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RETRATO DE LA SOCIEDAD ACTUAL

Un becario detective de novela negra en la Barcelona de hoy

'No cerramos en agosto', luminoso debut literario del periodista Eduard Palomares, huye de los clichés del género para retratar violencias cotidianas de la ciudad como los contratos precarios o los alquileres desorbitados

Anna Abella

Eduard Palomares, en una calle del centro de Barcelona, este caluroso julio. 

Eduard Palomares, en una calle del centro de Barcelona, este caluroso julio.  / XAVIER GONZÁLEZ

“El paro, los contratos de mierda, los alquileres por las nubes, la falta de oportunidades… ¡A nuestra generación nos toman por gilipollas!”, dice Jordi Viassolo, que a sus 25 años, y sin un duro en el bolsillo, entra de becario de verano en una agencia en detectives de la Barcelona actual, donde los ciudadanos conviven con el turismo masivo esquivando, o usando, patinetes y bicicletas. Es el protagonista de 'No cerramos en agosto' (Libros del Asteroide), el refrescante y luminoso debut literario del periodista Eduard Palomares (1980), quien despojando a la novela negra de sus estereotipos utiliza “un crimen como excusa para recorrer la ciudad en que vivimos y hablar de ella, para hacerla totalmente reconocible, y reflejar los problemas que tiene la gente joven y que son extensivos a todo el mundo”. 

Una concepción de narración policiaca que, con acertadas dosis de ironía, retrata la sociedad del momento, y que Palomares comparte con la novela negra mediterránea, con sus admirados Manuel Vázquez Montalbán, el recientemente fallecido Andrea Camilleri y el griego Petros Márkaris, alejándose del típico ‘thriller’ de misterio. Aunque la suya “no es una novela negra pura”, puntualiza, sino de “fusión”, con referentes que suenan por ejemplo a ‘Cuatro amigos’, de David Trueba, Nick Hornby o Irvine Welsh.

Huyendo de los clichés

'No cerramos en agosto' huye de los clichés del género. “No quería que el lector entrara en un ambiente depresivo, no hace falta recurrir a un asesino psicópata ni mostrarle la parte más tenebrosa de la sociedad porque en el día a día vivimos otras violencias e injusticias que nos afectan a todos”, constata el periodista de EL PERIÓDICO, en referencia a las preferentes, los desahucios, los contratos basura o la especulación inmobiliaria y la urbanística, que recuerda que ya aparecía en un ‘carvalho’: ‘El delantero centro fue asesinado al atardecer’, en la Barcelona de los 80 en el Poble Nou.

También se aleja del “típico detective o comisario de mediana edad, desencantado, que ya pasa de todo y que de repente tiene una iluminación brillante que resuelve el caso. Existen muchos protagonistas así –señala Palomares, confeso lector compulsivo del género-. Quien sí encaja un poco en esa figura es Recasens, un detective mayor, antisocial y pasado de moda de la agencia que ve cómo ha cambiado su oficio, que hoy es muy de grabaciones, minicámaras y nuevas tecnologías”. Como el famoso caso de espionaje de La Camarga, que cita tangencialmente en el libro. “Eso ejemplifica lo que significa hoy ser detective. Algunos de ellos me han contado que la profesión ha perdido todo romanticismo y que se pasan horas y horas en seguimientos, esperando dentro del coche a que alguien salga de un restaurante, y que lo que más investigan son infidelidades y encargos de empresarios para vigilar a sindicalistas, trabajadores que piden la baja laboral o a movimientos sociales”. Y, recuerda, muchos detectives se hacen pasar por periodistas para lograr información, “como el comisario Villarejo”.   

Nada más lejos de los tipos duros

Recasens tiene algo de mentor y Viassolo algo de discípulo y cuando este acepta sin permiso el caso de un cliente que llega en pleno agosto desesperado ante la desaparición de su mujer, “lo va guiando y orientando” pero dejando que se foguee solito. “Y Viassolo es un detective sin tabús, sin experiencia, algo ingenuo. No es un tipo duro como el Bogart que encarnaba al Philip Marlowe de [Raymond] Chandler o el de ‘El halcón maltés’ [de Dashiell Hammett]. Es un tipo como cualquiera de nosotros, que nos lo pensaremos dos veces antes de meternos en un callejón oscuro. Y en realidad, el protagonista no resuelve nada solo, sino que es casi una investigación colectiva”.   

Barcelona y Camarasa

La caleidoscópica Barcelona es un personaje más. Recorre Viassolo media ciudad, dejando entrever las desigualdades entre los barrios altos como Sarrià y los más humildes del Poble Sec, el Raval y, sobre todo, la Barceloneta, que homenajean tanto a Vázquez Montalbán y su Carvalho como al desaparecido Paco Camarasa, con un cameo del librero de la mítica Negra y Criminal, en la calle de la Sal, y “responsable de que la novela negra deje de ser considerada un género de segunda”. 

Cuando Palomares envió por ‘e-mail’ su propuesta de novela a diez editoriales en Libros del Asteroide debieron de sentir ese soplo de aire fresco para el género, pues en seguida le llamaron y en un mes ya había firmado el contrato. “Fue alucinante”, recuerda el escritor novel, que, con un buen puñado de ideas en la cabeza, admite que el becario Viassolo tiene camino por recorrer hasta perder algo de su inocencia.