo parecido ocurre con Shosanna (Mélanie Laurent) en 'Malditos bastardos': la imagen de una judía incendiando un cine repleto de nazis no puede resultar más icónica y feminista. En la segunda parte de 'Death proof' consiguió retratar la sororidad femenina como pocos y se encargó de subvertir las reglas de la cosificación de la mujer introduciéndonos en una catártica 'vendetta' en la que eran ellas las encargadas de triunfar sobre una misoginia psicopática incrustada en la sociedad, dándole su merecido al macho tiránico representado en la figura del especialista Mike.

Todas ellas son mujeres empoderadas, con las ideas muy claras, que son dueñas de su propio destino y que no se quedan a medias a la hora de conseguir sus objetivos. Tarantino las mira con veneración y reverencia, también con un punto de fetichismo, esto no se puede negar. Pero, aunque puedan parecer frías por fuera, su representación en la pantalla siempre resulta cercana, porque el director nos muestra también sus inseguridades, nos cuenta su pasado, sentimos su dolor y su rabia, y el espectador no puede hacer otra cosa que ir con ellas a muerte. Tarantino se las toma en serio, algo que no ocurre con sus personajes masculinos, de naturaleza mucho más caricaturesca y bufona. Jackie Brown, Beatrix Kiddo y Shosanna mirarán directamente a la cámara como culmen de su recorrido para demostrar que no necesitan una máscara para esconderse. Por fin son libres y no tienen miedo a nada.

Las mujeres en el cine de Tarantino pueden ser igual que los hombres, pero también pueden ser mejores. Pocos directores de su generación han conseguido eso.