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COCHES ESTELARES

La belleza de la velocidad: las mejores películas sobre ruedas

Los automóviles se han convertido en la pantalla en protagonistas de excepción. Esta es la historia breve de una excelente relación

Quim Casas

Laurie Bird, James Taylor y Dennis Wilson, con el Chevrolet sedán de 1955 customizado de ’Carretera asfaltada en dos direcciones’.

Laurie Bird, James Taylor y Dennis Wilson, con el Chevrolet sedán de 1955 customizado de ’Carretera asfaltada en dos direcciones’.

El cine y el coche mantienen una espléndida relación: atracos, persecuciones, 'road movies', carreras, comedias familiares. La saga 'Fast & furious' es una muesca más. El automóvil en movimiento tiene un gran magnetismo cinético. Algunos de los mejores momentos de 'Erase una vez en... Hollywood', el filme de Quentin Tarantino de inminente estreno, consisten en el personaje de Brad Pitt conduciendo por las calles de Los Ángeles. David Lynch nos ha hipnotizado con un coche deslizándose por una carretera de noche en 'Corazón salvaje', 'Carretera perdida' o 'Twin Peaks 3'.

La cultura cinematográfica estadounidense está ligada al coche: los autocines fueron, en los años 50 y 60, una de las formas más populares de ver películas. Pero ya antes, fuera de Estados Unidos, la velocidad (del automóvil y del tren) y el cine se erigieron en signo de la modernidad para Filippo Tommaso Marinetti y los futuristas. En el 'Manifiesto Futurista' de 1909 puede leerse que hay en el mundo una belleza nueva, la belleza de la velocidad, y que un automóvil de carreras es más bello que la 'Victoria de Samotracia'.

Las carreras de coches han dado pie a muchas películas, aunque pocas de ellas destaquen más allá de las piruetas de los bólidos conducidos por dobles o por actores tan enamorados de la velocidad automovilística como Marinetti: Paul Newman en '500 millas' (1969) o Steve McQueen en 'Las 24 horas de Le Mans' (1971). 'Peligro... línea 7000' (1965) y 'Grand Prix' (1966) intentaron sin éxito dotar de carácter dramático al colectivo de corredores y sus amigos y esposas.

No ha sido así con los 'thrillers' y las películas policiacas, donde la persecución en coche se convierte en protagonista de excepción, de 'Bullitt' (1968) a 'Contra el imperio de la droga' (1971), una destrozando ruedas, ballestas y tracciones por la montaña rusa de San Francisco, la otra con Gene Hackman conduciendo como un poseso por las calles de Nueva York siguiendo al metro elevado. En la relación entre coche y espacio urbano, añadamos un filme fascinante, 'Driver' (1978) de Walter Hill, y el magnífico 'Taxi Driver' (1976) de Martin Scorsese, en los que vehículo y individuo forman una asociación estrecha por distintos motivos, el del conductor que participa en atracos y el del excombatiente de Vietnam que conduce un taxi de noche porque tiene insomnio.

Hay 'road movies' a caballo, en moto, en camión y en coche, relatos de conocimiento ('Fresas salvajes', 'Luna de papel') o de migración ('Las uvas de la ira'), pero ninguna como 'Carretera asfaltada en dos direcciones' (1971), en la que Monte Hellman se puso los ropajes de un Robert Bresson del 'indie' estadounidense y relató el viaje hacia ninguna parte de dos tipos (encarnados por los músicos Dennis Wilson y James Taylor) que participan en carreras cortas y clandestinas con sus coches trucados. Hablando de carreras cortas, Nicholas Ray filmó la mejor posible en 'Rebelde sin causa' (1955), un momento trágico de culto teen al automóvil.

'Punto límite: cero' (1971), con guion de Guillermo Cabrera Infante, relata el viaje de Colorado a San Francisco de un individuo que alquila coches. Importa a quienes se encuentra en su itinerario, al revés de 'El diablo sobre ruedas' (1972), telefilme en el que Steven Spielberg narró la inquietante amenaza que experimenta un solitario conductor perseguido por un camión del que nada sabremos. En el fantástico y el terror, el coche también ha tenido momentos de gozo, del Plymouth Fury asesino de 'Christine' (1983), la novela de Stephen King adaptada por John Carpenter, al ficticio Delorean de 'Regreso al futuro' (1985), el Chevrolet Camaro en el que se transforma el Bumblebee de la saga 'Transformers' o las mágicas invenciones de 'Aquellos chalados en sus locos cacharros' (1965), 'La carrera del siglo' (1965) y 'Chitty Chitty Bang Bang' (1968). Y también abundan los vehículos con vida propia en el cine más familiar, de la saga del Wolkswagen 'Herbie' a la animación de 'Cars', pasando por 'El coche fantástico' de la teleserie homónima, entre lo sublime y lo ridículo.

Un automóvil puede simbolizar el cambio de los tiempos: los que atropellan mortalmente a los cowboys de vieja estirpe en 'Los valientes andan solos' (1962) y 'La balada de  Cable Hogue' (1971). El cine de atracos no sería lo mismo sin el coche como elemento central, de los tiempos de la Gran Depresión con 'Bonnie y Clyde' (1967) al uso de los Austin Mini Cooper en 'Un trabajo en Italia' (1969). Coches trucados en piruetas imposibles los hay a patadas, en 'La carrera de la muerte del año 2000' (1975) o 'Mad Max' (1979). El coche y el autostop dieron pie a dos obras maestras fatalistas, 'Detour' (1945) y 'The Hitch-hiker' (1953). Un coche incluso puede dar título y sentido a todo un filme: 'Gran Torino' (2008), de Clint Eastwood.

Temas: Películas