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CRÓNICA

The Human League, una vieja fascinación en Porta Ferrada

El icónico grupo británico de synth-pop recorrió con dignidad hitos de los años 80 como 'Mirror man', '(Keep Feeling) Fascination' o 'Don't you want me'

Jordi Bianciotto

The Human League, en el Festival de la Porta Ferrada, el miércoles.

The Human League, en el Festival de la Porta Ferrada, el miércoles. / MÓNICA SERRA

Solo 48 horas después de acoger a New Order, el Festival de la Porta Ferrada volvió a girar la vista a la escena británica surgida en los 80 con The Human League. Grupos ambos que representaron modos distintos de entender la música hecha con sintetizadores: si los ex-Joy Division construyeron atmósferas y cadencias bailables para perder el mundo de vista, el grupo de Philip Oakey puso el acento en el artefacto pop y en esos estribillos que se te pueden quedar durante días dando vueltas en el cabeza.

Canciones que desfilaron este miércoles por el Espai Port, de Sant Feliu de Guíxols, recordando la inventiva natural del grupo y su amplitud de miras. The Human League desarrolló en su día una electrónica aventurera, sobre todo, en sus dos primeros álbumes (antes de la escisión que condujo a Heaven 17), pero también en el tercero, el clásico ‘Dare!’ (1981), en refrescante confluencia con el gancho pop y el ritmo ‘funky’, y de la mano de las entonces dieciochoañeras voces de Joanne Catherall y Susan Ann Sulley. Ese disco fue el más citado de la noche, con cinco de los 17 temas, entre ellos el primero, ‘The sound of the crowd’, que Oakey cantó flanqueado por dos ‘keytars’, aquel teclado, tan de los 80, que se toca colgado de una correa como una guitarra.

Directos al grano

Los “uh, uh, uhs” de las chicas, Catherall y Sulley, hoy en los 50 y tantos, envolvieron luego la deliciosa ‘Mirror man’ camino de un ‘grandes éxitos’ que recorrió las distintas etapas de la banda dejando en la cuneta el último disco, ‘Credo’ (2011). Concierto sucinto y al grano, apenas una hora y 20 minutos, incluyendo hitos de entretiempo (el remarcable ‘Tell me when’, del álbum ‘Octopus’, de 1995) y alguna que otra curiosidad, como ese ‘Behind the mask’, de Ryuichi Sakamoto. “Una canción que grabaron Michael Jackson, Eric Clapton y también nosotros”, recordó Oakey, aludiendo a su epé de 1993 con la Yellow Magic Orchestra.

Rescates como la guitarrera ‘The Lebanon’, ‘Human’ y ‘Soundtrack to a generation’ recordaron que el grupo sobrevivió al empuje del primer synth-pop construyendo toda una carrera. Oakey conserva impecablemente su registro distinguido y abaritonado, con graves dignos de un Bowie, abierto a los disfrutables diálogos con las voces femeninas. Ahí, dando lecciones a Pimpinela, se creció el trío en sendos ‘hits’ que encauzaron el clímax: ‘(Keep feeling) Fascination’, con su estridente garabato de sintetizador, y un ‘Don’t you want me’ extendido para disfrute de la afición.

Para el bis, un par de guiños a los ‘connaisseurs’: el oscuro ‘Being boiled’, primer sencillo del grupo (1977), y ‘Together in electric dreams’, tema que Oakey cocinó con Giorgio Moroder para la banda sonora de ‘Sueños eléctricos’ (1984). Otras caras de un grupo que ha llegado hasta aquí, cuatro décadas después, quemando etapas y recordando el poder duradero de la (buena) canción pop.