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ENTREVISTA

L'Últim Indi: "Las 'superilles' son el futuro"

Eduard Costa muestra su nuevo proyecto en Porta Ferrada, en torno a un pop en sintonía con la naturaleza, nueve meses después de anunciar su marcha de Els Amics de les Arts

Jordi Bianciotto

Eduard Costa, en una imagen promocional. 

Eduard Costa, en una imagen promocional. 

El pasado noviembre, Eduard Costa anunció su adiós a Els Amics de les Arts después de 13 años de singladura conjunta dando paso a su nuevo proyecto, L’Últim Indi, que ha alumbrado un primer álbum. Este domingo lo presenta en el Teatre Auditori de Sant Feliu de Guíxols, dentro del Festival de la Porta Ferrada.

Els Amics de les Arts, ¿es un grupo que no tolera los proyectos paralelos de sus miembros?

Al principio, L’Últim Indi lo era, pero llegó un momento en que Els Amics, que éramos cuatro, teníamos que ponernos de acuerdo y ver si estábamos cómodos en una situación así. Y lo que acordamos fue que yo terminara con el grupo y siguiera por mi cuenta. En mi caso ha sido así. Quizá si otro miembro hace algo así a lo mejor lo toleran.

¿Le habría gustado poder compaginar ambas ocupaciones?

Yo siempre pienso que las cosas son las que son, y que lo que ocurre es lo correcto. No existe la vida-ficción. El camino que sigo ahora me permite volcar toda mi energía y abrirme a cosas nuevas.

En L’Últim Indi hay un imaginario humanista y una sintonía con la naturaleza.

La naturaleza es central: es el pilar de la vida. Viniendo a esta entrevista he pasado por los jardines de la Universitat de Barcelona, buscando una sombra y un poco de paz. ¡Estaban llenos de gente debajo de los árboles! Hay un instinto de buscar eso. La humanidad sabe lo que quiere. Las ‘superilles’, por ejemplo, lo han demostrado. Son maravillosas: ves a familias sentadas en el suelo, haciendo pícnics, niños corriendo... Todo eso ha germinado a partir del simple gesto de cortar una calle. Es el futuro: en el 2029 miraremos hacia atrás y...

¿Cree que el mundo va hacia la ‘superilla’?

Sí, ciudades como San Francisco tienen claro que la prosperidad económica viene del talento, y que una ciudad ruidosa, contaminada, con estrés, no fomenta ese talento.

¿Qué le une a Caïm Riba, productor del disco?

Me gusta su mezcla de sonido acústico y electrónico, ya desde su época con Pastora. Aquí se trataba de crear un sonido nuevo, con mucha percusión: sentía ese sonido de madera, de piel, conectado también con las guitarras y el guitalele, que no es ni una guitarra ni un ukelele y que tiene el sonido latino del charango y del timple canario. Brillante y de raíz.

El álbum transmite una espiritualidad tribal.

¡Para lavar platos me pongo música tribal! Africana, o una nana inuit, del Polo Norte... Me gustan mucho las músicas del mundo, pero también el pop , sobre todo el que juega con patrones rítmicos ancestrales, grupos como Crystal Fighters o Vampire Weekend.

¿Se siente distanciado de los éxitos más festivos de Els Amics de les Arts, como ‘Jean-Luc’?

Bueno, una canción del nuevo disco como ‘La muntanya blanca’ también ir por ahí, ¿eh? Al final, es música pop, aunque es una historia muy diferente. La manera de hacer canciones, el relato, las letras... No tiene nada que ver.

Tras conocer el éxito comercial como integrante de un grupo, ¿ahora se siente desprotegido?

Siento que me muestro más a mí mismo. Es como desnudarte. Soy consciente de que hay muchos grupos, mucha oferta, y que esto parece una carrera, pero es lo que me toca vivir ahora. Lo haré desde mi personalidad y de la forma en que yo entiendo la música y la relación con la gente.