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ENTREVISTA

Chris Offutt: "El viejo cliché del 'genio' que trabaja y la mujercita que le cuida es destructivo"

El novelista 'redneck' de los Apalaches, exguionista de 'Treme' o 'True blood', debuta en España con la colección de relatos 'Kentucky seco' y la memoria familiar 'Mi padre el pornógrafo'

Kiko Amat

Chris Offutt, en un festival literario en Roma, el pasado junio.

Chris Offutt, en un festival literario en Roma, el pasado junio. / AGE FOTOSTOCK

Chris Offutt (1958) suele aparecer en las fotos con camisas de leñador sin mangas y rostro de mapache huraño recién levantado de la siesta. En otra imagen sostiene un fusil en la clavícula mientras su trasero descansa sobre una montaña de manuscritos pornográficos (más sobre eso más abajo). Offutt nació en un pueblo minero de doscientos habitantes que por aquel entonces era un esputo invisible en los mapas y hoy ni siquiera existe. Se licenció en la Universidad de Morehead, pero enmendó el desliz recorriéndose Estados Unidos a dedo y dejándose los callos en empleos horribles.

Offut es, como habrán adivinado, un autor del género conocido como 'Hillbilly noir' o 'grit lit'. La primera frase de su brutal, imprescindible, colección de relatos 'Kentucky seco' (Sajalín) es "Nadie de esta ladera acabó el instituto". Sus escritos hablan de fango, desempleo, padres que se ahorcan, predicadores furiosos, tabaco de mascar y gente destruida por el trabajo duro y el alcohol ponzoñoso (generalmente casero). Gente blanca que, pese a su "privilegiado" color de piel, ocupa un lugar bien bajo en la cadena alimenticia norteamericana. El bagaje 'redneck' de Offutt acarrea un estigma adicional, pues su padre era Andrew J. Offutt, el prolífico autor de pornografía pulp, además de borracho y mal progenitor a jornada completa, que protagoniza la memoria 'Mi padre el pornógrafo' (Malas Hierbas).    

Afirmas que tu fidelidad no es a sangre o familia sino a un lugar: los Apalaches. ¿Cuando empezaste a sentirte así?

Los cuatro hermanos hacíamos todo lo que nos mandaba mi padre. El resto del tiempo yo jugaba en los bosques, cada día, solo o acompañado. No me daba cuenta de que esa actividad obedecía al deseo de estar lo más alejado posible de mi casa y de mi padre. Me di cuenta de ello cuando tenía quince años. Allí vi que algo no estaba bien, y que tenía que escapar de aquel hogar lo antes posible. Me fui de Kentucky a los diecisiete. Pero en realidad estaba huyendo de mis padres (a ellos, por cierto, les fue bien que nos fuéramos, porque en el fondo éramos un estorbo). Me llevó mucho tiempo, unos diez años, darme cuenta de que estaba huyendo de un lugar, y de que no iba a solucionarlo de aquel modo. Porque seguía teniendo a Kentucky en mi cabeza.

Una de las fuentes del carácter inmundo de tu padre era su obsesión por escribir, lo cual (a mis oídos) no suena tan negativo.

Todos los artistas de verdad tenemos esa prioridad, es cierto. Para un escritor, la escritura es lo principal. Pero existen formas de equilibrarlo. Tu forma de arte ocupa el primer lugar, de acuerdo, pero reservas un espacio para el amor o la familia. Mi padre no lo veía de ese modo. Para muchos hombres, de todos los ámbitos, el trabajo va primero. No creo que esa óptica sea mala por sí misma; yo soy así. Pero a la vez he conseguido tener relaciones excelentes con mis hijos. No los he descuidado. El problema de mi padre es que se sentía atrapado en su familia y era infeliz. También estaba obsesionado con el sexo y le gustaba beber y se desagradaba a sí mismo de un modo muy profundo. Escribir pornografía le llenaba de verguenza y culpa. Para lidiar con esas cosas echaba mano del whisky y del personaje que se había creado para sí mismo: John Cleeve. Un machote despiadado y fascinante.

"Mi padre era como un niño. Se veía a sí mismo de un modo grandioso, pero si algo entraba en contradicción con esa grandiosidad o la ponía en duda, se tiraba a la yugular"

Dices que tu padre tenía una visión de sí mismo que era a la vez enorme y frágil, como si estuviese hecha de "bambú y papel".

Mi padre era como un niño. Se veía a sí mismo de un modo grandioso, pero si algo entraba en contradicción con esa grandiosidad o la ponía en duda, se tiraba a la yugular. Tenía una personalidad narcisista y, como muchos otros padres de los años sesenta y setenta, era fundamentalmente inmaduro.

El prototipo que encarna tu madre, la esposa de escritor devota y silente, es una especie casi extinta.

Espero que así sea. No era un contrato muy gratificante para las mujeres. Mi padre lo exigía así, y eso es lo que aceptó mi madre, en pocas palabras. La experiencia de mi madre con otros hombres era muy limitada, había vivido con su propio padre hasta el día que se casó. Desde el punto de vista de mi madre, su marido la había "salvado" de quedarse para vestir santos. Mis padres eran buenos católicos, y como tales tenían muy poca experiencia sexual, así que a los veintitrés o veinticuatro se conformaron el uno con el otro. Mi madre tiene ochenta y cuatro años, así que en breve va a extinguirse de un modo literal [ríe]. El viejo cliché del "genio" que trabaja y la mujercita que le cuida es destructivo para todos los implicados.

La adoración ciega acabó de convertir a Andrew J. Offutt en un déspota enajenado.

Lo jodido del caso es que mi padre estaba convencido de que era un genio, a pesar de todo, y mi madre acabó creyéndole. Su matrimonio estaba basado en esa adoración ciega. Ambos llegaron a extremos inconcebibles para mantener viva esa ficción. Mi madre aún se niega a admitir ciertas cosas del pasado familiar. Un ejemplo: hace tiempo que quiere visitar la vieja casa familiar, donde vivimos durante quince años, y que está lejos de donde reside ahora, en Mississippi. Pues ninguno de sus cuatro hijos, yo incluido, quiere llevarla allí. Y la razón es sencilla: fuimos infelices en aquel lugar. Quince años en aquella casa de Kentucky nos jodieron bien la vida, y ninguno de nosotros quiere volver a verla ni en pintura. Mi madre no entiende eso. Rehusa tajantemente reconocer nuestra infelicidad, y las razones que tenemos para ser infelices.

"Para un niño cualquiera es imposible adorar a un padre con entrega incondicional de grupi. Y con el mío era doblemente imposible, porque no era amable ni bueno con nosotros"

En tu memoria, el único lado entrañable que se desprende de tus padres es el inconformismo friqui del que hacen gala. Su talante marginal, 'nerdy', ciencia-ficcionero, les hace casi simpáticos.

Eran inadaptados sociales, eso está claro. Vivían en las montañas de los Apalaches y no tenían a ningún amigo allí. Su vida social se limitaba a las convenciones de ciencia ficción. Iban a unas seis por año. Mi padre era agasajado allí, todo el mundo le prestaba atención. De repente, en aquel ambiente, ambos dejaban de ser inadaptados y se convertían en gente guay. En aquellas convenciones vi un lado de mi padre que no conocía: era carismático y divertido, la gente quería tenerle cerca, le escuchaba. Claro que aquel no era mi padre de verdad, estaba metido en uno de sus seudónimos, John Cleve. Pornógrafo y creador de 'El sexorcista' o 'Bondage alienígena'. Ocupaba ese rol durante cuatro días, luego volvía a casa a seguir siendo el hombre amargado que era en realidad. Para mí era muy raro enfrentarme a esa dualidad, a que mi padre fuese dos personas a la vez.

Dices que cuando volvía de esas convenciones 'sci-fi' era peor aún, porque esperaba que sus hijos le agasajaran igual que sus fans.

Para un niño cualquiera es imposible adorar a un padre con entrega incondicional de grupi. Y con el mío en concreto era doblemente imposible, porque no era amable ni bueno con nosotros. Era crítico, mezquino, controlador, emocionalmente abusivo, y a la vez esperaba adoración completa. Sus expectativas sobre quién era y la vida que llevaba, y lo que la gente le debía, eran completas fantasías.

"Para él el sexo iba asociado a la vergüenza y la culpa"

Antes has dicho que tu padre se avergonzaba de su faceta porno y de sus propios fetiches, pero tanto sus fantasías como sus bolsilibros se antojan bastante 'soft'. Le iba el 'bondage' de toda la vida, vamos.

Le gustaba la fantasía del 'bondage', sí. Pero para él el sexo iba asociado a la vergüenza y la culpa. Lo que más le perturbaba era un cómic inédito del que hablo en las memorias. Trabajó en él desde su adolescencia hasta su muerte en 1978, y lo mantuvo en secreto durante toda su vida. Ni siquiera mi madre sabía que existía. Topé con escritos en los que confesaba la culpa terrible que acarreaba por culpa de aquel cómic sexual. Es triste, porque después de todo solo estás dibujando algo en una habitación. No daña a nadie.

No comprendo cómo alguien que escribió 'El sexorcista' puede avergonzarse de un tebeo guarro. ¿Es porque el contenido era más explícito?

No lo tengo claro. Sé que empezó el cómic cuando era muy joven, y que era su vicio. Sé que lo consideraba de mala calidad y una pérdida de tiempo. No le reportaba ningún dinero. Con sus novelitas porno al menos tenía la excusa de que pagaban sus facturas. Él se veía a sí mismo como un hombre de negocios, y lo de ganar dinero era muy importante para él. Tal vez se trataba de eso.

No es la pregunta más fácil que se le puede hacer a un hijo, pero ¿sabes si tu padre puso en práctica alguna de sus fantasías sexuales?

Creo que probablemente las puso en práctica más de una vez, cuando tuvo la oportunidad. Imagino que en el marco de las convenciones de ciencia ficción. Esas oportunidades le vinieron dadas por los libros porno que escribía, pero no creo que le importase tanto la acción.  Creo que le gustaba más el reino de lo imaginario, y eso se debía al control que podía ejercer sobre él. Si tienes una fantasía sexual, controlas cada elemento, todo lo que sucede, la perspectiva, las reacciones... Y encima es privado. Mientras que en la vida real no puedes controlarlo todo, y la acción suele involucrar a otra gente [ríe].

Tu padre escribió más de 400 obras de pornografía, y unas cuantas decenas de libros de ficción "especulativa", pero tus memorias no aclaran si era buen escritor o no.

Escribió algunos libros buenos entre 1968 y 1972. Les dedicó tiempo, los revisó a conciencia y trató de mejorarlos. Eran ejemplos más que dignos de ciencia ficción seria, y fueron consideradas prometedoras por grandes maestros del género. Pero no recibió la atención que esperaba, así que empezó a escribir más y más rápido. A veces escribía un libro en dos semanas. Por supuesto, es imposible escribir un buen libro en un periodo tan corto, y encima repetir el proceso una y otra vez. Aquel ritmo de escritura afectó a la calidad de su prosa. Lo "bueno" de escribir porno es que no tienes que preocuparte demasiado de la caracterización de los personajes o la descripción de  escenarios, ni siquiera del diálogo o la trama, porque los lectores, el mercado, no tienen el menor interés en cosas como esas.

"Muchos grandes novelistas fueron destruidos por Hollywood. Es un ambiente intoxicante y molón, y encima te entregan una cantidad obscena de dinero"

Solo quieren meneársela.

Efectivamente. Por tanto, tu faena como autor es llegar a las partes "interesantes" lo antes posible. Resumiendo: mi padre empezó como autor serio, y creo que tenía un gran talento potencial, y llegó a escribir varios buenos libros. Pero una vez entró a formar parte del mundo del bolsilibro porno, de 1972 en adelante, no hizo nada más de valor. De todas sus novelitas pornográficas, en solo una de ellas los personajes tenían que responder a las consecuencias de sus acciones. Tenía lugar un homicidio (sexual), y la policía tomaba cartas en el asunto. Pero el resto eran pura fantasía sádica, sin ninguna conexión con la realidad ni intención artística.

Durante una época te dedicaste a escribir guiones para la televisión ('True blood', 'Treme'...). ¿No temiste verte atrapado en un escenario John Fante? Es decir: deprimido, alcoholizado y alejado de la propia escritura.

Solo escribí guiones por el cheque. Necesitaba mandar a mi hijo a la universidad y no tenía dinero. Nunca anhelé ser un guionista y, de hecho, solo conservo malos recuerdos de mi estancia en Los Ángeles. Era infeliz y bebía demasiado y no trabajé en mi arte. Cumplí los tres requisitos de John Fante [ríe]. Por eso no quiero tener nada que ver con ese mundo. Es peligroso. Y no fue solo John Fante, muchos grandes novelistas fueron destruidos por Hollywood. Es un ambiente intoxicante y adictivo y molón, y encima te entregan una cantidad obscena de dinero. Algunos autores quieren más y más dulce dinero de Hollywood, pero yo solo quería el dinero suficiciente para ocuparme de mi familia. No necesito lujos. Conduzco una furgoneta hecha polvo y las únicas cosas que compro son herramientas [ríe]. Quizás por eso Hollywood no me atrapó. Es muy fácil verte atrapado en ese mundo, si te fascina ese rollo de tener un Jaguar o una choza en las colinas de Hollywood. Pero yo solo necesito remplazar mi vieja sierra mecánica, y comprarme otro par de botas.